«A los 17 tra­ba­ja­ba en un ban­co, el fút­bol me co­gió por sor­pre­sa»

El in­ter­na­cio­nal sui­zo lle­gó tras una lar­ga ne­go­cia­ción: «Tu­ve un buen pre­sen­ti­mien­to» «No soy len­to, en Ale­ma­nia aca­ba­ba cuar­to o quin­to en las prue­bas de es­print»

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Deportes - XURXO FER­NÁN­DEZ

Fabian Schär (Wil, Sui­za, 1991) do­mi­na tres idio­mas a los que pron­to es­pe­ra aña­dir el cas­te­llano. Pre­fie­re una en­tre­vis­ta en in­glés, aun­que ya en­tien­de ca­si to­do lo que le di­cen des­pués de me­nos de un mes es­tu­dian­do y dis­fru­tan­do de su nue­va eta­pa: «Me gus­ta la ciu­dad, y el equi­po; hay bue­na gen­te y un en­tre­na­dor que quie­re ju­gar bien al fút­bol».

—¿Có­mo aca­bó aquí?

—Me con­tac­ta­ron al prin­ci­pio del ve­rano y abri­mos una ne­go­cia­ción que du­ró va­rias se­ma­nas. No fue fá­cil con el Hof­fen­heim tam­po­co, pe­ro des­de el De­por­ti­vo me die­ron la im­pre­sión de es­tar real­men­te in­tere­sa­dos. Me lla­ma­ron con fre­cuen­cia y eso me ayu­dó a de­ci­dir­me, tu­ve un buen pre­sen­ti­mien­to con es­te equi­po.

—Su exe­qui­po ju­ga­rá la Cham­pions. ¿Es­tá dan­do un pa­so atrás?

—Ni por un se­gun­do he pen­sa­do que aban­do­na­ba un equi­po de Cham­pions pa­ra re­ca­lar en otro in­fe­rior. El Dé­por es un gran­de de la Li­ga, es un or­gu­llo es­tar aquí.

—Es­tu­vo a las ór­de­nes del ele­gi­do me­jor en­tre­na­dor de la Bun­des­li­ga. ¿Có­mo es Na­gels­mann?

—Un gran­dí­si­mo en­tre­na­dor, con mu­cho ta­len­to, sa­be mu­cho de fút­bol y con­si­gue que ca­da ju­ga­dor me­jo­re. Apren­dí mu­cho con él, pe­ro el úl­ti­mo año fue di­fí­cil pa­ra mí. No tu­ve la tem­po­ra­da que es­pe­ra­ba y sen­tí que era ne­ce­sa­rio abrir un nue­vo ca­pí­tu­lo de mi ca­rre­ra. Es mi opor­tu­ni­dad de em­pe­zar de ce­ro, aun­que lle­vo con­mi­go to­do lo apren­di­do.

—¿Qué pa­só el cur­so pa­sa­do?

—[Se en­co­ge de hom­bros] Es di­fí­cil de de­cir. Vol­ví de la Eu­ro­co­pa tras ha­cer­lo bien con Sui­za, te­nía va­rias ofer­tas pa­ra sa­lir, pe­ro el Hof­fen­heim de­ci­dió re­te­ner­me, y lue­go... No sé qué de­cir.

—Re­sul­tó ex­tra­ño. Era de los cen­tra­les de ma­yor pro­yec­ción.

—Pa­ra mí tam­bién fue muy di­fí­cil de en­ten­der, pe­ro lo cier­to es que el equi­po lo hi­zo muy bien y lle­ga­do cier­to pun­to era com­pli­ca­do que el en­tre­na­dor cam­bia­ra al­go en un on­ce ga­na­dor. En in­vierno me di cuen­ta de que ne­ce­si­ta­ba bus­car­me nue­vo equi­po.

—¿Qué su­po­ne cam­biar a Na­gels­mann por Mel?

—Ca­da en­tre­na­dor tie­ne su vi­sión de es­te jue­go, pe­ro lo im­por­tan­te pa­ra mí fue lo que Mel me trans­mi­tió so­bre el equi­po y su pro­pues­ta cuan­do ha­blé con él. Es­to es un po­co vol­ver a las raí­ces, pe­ro con­fío en esa idea.

—¿Por qué es fut­bo­lis­ta?

—Mi ca­rre­ra fue di­fe­ren­te a la de la ma­yo­ría. A los 17 años na­die pen­sa­ba que yo pu­die­ra ser fut­bo­lis­ta pro­fe­sio­nal. Es­ta­ba tra­ba­jan­do en un ban­co y el fút­bol me co­gió un po­co por sor­pre­sa. A esa edad era po­co más que una afi­ción. Em­pe­cé a to­már­me­lo en se­rio a los 18 o 19, bas­tan­te más tar­de de lo nor­mal. La for­ma de lle­gar a es­to me ayu­dó, me sir­vió pa­ra co­no­cer otras reali­da­des aje­nas a es­te mun­do y aho­ra me sien­to aún más fe­liz por te­ner la po­si­bi­li­dad de de­di­car­me a al­go que me gus­ta. De re­pen­te em­pe­cé a me­jo­rar real­men­te rá­pi­do, y de ver­dad que no po­dría de­cir có­mo. Ju­ga­ba pa­ra un club de Se­gun­da, se­mi­pro­fe­sio­nal, en un país tan pe­que­ño co­mo Sui­za. El Ba­si­lea se fi­jó en mí y en­se­gui­da es­ta­ba que­man­do eta­pas. A los po­cos me­ses era fi­jo en el on­ce y dispu­taba la Cham­pions.

—Esa pro­gre­sión se fre­nó.

—Des­pués lle­ga­ron los mo­men­tos di­fí­ci­les, sí. El cur­so pa­sa­do vi la otra ca­ra del fút­bol. Aho­ra bus­co re­en­con­trar­me con la bue­na.

—¿Có­mo vi­ve los re­ve­ses?

—Le doy mu­chas vuel­tas a lo que me pa­sa. Mu­chí­si­mas. Eso lo hi­zo to­do más di­fí­cil. Pa­sé mo­men­tos real­men­te du­ros. En­tré en un círcu­lo de ne­ga­ti­vi­dad que me hi­zo du­dar de to­do, del fút­bol y de mu­chas co­sas más. Has­ta que de­ci­dí cen­trar­me en el cam­bio y en­fo­car­me en es­tar lis­to pa­ra cuan­do la opor­tu­ni­dad apa­re­cie­ra. Du­ran­te to­do ese tiem­po apren­dí un mon­tón so­bre mí mis­mo, creo que se­rá una ex­pe­rien­cia po­si­ti­va pa­ra el fu­tu­ro.

—Pa­ra su se­lec­cio­na­dor si­guió sien­do in­dis­cu­ti­ble. ¿Eso re­sul­tó de ayu­da?

—El se­lec­cio­na­dor ha­bló mu­chí­si­mo con­mi­go en aque­lla épo­ca tan du­ra. Me dio con­fian­za y eso se no­tó en ca­da par­ti­do que ju­gué con Sui­za. Le es­toy muy agra­de­ci­do, me sien­to en deu­da con él. Hay ju­ga­do­res que no ne­ce­si­tan sen­tir el apo­yo del téc­ni­co ni ha­blar con él. A mí sí me ha­ce fal­ta.

—Tie­nen el Mun­dial muy a ti­ro.

—Lo es­ta­mos ha­cien­do bien, pe­ro aho­ra vie­nen en­cuen­tros cla­ve. De to­das for­mas, mi ca­be­za es­tá en el De­por­ti­vo, ya ha­brá tiem­po pa­ra pen­sar en Sui­za. Schär tie­ne mu­chas op­cio­nes de em­pe­zar la tem­po­ra­da co­mo ti­tu­lar a la de­re­cha del eje de la za­ga, una de las pla­zas más con­cu­rri­da.

—Hay cua­tro cen­tra­les dies­tros en el plantel, to­dos ha­bi­tua­dos a ju­gar. La lu­cha va a es­tar re­ñi­da.

—Nin­guno so­mos ya no­va­tos en es­to. Va a ser una du­ra com­pe­ten­cia por ca­da pues­to por­que to­dos que­rre­mos ha­cer­nos con un si­tio. No se lo va­mos a po­ner fá­cil al en­tre­na­dor.

—La ima­gen de los úl­ti­mos par­ti­dos no ha si­do bue­na.

—Nos van a ve­nir bien es­tas dos se­ma­nas pa­ra in­ten­tar tras­la­dar al cam­po lo que ya lo­gra­mos en los en­tre­na­mien­tos. Ga­nar en con­fian­za. Aquí con­se­gui­mos ha­cer ese jue­go que pi­de el mís­ter, sa­car la pe­lo­ta des­de atrás, aho­ra te­ne­mos que cre­cer en con­fian­za y lle­var­lo a los par­ti­dos. Lo mis­mo en ata­que, ne­ce­si­ta­mos ge­ne­rar más opor­tu­ni­da­des.

—El mís­ter in­sis­te en sa­lir des­de atrás evi­tan­do el des­pla­za­mien­to en lar­go y esa es una de sus vir­tu­des. Otra es­tá en las ac­cio­nes de es­tra­te­gia, que ya die­ron ré­di­tos al De­por­ti­vo el cur­so pa­sa­do an­te la fal­ta de gol.

—Es cier­to que esa es una de mis for­ta­le­zas, y aquí tra­ba­ja­mos bas­tan­te esa suer­te, pe­ro aho­ra mis­mo no sien­to que el gol sea lo más im­por­tan­te. A es­tas al­tu­ras aún hay otras co­sas que so­lu­cio­nar an­tes que esa.

—En el otro la­do, el de los as­pec­tos a pu­lir, es­tá su fal­ta de ve­lo­ci­dad. No es un cen­tral rá­pi­do.

—¿Eso quién lo di­ce?

—Se ha vis­to en al­gún par­ti­do, y es un fac­tor re­cu­rren­te en los aná­li­sis de sus vir­tu­des y de­fec­tos.

—Ya. Pues no es cier­to. Es al­go que lle­vo es­cu­chan­do bue­na par­te de mi ca­rre­ra, pe­ro no hay un da­to que lo de­mues­tre. En Ale­ma­nia aca­ba­ba siem­pre cuar­to o quin­to en las prue­bas de es­print. No ten­go nin­gún pro­ble­ma en eso, ahí es­tán los test. Qui­zá no ten­ga pin­ta de ser un ti­po rá­pi­do, pe­ro des­de lue­go no soy len­to.

—¿Qué se­ña­la­ría en­ton­ces co­mo su prin­ci­pal re­to per­so­nal?

—Mi ma­yor re­to aho­ra mis­mo es de in­te­gra­ción. En el equi­po y en una nue­va com­pe­ti­ción. Co­no­cer me­jor a mis com­pa­ñe­ros y el jue­go. Ese es.

GON­ZA­LO BA­RRAL

Schär con­fía en que el equi­po lo­gre tras­la­dar al cam­po lo apren­di­do en los en­tre­na­mien­tos.

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