Bolt ba­ja a la Tie­rra el úl­ti­mo día

La Voz de Galicia (Barbanza) - - De­por­tes - X. R. CAS­TRO

Pro­me­tió que no pa­sa­ría, pe­ro ocu­rrió. Bolt ba­jó a la Tie­rra el úl­ti­mo día pa­ra per­der su úni­ca gran fi­nal des­pués de una dé­ca­da me­mo­ra­ble. Ga­nó Gatlin, cin­co años ma­yor que él, y que arras­tra pa­ra siem­pre la som­bra del do­pa­je a sus es­pal­das. Lo hi­zo con una mar­ca de 9,92 se­gun­dos, tres cen­té­si­mas me­nos que el plus­mar­quis­ta. Tam­bién le su­peró Co­le­man, el jo­ven de 21 años que pro­me­te. Pe­ro in­clu­so en la de­rro­ta, con un bron­ce me­nor al cue­llo, Usain se marcha co­mo el más gran­de. La úl­ti­ma pá­gi­na no pue­de em­bo­rro­nar una his­to­ria des­lum­bran­te. Car­ga­da de éxi­tos y de mar­cas so­bre­hu­ma­nas. Ese es su le­ga­do, aho­ra que es­tá a pun­to de con­ver­tir­se en le­yen­da.

Bolt per­dió por­que sus pier­nas se vol­vie­ron hu­ma­nas en los úl­ti­mos años. No fue por la sa­li­da, siem­pre ma­la a lo lar­go de su vi­da de­por­ti­va. Tam­po­co por los ta­cos que le in­co­mo­da­ron en las se­ries del vier­nes y que co­lo­có con mi­mo en su úl­ti­ma no­che co­mo so­lis­ta. Le fa­lló man­te­ner su in­creí­ble ace­le­ra­ción en el mo­men­to que se de­ci­den las ca­rre­ras. Ese era el se­cre­to de Bolt. El mé­to­do in­fa­li­ble con el que co­lec­cio­nó triun­fos y tro­feos que di­fí­cil­men­te ca­brían en una na­ve in­dus­trial. El cam­bio del que ayer ca­re­ció ante los dos ame­ri­ca­nos.

El Re­lám­pa­go se va por­que con­si­de­ra que se ha he­cho ma­yor con 30 años, pe­ro, cu­rio­sa­men­te, el nue­vo cam­peón le sa­ca cin­co. Gatlin ha sa­bi­do es­pe­rar su opor­tu­ni­dad. De vuel­ta de la san­ción de do­pa­je, lle­va­ba tiem­po desafian­do al rey, y en es­ta oca­sión, ta­pa­do y a la som­bra de Co­le­man, con­su­mó su ven­gan­za. Co­rrió co­mo nun­ca. Con una bue­na sa­li­da, una ace­le­ra­ción acor­de a su ni­vel y pe­gó un cam­bio de­fi­ni­ti­vo por la ca­lle ex­te­rior cuan­do Bolt y Co­le­man se mi­ra­ban de reojo en su en­cuen­tro ha­cia la me­ta. Jus­tin fue el pri­me­ro en sa­ber­se ga­na­dor mien­tras Co­le­man ca­si lo ce­le­bra­ba y Usain ru­mia­ba su úni­ca de­rro­ta.

Fue un mo­men­to. El es­ta­dio se pu­so en pie pa­ra ova­cio­nar al per­de­dor y abu­chear al ga­na­dor. Gatlin man­dó ca­llar, pe­ro en­se­gui­da se arro­di­lló ante Bolt. El ame­ri­cano fue el pri­me­ro en en­ten­der que el hom­bre al que aca­ba­ba de ven­cer ya se ha­bía con­ver­ti­do en per­so­na­je de cul­to.

Pe­se a la de­rro­ta, el es­ta­dio rin­dió to­dos los ho­no­res al per­de­dor y abu­cheó al ga­na­dor

PHIL NO­BLE REUTERS

Jus­tin Gatlin re­ve­ren­cia a Usain Bolt des­pués de ha­ber­le de­rro­ta­do en la fi­nal de ayer.

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