«Ser tan fe­liz co­mo lo fui en Co­ru­ña no es fá­cil, pe­ro es­ta es mi ca­sa»

Se­ma­nas des­pués de de­cir adiós, el Po­ro­to re­cuer­da su paso por el Dé­por y su re­gre­so a Ri­ver

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Deportes - ALE­XAN­DRE CEN­TENO

Trans­cu­rría el ve­rano del 2011, el Dé­por ha­bía ba­ja­do a Se­gun­da tras vein­te años en Pri­me­ra, y Ger­mán Lux vio en A Co­ru­ña un nue­vo re­to pro­fe­sio­nal. Se es­pe­cu­la­ba con la mar­cha de Aran­zu­bía y él es­ta­ba lla­ma­do a ser el me­ta so­bre el que ci­men­tar el Dé­por que que­ría re­gre­sar a Pri­me­ra. Pe­ro el rio­jano no se fue y Lux aca­bó sien­do un su­plen­te de lu­jo. Hu­bo as­cen­so y re­no­va­ción. Aran­zu­bía si­guió y el equi­po vol­vió a Se­gun­da. Y ahí, con un club su­mi­do en un fu­tu­ro in­cier­to, el de Car­ca­ra­ñá hi­zo su gran apues­ta, que­dán­do­se y em­pe­zan­do a la­brar­se una le­yen­da de sen­ti­mien­to blan­quia­zul que lo acom­pa­ñó has­ta sus úl­ti­mos días. Pe­ro to­do se aca­ba y aho­ra, tras su­pe­rar el pa­lo de no se­guir, afron­ta una nue­va eta­pa, con di­fe­ren­tes me­tas e ilu­sio­nes, en su ca­sa: Ri­ver.

—Ima­gino que con el chip ya cam­bia­do del Dé­por a Ri­ver.

—To­tal­men­te men­ta­li­za­do. El chip lo cam­bié en el mo­men­to en que es­tan­do de va­ca­cio­nes en Car­ca­ra­ñá me lla­mó Mar­ce­lo (Ga­llar­do) y me pre­gun­tó si que­ría vol­ver a Ri­ver. No lo du­dé. Pa­ra mi fa­mi­lia y pa­ra mí es un cam­bio im­por­tan­te. Lle­vá­ba­mos diez años en Eu­ro­pa, y muy a gus­to. Pe­ro so­mos ar­gen­ti­nos, y nues­tra fa­mi­lia y nues­tra san­gre pe­san mu­cho. En cuan­to a lo de­por­ti­vo, pe­só el vol­ver a cum­plir el sue­ño de ni­ño: ju­gar en Ri­ver. Lo cum­plí ha­ce años y lo re­pi­to aho­ra.

—No es ha­bi­tual con 35 años fi­char por uno de los prin­ci­pa­les clu­bes a ni­vel mun­dial.

—Es­tá cla­ro que in­flu­ye mu­cho que soy ar­que­ro, y nues­tra ca­rre­ra es un po­co más lar­ga que la del res­to de com­pa­ñe­ros. Pe­ro no voy a ocul­tar que tam­bién in­flu­ye que me en­cuen­tro bien. Creo que en el Dé­por de­mos­tré que to­da­vía ten­go cuer­da y por eso me fi­chó Ri­ver

—¿Có­mo es ese mo­men­to en el que uno le di­ce a su fa­mi­lia que hay que ha­cer las ma­le­tas de nue­vo?

—Tie­ne su gra­do de di­fi­cul­tad. Al prin­ci­pio, cues­ta asi­mi­lar­lo. Mi mu­jer, por ejem­plo, te­nía su es­truc­tu­ra ar­ma­da en A Co­ru­ña. Y es­ta­ba muy fe­liz. Pe­ro sa­bía que me res­pal­da­ría. Des­de el día que le di­je que nos íba­mos pa­ra Ma­llor­ca siem­pre me acom­pa­ñó. En es­te ca­so, igual. Ella me pre­gun­ta qué es lo que yo quie­ro y si voy a ser fe­liz. Y ahí me si­gue. Con los ni­ños es más sen­ci­llo, por­que se adap­tan me­jor.

—¿Tie­ne la sen­sa­ción de que fue­ra del Dé­por es­tá más va­lo­ra­do que den­tro?

—No ten­go nin­gu­na que­ja del De­por­ti­vo. Los años que he es­ta­do ahí, me han tra­ta­do muy bien. Lo que es­tá cla­ro es que pa­ra que pu­die­ra con­ti­nuar te­nía­mos que es­tar de acuer­do las dos par­tes. No fue así. El Dé­por to­mó la de­ci­sión de no re­no­var­me y pun­to. Ahí me tu­ve que bus­car otras al­ter­na­ti­vas.

—Da­ba la sen­sa­ción de que es­pe­ra­ba que hu­bie­ran ha­bla­do an­tes con us­ted.

—No me di­je­ron na­da. Es cier­to. Pe­ro se en­ten­día ya un po­co. Calcu­lo que me hu­bie­ra gus­ta­do más que hu­bie­ra ha­bi­do la con­fian­za de ser más di­rec­tos y cla­ros, co­mo años an­te­rio­res. Es­ta vez no fue así, pe­ro creo que, en par­te, por­que en el club no te­nían tan cla­ro lo que desea­ban. De he­cho, ahí es­tá que to­da­vía no hay sus­ti­tu­to pa­ra mí. De to­dos mo­dos, dos más dos ca­si siem­pre son cua­tro. Uno tie­ne ex­pe­rien­cia y sa­be que si cuen­tan con­ti­go, no van a dar­te opor­tu­ni­dad de que pa­se el tiem­po y te com­pro­me­tas con otro. Así que, lo di­cho, na­da que re­pro­char a na­die.

—Pe­ro le hu­bie­ra gus­ta­do que­dar­se.

—Cla­ro que sí, por­que en Co­ru­ña mi fa­mi­lia he­mos si­do muy fe­li­ces. Ser tan fe­liz co­mo lo fui en Co­ru­ña no es fá­cil, pe­ro ven­go a mi ca­sa. Es­ta es mi ca­sa y aquí ten­go al res­to de mi fa­mi­lia. Y nue­vos re­tos. No hay na­da eterno en la vi­da. Cuan­do lle­gué ahí no pen­sé que fue­ra a es­tar tan­to tiem­po y al fi­nal se me hi­zo cor­to. Pe­ro ten­go un hi­jo co­ru­ñés y de­jo mu­chos ami­gos. Des­de ya, el Dé­por tie­ne a to­da mi fa­mi­lia apo­yán­do­lo des­de la dis­tan­cia.

—¿Se ima­gi­na re­gre­sar en al­gún Te­re­sa He­rre­ra?

—Hoy, la ver­dad, es que no me ima­gino vol­ver. Por­que es­toy men­ta­li­za­do con el re­gre­so aquí, lu­char por un pues­to y con eso ya me lle­ga. A par­tir de ahí, to­ca avan­zar.

DIE­GO HALIASZ PREN­SA RI­VER

Ger­mán Lux rea­li­za una pa­ra­da du­ran­te un en­tre­na­mien­to con el Ri­ver.

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