Sus pa­dres, su her­ma­na, ella y yo

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Al Sol - ISAAC PEDROUZO

Exis­ten cier­tas ver­da­des que to­do el mun­do tie­ne cla­ras sin la ne­ce­si­dad de que nin­gún pa­pel con se­llo ofi­cial lo im­pon­ga. Los res­tau­ran­tes cuan­to más cu­tres y lle­nos de ca­mio­ne­ros son me­jo­res. Los ba­res noc­tur­nos don­de el al­cohol te sen­ta­rá me­nos mal son los que, sin es­tar vacíos del to­do, tie­nen me­nos gen­te. No os en­ga­ñéis: el ga­rra­fón no exis­te, os lo di­ce un ex­per­to de abra­zar ta­zas de la­va­bos.

En mi ca­so la úni­ca ver­dad que se cum­ple siem­pre sin dis­cu­sión es gus­tar­le a la per­so­na equi­vo­ca­da. Yo tam­bién lle­gué diez años tar­de a la vi­da.

Mi me­jor ami­ga Inés lo era por­que en reali­dad yo que­ría ser su no­vio, así que fui ca­mu­flan­do en amis­tad to­dos los ca­fés y re­ga­los du­ran­te mu­chos me­ses muy lar­gos.

Ter­mi­na­do el ins­ti­tu­to aquel año, me in­vi­tó a pa­sar unos días en la ca­ra­va­na que su fa­mi­lia te­nía en un cám­ping per­di­do de al­gu­na ciu­dad cos­te­ra de la que ol­vi­dé el nom­bre. Sus pa­dres, su her­ma­na, ella y yo. Tras su­pe­rar el via­je eterno sin ai­re acon­di­cio­na­do y un ce­dé de Ro­sa­na en bu­cle que con­si­guió que has­ta en­con­tra­se atrac­ti­vo aquel hit A fue­go len­to, lle­ga­ba la par­te más du­ra, en­fren­tar­me al re­en­cuen­tro con la pla­ya. Una es­pe­cie de ar­chi­ene­mi­go per­so­nal.

Pa­ra no per­der la cos­tum­bre de ha­cer el ri­dícu­lo tra­té de ser el ma­chi­to, evi­té la pro­tec­ción so­lar y ce­dí go­rra, som­bri­lla —y cual­quier co­sa que me pi­die­se— a Inés en lo que yo creía un ac­to de gen­ti­le­za. En reali­dad era un com­por­ta­mien­to de ma­chis­ta in­ma­du­ro.

Su­ce­dió lo de siem­pre. Me que­mé to­do el cuer­po en me­nos de un par de ho­ras y me vol­ví yo so­lo a la ca­ra­va­na en bus­ca de cre­ma hi­dra­tan­te. La ma­dre de mi ami­ga se ofre­ció a es­par­cír­me­la por la es­pal­da con cui­da­do mien­tras tra­ta­ba de dis­traer­me bo­ca aba­jo en el so­fá pa­ra ol­vi­da el pi­cor. Las ma­nos de la se­ño­ra ba­ja­ron po­co a po­co has­ta lo que ya no es la es­pal­da, has­ta esa zo­na que ya cu­bre el ba­ña­dor y que no se ha­bía que­ma­do. Me le­van­té brus­co y la evi­té has­ta la ho­ra de la ce­na.

Por la no­che me sen­té al la­do de la her­ma­na ma­yor de Inés que en­tre bo­ca­do y bo­ca­do de sal­pi­cón me po­nía la mano en la ro­di­lla y apre­ta­ba de un mo­do le­ve. Con pla­cer.

Va­lo­ré sen­tar­me al la­do del pa­dre. Un ries­go de­ma­sia­do pe­li­gro­so. Aguan­té. Inés me be­só 2 años más tar­de.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.