En el 2018 ha­brá un nue­vo no­men­clá­tor con más en­ti­da­des de población

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Galicia -

Si to­do dis­cu­rre se­gún lo pre­vis­to, an­tes de que ter­mi­ne el 2018 Ga­li­cia ha­brá re­pa­sa­do, co­rre­gi­do y au­men­ta­do su to­po­ni­mia ofi­cial y la Xun­ta da­rá luz ver­de a un nue­vo no­men­clá­tor. Se­rán más las en­ti­da­des de población que se con­tem­pla­rán, has­ta lle­gar a las 39.000. Por­que en el país más en­ve­je­ci­do de Europa, en el que la población va a la ba­ja, si­guen apa­re­cien­do al­deas. Aho­ra se lla­man ur­ba­ni­za­ción. Y ahí es­tá otra lu­cha. La de con­se­guir que esos nue­vos asen­ta­mien­tos con­ser­ven los nom­bres tra­di­cio­nes. Y que las calles se lla­men Ame­nei­ro, o A Cos­ta Gran­de, o Pe­dri­do. Y que la lis­ta de los dos mi­llo­nes no si­ga diez­mán­do­se.

Por­que los to­pó­ni­mos fue­ron apa­re­cien­do po­co a po­co en un te­rri­to­rio que ya es­ta­ba ha­bi­tan­do an­tes de la lle­ga­da de la ro­ma­ni­za­ción. De ha­ce más de dos mil años son al­gu­nos de los nom­bres que hoy se con­ser­van. Otros ha­cen re­fe­ren­cia a la oro­gra­fía vo­lu­ble, sua­ve y re­don­da de Ga­li­cia. O a la ac­ti­vi­dad que allí se ejer­cía. ¿Por qué tan­tos? Por­que en el ADN ga­lle­go, en­tre la tia­mi­na y la ci­to­si­na, es­tá el mi­ni­fun­dis­mo. Y ese ape­go a la tie­rra que obli­ga a par­tir­la, a re­par­tir­la y a di­fe­ren­ciar­la con un nombre.

Veinte años sin trans­mi­tir­los

La pregunta que es­tá en el ai­re no es ya por qué tan­tos, sino por qué me­nos. La res­pues­ta no es com­pli­ca­da. Por­que los nom­bres no se trans­mi­ten. Por­que ha­ce veinte años co­men­zó la frac­tu­ra. Los hi­jos ya no asían el ara­do y no te­nían que lo­ca­li­zar su pe­da­zo de tie­rra. Emi­gra­ron a la ciu­dad. Se va­cia­ron las al­deas y en ese si­len­cio se ca­lla­ron tam­bién los nom­bres. O lle­ga­ba la con­cen­tra­ción par­ce­la­ria. Y las ex­ca­va­do­ras. Y se abrían nuevas calles. O se as­fal­ta­ba la nueva au­to­vía y ba­jo el al­qui­trán que­da­ban se­pul­ta­dos pa­ra siem­pre los mi­cro­to­pó­ni­mos que, si no se re­co­gen, no vuel­ven a uti­li­zar­se.

El fu­tu­ro, de no ha­cer na­da, y de no ha­cer­lo rá­pi­do, es ne­gro. Por­que en diez años pue­den des­apa­re­cer la mitad de los mi­cro­to­pó­ni­mos que ha­cen de Ga­li­cia un te­rri­to­rio úni­co. Pa­ra de­te­ner el avan­ce del si­len­cio per­pe­tuo, ade­más de una apli­ca­ción co­la­bo­ra­ti­va y de un no­men­clá­tor ac­tua­li­za­do, los res­pon­sa­bles del pro­yec­to de to­po­ni­mia tam­bién re­no­va­rán su por­tal. Y ya se ha pues­to en mar­cha un pro­yec­to eu­ro­peo que abar­ca la eu­ro­rre­gión Ga­li­cia y nor­te de Por­tu­gal: GeoAr­pad tie­ne una fi­nan­cia­ción de 230.000 eu­ros pa­ra co­no­cer, con­ser­var y uti­li­zar ese gran pa­tri­mo­nio in­ma­te­rial.

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