El di­ván de Pe­pe Mel

El téc­ni­co apro­ve­cha la con­cen­tra­ción de Vi­lal­ba pa­ra re­unir­se con al­gu­nos ju­ga­do­res del Dé­por a tí­tu­lo par­ti­cu­lar, y pa­ra man­te­ner en­cuen­tros por lí­neas

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Deportes - ALE­XAN­DRE CEN­TENO

Lle­gó al De­por­ti­vo en una si­tua­ción com­pli­ca­da, con la im­pe­rio­sa ne­ce­si­dad de su­mar pun­tos más allá de otras cues­tio­nes. Por eso, se anudó fuerte las bo­tas y no de­jó lu­gar a otra cosa que no fue­ra el si­guien­te en­cuen­tro.

Aho­ra, con una tem­po­ra­da que ini­cia de cero, Pe­pe Mel in­sis­te una y otra vez en la im­por­tan­cia de crear gru­po, del diá­lo­go, del com­pa­ñe­ris­mo y, en de­fi­ni­ti­va, de la co­mu­ni­ca­ción. Y así es­tá ha­cien­do en Vi­lal­ba. El en­tre­na­dor es­tá fian­do es­ta con­cen­tra­ción en la ca­pi­tal da Te­rra Chá a la te­ra­pia in­di­vi­dual y de gru­po. En el At­ti­ca 21 ha es­ta­ble­ci­do su par­ti­cu­lar di­ván por el que van pa­san­do sus ju­ga­do­res: unos de for­ma in­di­vi­dual, otros gru­pal.

No es que con an­te­rio­ri­dad no hu­bie­ra ha­bla­do con sus fut­bo­lis­tas. Es fre­cuen­te ver al ma­dri­le­ño con­ver­san­do uno a uno con sus hom­bres ca­da día ca­mino del ves­tua­rio. Pe­ro, den­tro de esa es­tra­te­gia de es­tre­char la­zos, en Vi­lal­ba es­tá ha­cien­do es­pe­cial hin­ca­pié en es­ta labor de preo­cu­par­se por el am­bien­te, de ver qué sen­sa­cio­nes tie­nen sus dis­cí­pu­los y de trans­mi­tir­les lo que es­pe­ra de ca­da uno de ca­ra a la tem­po­ra­da que co­men­za­rá el día 20 fren­te al Real Ma­drid.

De es­ta for­ma, es­tá reunien­do lí­nea por lí­nea a los ju­ga­do­res en torno a un se­sión de ví­deo en la que des­ta­car ac­cio­nes bien y mal he­chas: «Por ejem­plo, con la de­fen­sa. Les he pues­to ví­deos de ac­cio­nes rea­li­za­das por un equi­po la pa­sa­da tem­po­ra­da en las que la mis­ma si­tua­ción se desa­rro­lla­ba con acier­to y en es­ta pre­tem­po­ra­da se ha­cía de for­ma erró­nea. Có­mo hay que es­tar en­ci­ma a un ju­ga­dor an­tes de cen­trar o có­mo es mejor es­pe­rar­lo en al­gu­nas oca­sio­nes... No soy par­ti­da­rio de lar­gas se­sio­nes de ví­deo por­que sí, pe­ro de ma­ne­ra se­lec- cio­na­da y con un fín sí que creo que pue­de ser po­si­ti­vo», des­ta­ca el en­tre­na­dor de­por­ti­vis­ta.

Tam­bién estos en­fo­ques los apro­ve­cha pa­ra los con­tex­tos in­di­vi­dua­les. «Creo mu­cho en el re­fuer­zo po­si­ti­vo. Un ejem­plo, si a Ço­lak le pido una ac­ti­tud sin ba­lón y que ha­ga de­ter­mi­na­dos mo­vi­mien­tos y veo que en un par­ti­do los ha rea­li­za­do, qué mejor ma­ne­ra de es­ti­mu­lar­lo que ha­blan­do con él y en­se­ñán­do­le lo que ha he­cho y ha­cién­do­le ver que lo pue­de ha­cer per­fec­ta­men­te. Si te­ne­mos eso, qué mejor que en­se­ñár­se­lo y no po­ner­le ví­deos de ve­ces que lo ha­ce mal», sub­ra­ya con en­tu­sias­mo.

Pe­ro esas reunio­nes in­di­vi­dua­les van más allá de as­pec­tos pu­ra­men­te fut­bo­lís­ti­cos. Es el ca­so de Pedro Mos­que­ra, del que quie­re que sea su ex­ten­sión en el cam­po. La ad­ju­di­ca­ción de la ca­pi­ta­nía al co­ru­ñés va más allá de una de­ci­sión de gru­po. Mel lo ve co­mo ese hom­bre que pue­de aglu­ti­nar el sen­ti­mien­to y pa­re­cer de la plan­ti­lla, cuer­po téc­ni­co y afi­ción. Mel quie­re un ca­pi­tán con ga­lo­nes. Fuerte. Y así se lo ha he­cho ver al pro­pio ju­ga­dor.

En la ca­be­za es­tá par­te del éxi­to. La ca­be­za y la unión. De ahí que el téc­ni­co quie­ra fo­men­tar las reunio­nes de gru­po: co­mi­das, ce­nas, al­gu­na sa­li­da noc­tur­na... Y de ahí que ha­ya re­cu­rri­do a la repu­tada psi­có­lo­ga, Patricia Ra­mí­rez, pa­ra que reali­ce un par de se­sio­nes (la pri­me­ra tu­vo lu­gar el mar­tes) en Vi­lal­ba. Es­ta es­pe­cia­lis­ta en tra­to con de­por­tis­tas de éli­te se ha in­te­gra­do en la con­cen­tra­ción co­mo uno más. Com­par­te ho­ras de asue­to con los ju­ga­do­res y les es­tá trans­mi­tien­do ese es­pí­ri­tu de gru­po, de fa­mi­lia, que Mel ob­ser­va en otros clu­bes y que quie­re ins­tau­rar en su Dé­por.

Y en­tre char­la y char­la se va con­su­mien­do una con­cen­tra­ción en Vi­lal­ba con un di­ván, el de Pe­pe Mel, co­mo gran pro­ta­go­nis­ta.

AL­BER­TO LÓPEZ

Des­pués de los en­tre­na­mien­tos, Mel se reúne con los ju­ga­do­res en el ho­tel de con­cen­tra­ción.

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