«La Cos­ta da Mor­te es co­mo un gran bo­te­llón de ins­pi­ra­ción y crea­ti­vi­dad»

De la Ro­sa pa­sa bue­na par­te de sus ve­ra­nos en La­xe, aun­que di­ce ser un enamo­ra­do de to­da la co­mar­ca

La Voz de Galicia (Carballo) - Carballo local - - A REMOJO - MAR­TA LÓ­PEZ

Se­vi­llano de na­ci­mien­to, ma­dri­le­ño de adop­ción y ga­lle­go por fa­mi­lia po­lí­ti­ca. El ar­tis­ta grá­fi­co Ja­vier de la Ro­sa pa­sa sus ve­ra­nos y fi­nes de se­ma­na en la lo­ca­li­dad de La­xe, de don­de es la fa­mi­lia de su pa­re­ja Al­ba.

Con su es­tu­dio de ilustración, que fun­dó ha­ce 20 años en Madrid —pa­ra más tar­de tras­la­dar a Ga­li­cia— tra­ba­jó pa­ra dis­co­grá­fi­cas co­mo War­ner en el di­se­ño grá­fi­co de ál­bu­mes pa­ra ar­tis­tas co­mo En­ri­que Mo­ren­te, Ma­ca­co o Ke­ta­ma. Tras la cri­sis de la in­dus­tria mu­si­cal, pa­só a cen­trar­se más en el tra­ba­jo de au­tor. Con un sim­ple car­tón lo­gra­ba ori­gi­na­les tra­ba­jos de ilustración que des­pués pu­bli­ca­ba en re­vis­tas o pe­rió­di­cos. Tam­bién co­no­ci­das se­ries de te­le­vi­sión co­mo Big Bang Theory, Sons of Anarchy o CSI Mia­mi con­ta­ron con sus obras de ar­te, que for­ma­ban par­te de sus de­co­ra­dos.

—¿Co­mo vi­si­tan­te ha­bi­tual, qué es lo que más dis­fru­ta de es­ta zo­na?

—En un prin­ci­pio, cuan­do me mu­dé, me im­pac­tó mu­cho la gran di­fe­ren­cia que exis­te con el mar del sur. Di­ga­mos que el mar de Cá­diz se­ría co­mo un pe­rro, cal­mo y apa­ci­ble, con el que se pue­de ju­gar; mien­tras que el mar de la Cos­ta da Mor­te es co­mo un ga­to, más bra­vo e im­pre­de­ci­ble, pe­ro vi­sual­men­te muy atrac­ti­vo. Has­ta el pro­pio tí­tu­lo que le da­mos, «Cos­ta da Mor­te», pa­re­ce el nom­bre de una ban­da de rock.

—Pa­ra un se­vi­llano qui­zá sea un gran cam­bio.

—No voy a men­tir. En un prin­ci­pio me cos­tó acos­tum­brar­me al te­ma del sol. Por allí sa­be­mos que en ve­rano, por lo ge­ne­ral, siem­pre ha­rá bueno; aquí eso no se sa­be. Aho­ra me sien­to al­go así co­mo un re­fu­gia­do cli­má­ti­co; pe­ro me gus­ta mu­cho el cam­bio, sin du­da.

—Lo que tie­ne de im­pre­de­ci­ble tam­bién lo tie­ne de in­tere­san­te.

—Es co­mo la vi­da mis­ma, uno nun­ca sa­be lo que le de­pa­ra­rá el día. Si llo­ve­rá o ha­rá sol; si ha­rá frío o ca­lor...

—¿Hay al­gún lu­gar que le enamo­re es­pe­cial­men­te?

—Me en­can­ta la pe­que­ña Praia dos Cris­tais de La­xe. Pe­ro, so­bre to­do, si con­ti­núas ca­mi­nan­do un po­co, te en­cuen­tras con la Fur­na da Es­pu­ma. Cuan­do el mar ba­te muy fuer­te se con­vier­te eso en una gran la­va­do­ra de es­pu­ma blan­ca y ama­ri­lla. Es alu­ci­nan­te.

—¿Co­mo fue su pri­me­ra vi­si­ta a la Cos­ta da Mor­te? ¿La re­cuer­da?

—Por su­pues­to. La pri­me­ra vez que vi La­xe me im­pac­tó mu­chí­si­mo el co­lor blan­co im­po­lu­to de su are­na. Unos años an­tes ya ha­bía es­ta­do por la zo­na por el te­ma del Pres­ti­ge.

—¿Fue us­ted vo­lun­ta­rio?

—Si, re­co­gí cha­pa­po­te en aque­lla épo­ca; aun­que en ese mo­men­to no eres cons­cien­te de dón­de es­tás, sino de lo que ha­ces.

—La que se vio esos días es sin du­da una ima­gen di­fí­cil de ol­vi­dar.

—Pa­ra mí fue co­mo cuan­do ves un lien­zo muy blan­co y pre­cio­so y un mal pin­tor lo des­tro­za con lo que pin­ta. Tu­ve esa sen­sa­ción. Pe­ro, al mis­mo tiem­po, me que­dó buen cuer­po al ver la gran so­li­da­ri­dad que la gen­te mos­tró en ese mo­men­to, pa­ra re­cu­pe­rar ese lien­zo blan­co her­mo­so.

—¿Con­tem­pla la Cos­ta da Mor­te co­mo una fuen­te de ins­pi­ra­ción?

—Des­de lue­go, y no so­lo pa­ra mí, sino pa­ra cual­quier ar­tis­ta; aun­que yo no soy mu­cho de ex­pre­sar lo que veo, sino que re­co­jo pe­que­ños re­ga­los que me de­ja la na­tu­ra­le­za pa­ra mis pro­yec­tos. La Cos­ta da Mor­te es co­mo un gran bo­te­llón de ins­pi­ra­ción y crea­ti­vi­dad.

—¿Co­mo con­ven­ce­ría a un ga­di­tano pa­ra que ve­ra­nea­se en La­xe?

—Le di­ría que el sol no lo es to­do y que la gen­te de aquí —pe­se a que en un prin­ci­pio pue­de pa­re­cer un po­co más ce­rra­da en sí mis­ma— es en reali­dad to­do co­ra­zón.

—¿Qué tal se co­me?

—Pues si se vie­ne de va­ca­cio­nes al­guien que quie­ra per­der pe­so, qui­zá es­te no sea el me­jor lu­gar. Es alu­ci­nan­te el aba­ni­co de po­si­bi­li­da­des.

—¿Al­gún pla­to en es­pe­cial?

—Soy muy fan de los ca­llos, y que lle­ven de to­do. Has­ta los más ma­los me gus­tan. Y tam­bién el pul­po, por su­pues­to.

BASILIO BE­LLO

La Praia dos Cris­tais y la Fur­na da Es­pu­ma son lu­ga­res muy es­pe­cia­les pa­ra el ar­tis­ta se­vi­llano.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.