Che­queo

La Voz de Galicia (Carballo) - Carballo local - - PORTADA - S. G. RIAL

El pri­mi­ti­vo fa­ro de Ca­bo Vi­lán se des­mo­ro­na po­co a po­co sin que se evi­te su de­te­rio­ro

Ca­bo Vi­lán tie­ne ca­da vez más vi­si­tan­tes. Lo de­mues­tran las ci­fras que re­gu­lar­men­te fa­ci­li­ta la aso­cia­ción de em­pre­sa­rios de Ca­ma­ri­ñas, que es la que ges­tio­na su es­pa­cio in­te­rior, pe­ro no hay más que acer­car­se cual­quier día de la se­ma­na, ca­si a cual­quier ho­ra, pa­ra com­pro­bar­lo. Tam­bién tie­ne que ver el ce­lo que po­ne la en­ti­dad Eon dos Fa­ros a la ho­ra de pro­te­ger el pa­tri­mo­nio cen­te­na­rio de las se­ña­les ma­rí­ti­mas. Por ello, due­le in­clu­so más ver el es­ta­do en que se en­cuen­tra el vie­jo fa­ro, de 1854, el que fun­cio­na­ba cuan­do la cé­le­bre ca­tás­tro­fe del Ser­pent (y mu­chas más) que co­mo to­dos los años es­tá a pun­to de con­me­mo­rar­se en un emo­ti­vo ac­to. A un la­do y a otro de lo que que­da de to­rre hay bo­que­tes im­por­tan­tes en su fi­na si­lle­ría. Unas se fue­ron ca­yen­do ha­ce años y hu­bo al­guien que, al pa­re­cer, se lle­vó al­gu­nas pa­ra apro­ve­char­las en su pro­pie­dad. Las otras se des­mo­ro­na­ron de­bi­do a una fuer­te tor­men­ta. Una sim­ple la­bor de can­te­ría per­mi­ti­ría re­pa­rar un pun­to que es cla­ve en la his­to­ria del li­to­ral de la Cos­ta da Mor­te. Co­rres­pon­de­ría ha­cer­lo a la Au­to­ri­dad Por­tu­ria, pe­ro de mo­men­to no se ha anun-

Fal­tan pie­dras en dos de los la­dos de la to­rre, y el de­pó­si­to de agua, que es­tos días pre­ci­sa de cis­ter­nas, ha si­do ob­je­to de los ván­da­los

cia­do na­da. Tam­bién ga­na­rían los tu­ris­tas, que suben a me­nu­do ha­cia es­te pun­to guia­dos por el car­tel de «for­ma­ción ro­cho­sa» es­ca­le­ras más aba­jo. Un buen mi­ra­dor, por cier­to: bue­na par­te del mu­ni­ci­pio, tam­bién el de Mu­xía, y a lo le­jos cum­bres co­mo

las del Chan das La­goas, en Ber­deo­gas-Dum­bría, o el Pi­co de Me­da, en Zas, don­de en las no­ches cla­ras los des­te­llos del fa­ro ac­tual (1896) se apre­cian con una sor­pren­den­te ni­ti­dez.

Tam­po­co es­ta­ría mal pin­tar de nue­vo el de­pó­si­to de agua, que se

sur­te de una fuente que aca­ba de se­car y por eso hay que sur­tir­lo con cis­ter­nas. Los gam­be­rros lo han con­ver­ti­do en un lien­zo que me­re­ce­ría pin­tu­ras dig­nas, a la al­tu­ra de un en­cla­ve que fue de los pri­me­ros si­tios na­tu­ra­les de in­te­rés na­cio­nal, en 1933.

FOTOS S. G.

POR EL ES­TE Y POR EL OES­TE Pie­dras caí­das. Pa­ra ser más exac­tos, por el no­res­te. Aun­que no ha­cen fal­ta brú­ju­las pa­ra ver que a un la­do y a otro de la vie­ja to­rre hay pie­dras caí­das (y des­apa­re­ci­das), bo­que­tes que, co­mo lle­guen las tor­men­tas, irán a más. De he­cho, una de ellas ya cau­só par­te de los des­tro­zos a la vis­ta.

VAN­DA­LIS­MO De­pó­si­to. Las pin­tu­ras que se ven son so­lo una par­te de las que hay, ya que los ar­tis­tas han em­bo­rro­na­do el al­ji­be en sus 360 gra­dos. Em­pe­za­ron a ha­cer­lo ha­ce unos tres años, no más.

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