La tra­di­ción im­pe­ra en las hon­ras fú­ne­bres en la zo­na

Los ve­la­to­rios en ca­sa son una ra­re­za, al igual que los ac­tos lai­cos o los en­tie­rros sin ce­re­mo­nia ca­tó­li­ca pre­via

La Voz de Galicia (Carballo) - Carballo local - - BERGANTIÑOS-SONEIRA-FISTERRA -

■ El ac­to lai­co que sir­vió pa­ra des­pe­dir al poe­ta, con­ce­jal y per­ce­bei­ro Pa­co Souto en el ta­na­to­rio de Mal­pi­ca ha­ce hoy sie­te me­ses fue una au­tén­ti­ca ra­re­za en la zo­na. Aun­que ca­da vez hay más bo­das ci­vi­les en la Cos­ta da Mor­te, a la ho­ra de la muer­te son la re­li­gión y la tra­di­ción lo que im­pe­ra.

La co­mar­ca ha ido cam­bian­do sus cos­tum­bres fu­ne­ra­rias a lo lar­go de los úl­ti­mos años, pe­ro lo ha he­cho muy len­ta­men­te, al­go en lo que coin­ci­den to­dos los em­pre­sa­rios del sec­tor en la zo­na. Un gran avan­ce fue la pro­li­fe­ra­ción de los ta­na­to­rios, que aco­gen el 98 % de los ve­la­to­rios. Los ca­se­ros se han con­ver­ti­do en to­da una ra­re­za y ca­si siem­pre res­pon­den a la vo­lun­tad del fa­lle­ci­do, que sue­le ser una per­so­na de edad avan­za­da.

La prin­ci­pal no­ve­dad de aho­ra son las in­ci­ne­ra­cio­nes. Hay un cre­ma­to­rio en Car­ba­llo y pron­to ha­brá otro en A La­ra­cha. El au­men­to de la de­man­da ha si­do es­pec­ta­cu­lar, pe­ro es­te sis­te­ma es­tá to­da­vía muy le­jos de ha­cer som­bra a los en­te­rra­mien­tos tra­di­cio­na­les.

Ma­nuel Pom­bo ase­gu­ra que el in­cre­men­to en los úl­ti­mos años ha si­do del 10 %, pe­ro la elec­ción de es­ta fór­mu­la to­da­vía no lle­ga al 15 % de los ca­sos. La ten­den­cia es a cre­cer, en par­te por lo ca­ros que re­sul­tan los pan­teo­nes, se­gún apun­ta Eduar­do Ra­mi­lo.

Es cues­tión de tiem­po que las in­ci­ne­ra­cio­nes se dis­pa­ren y se­rá por la fal­ta de ni­chos en pro­pie­dad, una in­ver­sión que los jó­ve­nes con­si­de­ran in­ne­ce­sa­ria. Así, los en­te­rra­mien­tos aca­ba­rán sien­do sím­bo­lo de es­ta­tus y po­der eco­nó­mi­co.

Esa es una de las ten­den­cias que los pro­fe­sio­na­les del sec­tor fu­ne­ra­rio han vis­to ve­nir y a la que se es­tán adap­tan­do. La cri­sis eco­nó­mi­ca hi­zo es­tra­gos no tan­to en la can­ti­dad de tra­ba­jos fú­ne­bres co­mo en la ca­li­dad de los mis­mos. El gas­to se re­du­jo mu­cho y uno de los as­pec­tos que más ba­jó fue el del gas­to en flo­res, que no ha con­se­gui­do re­cu­pe­rar­se.

Al­gu­nos ya pi­den que es­te di­ne­ro va­ya pa­ra la be­ne­fi­cen­cia, aun­que to­da­vía es un con­cep- to ra­ro en la zo­na, pe­ro lo más nor­mal es re­du­cir el ta­ma­ño de los ra­mos y las co­ro­nas.

Tam­bién son más aus­te­ros los funerales.Ya son po­cas las zo­nas en las que el nú­me­ro de cu­ras mues­tra la im­por­tan­cia del di­fun­to. La ur­ba­ni­za­ción de la so­cie­dad ha he­cho que los ri­tos y cos­tum­bres fu­ne­ra­rias se ha­yan he­cho más sen­ci­llas.

De he­cho, en el sec­tor tie­nen muy cla­ro que se tien­de a la sim­pli­ci­dad, a ha­cer la des­pe­di­da más or­de­na­da y or­ga­ni­za­da y en ello en­tra de lleno el ho­ra­rio de los ta­na­to­rios, al­go que en el res­to de Ga­li­cia ya exis­te des­de ha­ce tiem­po, pe­ro que se man­tie­ne en la pro­vin­cia de A Co­ru­ña. La for­ma­ción y pro­fe­sio­na­li­dad de los tra­ba­ja­do­res es otra de las cues­tio­nes que ad­quie­ren im­por­tan­cia.

Au­men­tan las cre­ma­cio­nes, pe­ro los en­te­rra­mien­tos son co­mu­nes

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