«La fe­li­ci­dad es acep­tar que la vi­da es pla­cer y do­lor»

La Voz de Galicia (A Coruña) - ExtraVoz - - LA ENTREVISTA - Por Mar­ta Otero

SI EL AMOR MUE­VE EL MUNDO, ¿LA CUL­PA LE PO­NE LA ZAN­CA­DI­LLA A LA FE­LI­CI­DAD? CON MÁS DE VEIN­TE AÑOS DE EX­PE­RIEN­CIA CLÍ­NI­CA, CARMEN DU­RÁN ANA­LI­ZA EN SU ÚL­TI­MO LI­BRO EL COM­PLI­CA­DO FUN­CIO­NA­MIEN­TO DE ES­TE ME­CA­NIS­MO QUE NOS CAU­SA RE­MOR­DI­MIEN­TO, NE­CE­SA­RIO PE­RO A VE­CES MUY DO­LO­RO­SO

Es la cul­pa tan ma­la como la pin­tan? En su úl­ti­mo li­bro, la psi­có­lo­ga ex­per­ta en psi­coa­ná­li­sis, Carmen Du­rán, ana­li­za la fun­ción que es­te sen­ti­mien­to tie­ne en nues­tra vi­da, có­mo, por una par­te, nos fa­ci­li­ta la con­vi­ven­cia pe­ro, por otra, nos atra­pa y pue­de lle­gar a con­ver­tir nues­tra vi­da en una tor­tu­ra. —Si el amor mue­ve el mundo... ¿La cul­pa es un obs­tácu­lo pa­ra que gi­re? —Pues sí, po­dría­mos de­cir­lo per­fec­ta­men­te. Es­tá la fuer­za uni­ti­va del amor, que es una fuer­za crea­do­ra, y la fuer­za de la cul­pa, o me­jor di­cho de la agre­si­vi­dad que es­tá de­trás de la cul­pa, po­ne obs­tácu­los a esa crea­ción. Sin em­bar­go, no po­de­mos ol­vi­dar que nos ha­ce fal­ta el sen­ti­mien­to de cul­pa pa­ra que nos po­da­mos or­ga­ni­zar como so­cie­dad. —¿Nos trans­mi­ten la cul­pa a tra­vés de la edu­ca­ción o hay una par­te in­na­ta al ser hu­mano? — Hay una par­te de la cul­pa que se trans­mi­te so­cial­men­te a tra­vés de la edu­ca­ción. De he­cho, sa­be­mos que la éti­ca de ca­da pue­blo es di­fe­ren­te: hay co­sas que son gran­des pe­ca­dos en una cul­tu­ra o en una re­li­gión y que en otra no lo son, o no lo son tan­to. Hay una par­te que es un pro­gra­ma éti­co que se nos ins­ta­la con la edu­ca­ción y en el me­dio so­cial en el que nos mo­ve­mos. Pe­ro hay otra par­te del sen­ti­mien­to de cul­pa que es un apo­yo pa­ra el amor, por­que pro­vie­ne del amor y ese, des­de mi pun­to de vis­ta, es na­tu­ral. Es el sen­ti­mien­to de cul­pa que ex­pe­ri­men­ta­mos cuan­do he­mos he­cho da­ño a al­guien a quien que­re­mos. —Hay quien di­ce que la cul­pa es­tá en mu­chí­si­mos ca­sos de­trás de la de­pre­sión, el gran mal de nues­tra épo­ca. —De he­cho hay au­to­res que di­cen que el pri­mer me­ca­nis­mo de de­fen­sa con­tra la cul­pa es la de­pre­sión... so­lo que es una de­fen­sa muy da­ñi­na. —¿Nos ha­ce­mos mu­cho da­ño cul­pán- do­nos de to­do a no­so­tros mis­mos? —Sin du­da. La cul­pa te lle­va a una co­sa que es la ru­mia­ción, que es el dar­le vuel­tas y vuel­tas a las co­sas pa­ra con­cluir que te­nía­mos que ha­ber he­cho to­do de otra ma­ne­ra, me­jor. Eso es ener­gía que se gas­ta inú­til­men­te por­que lo que has pa­sa­do no tie­ne arre­glo. —¿Y có­mo se pa­ra esa rue­da? —Ese me­ca­nis­mo so­lo se pue­de cam­biar de­jan­do de es­tar en gue­rra con uno mis­mo. Hay per­so­nas que tie­nen el don de vi­vir bas­tan­te en paz con­si­go mis­mos y otras que tie­nen que re­cu­rrir a ayu­da pro­fe­sio­nal. No es que yo crea que to­do el mundo tie­ne que ha­cer te­ra­pia, ni mu­cho me­nos, pe­ro sí que es ver­dad que cuan­do la cul­pa se con­vier­te en al­go li­mi­ta­dor de la te­ra­pia es una bue­na so­lu­ción. —¿Y ya no se ve mal eso de ir a te­ra­pia? —De­pen­de mu­cho de las zo­nas. En Ma­drid y en Bar­ce­lo­na yo creo que has­ta se ha lle­ga­do a con­ver­tir en una mo­da. Tam­po­co creo que sea ne­ce­sa­rio ir a te­ra­pia por cual­quier problema, como si fue­ras a Lour­des. —Tal vez nos fal­ta edu­ca­ción emo­cio­nal. —Pues sí. Un ni­ño que ha si­do que­ri­do y al que le han pues­to los lí­mi­tes des­de el amor va a te­ner más a su fa­vor pa­ra te­ner una con­fian­za bá­si­ca que le per­mi­ta, cuan­do se equi­vo­que, de­cir lo sien­to y no en­gan­char­se en que­rer arre­glar­lo con la men­te. Pe­ro cla­ro, los pa­dres tam­bién te­ne­mos una his­to­ria, y a ve­ces no po­de­mos trans­mi­tir al­go que no he­mos apren­di­do. Se­ría es­tu­pen­do que se pu­die­ran ha­cer más es­cue­las de pa­dres, pe­ro des­de el pun­to de vis­ta emo­cio­nal. —Us­ted su­gie­re que un po­co de cul­pa es sa­na. —Hay una par­te de cul­pa ab­so­lu­ta­men­te ne­ce­sa­ria pa­ra vi­vir en so­cie­dad. Los ani­ma­les es­tán pro­te­gi­dos de su pro­pia ex­tin­ción por me­ca­nis­mos ins­tin­ti­vos de con­ser­va­ción de la es­pe­cie. Los hu­ma­nos no te­ne­mos esos me­ca­nis­mos. La éti­ca los sus­ti­tu­ye, y por eso es ne­ce­sa­ria pa­ra cual­quier con­vi­ven­cia. —Y cuan­do fa­lla la éti­ca, como en los ca­sos ca­da vez más co­mu­nes de corrupción... ¿tam­po­co hay cul­pa? —No lo sé. Lo que sí hay es una per­mi­si­vi­dad muy gran­de. No sé si per­so­nal­men­te las per­so­nas im­pli­ca­das en ca­sos de corrupción tie­nen sen­ti­mien­to de cul­pa o no. Lo que es ver­dad es que, así como en la cul­tu­ra ára­be, el ro­bo es ca­si el ma­yor de­li­to que exis­te, en nues­tra cul­tu­ra no es así. Ha­ce ya mu­cho tiem­po que se con­si­de­ra ca­si que eres más lis­to si eres ca­paz de co­me­ter ese de­li­to. El úni­co problema, en es­te sen­ti­do, es que te des­cu­bran. Lo que sí que pue­de ha­ber es un sen­ti­mien­to de cul­pa de­trás cuan­do se de­jan hi­los pa­ra que se pue­da ti­rar de ello y des­cu­brir­lo, pe­ro esa cul­pa es in­cons­cien­te. Es como cuan­do en la pa­re­ja de­jas al­gu­na prue­ba que in­di­ca que has co­me­ti­do una in­fi­de­li­dad: no es que tú quie­ras que tu pa­re­ja se en­te­re, pe­ro vas de­jan­do hue­llas in­cons­cien­te­men­te. —En la pa­re­ja la cul­pa tam­bién ha­ce mu­cho da­ño. —Lo que pa­sa en las pa­re­jas es que, nor­mal­men­te, cuan­do tie­nen con­flic­tos siem­pre tien­den a pen­sar que la cul­pa es del otro, y como es del otro yo le ha­go sen­tir cul­pa­ble. Hay mu­chos me­ca­nis­mos pa­ra ha­cer­lo, y ese es un círcu­lo vi­cio­so del que es muy di­fí­cil sa­lir: el otro se sien­te cul­pa­ble y ha­ce co­sas pa­ra com­pla­cer­te, pe­ro des­pués se en­fa­da por ha­ber­las he­cho. —Ha­bla­mos de la cul­pa como un obs­tácu­lo pa­ra la fe­li­ci­dad... y ahí es­tá el gran tó­pi­co: ¿la fe­li­ci­dad exis­te? —La fe­li­ci­dad como un es­ta­do don­de so­lo exis­te el pla­cer y es per­pe­tuo no exis­te. Todos te­ne­mos el im­pul­so de en­con­trar la fe­li­ci­dad y la me­ta es­tá pues­ta en que des­apa­rez­ca el su­fri­mien­to y que es­te­mos en un es­ta­do de bie­nes­tar cons­tan­te de pla­cer, eso no se pue­de lo­grar. La que po­de­mos al­can­zar es la acep­ta­ción de la reali­dad, de lo que soy yo, de lo que son los otros y de lo que es la vi­da, que tie­ne pla­cer y do­lor. Cuan­do uno pue­de acep­tar eso —que aho­ra to­ca una co­sa y lue­go pue­de to­car otra— pues sí hay al­go que no sé si es la fe­li­ci­dad, pe­ro si un es­ta­do de se­re­ni­dad y de acep­ta­ción que evi­ta mu­cho su­fri­mien­to. —Pe­ro cuan­to me­jor vi­vi­mos más cul­pa te­ne­mos. —Hay per­so­nas que cuan­do en la vi­da les to­ca una eta­pa bue­na o se por­ta bien con ellos se sien­ten culpables por­que no se creen con de­re­cho, o por­que hay un sen­ti­mien­to de cul­pa solidario, fra­ter­nal, cuan­do ves a otra per­so­na que no es­tá en las mis­mas cir­cuns­tan­cias. Lo im­por­tan­te es sa­ber que no es ni bue­na suer­te ni ma­la suer­te: aho­ra me to­ca es­to y lue­go me pue­de to­car otra co­sa. —Tam­po­co es cier­to eso de que cuan­to me­nos ne­ce­si­tes más fe­liz eres. —Pues no. Sí es ver­dad que he­mos he­cho un in­cre­men­to de la ne­ce­si­dad y que hay un ti­po de fe­li­ci­dad pues­ta en la sa­tis­fac­ción ma­te­rial, que es la fe­li­ci­dad he­dó­ni­ca. Es que­rer te­ner to­das las co­sas que me van a ha­cer fe­liz... pe­ro nun­ca las co­sas ex­ter­nas te van a ha­cer fe­liz. Eso no quie­re de­cir que no sea más có­mo­da la vi­da con los mí­ni­mos cu­bier­tos, pe­ro na­da ex­terno te da la fe­li­ci­dad. Eso tie­ne que ve­nir de den­tro.

«Hay au­to­res que di­cen que el pri­mer me­ca­nis­mo de de­fen­sa con­tra la cul­pa

es la de­pre­sión» «En la pa­re­ja, cuan­do hay con­flic­tos siem­pre ten­de­mos a pen­sar que la cul­pa es del otro»

Opinions

Comments

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.