«Po­ner ca­ra a la leu­ce­mia ayu­da a que la gen­te do­ne»

La Voz de Galicia (A Coruña) - ExtraVoz - - EN PORTADA - Por Mila Mén­dez Pa­co Rodríguez

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Fue cui­da­do­ra a tiem­po com­ple­to de su ma­dre cuan­do es­ta ca­yó en­fer­ma por un ti­po de leu­ce­mia. Tu­vo que de­jar el tra­ba­jo y fa­mi­lia­ri­zar­se con una se­rie de tér­mi­nos has­ta ese mo­men­to ex­tra­ños en su vi­da. «Vas mi­me­ti­zan­do las pa­la­bras, los pro­ce­sos, y pa­ra mí ya son al­go nor­mal», di­ce. «Gra­cias a te­ner un fa­mi­liar com­pa­ti­ble mi ma­dre no tu­vo que pa­sar por la ago­nía de es­pe­rar a que apa­re­cie­ra un do­nan­te. Pe­ro, falleció al ca­bo de un año. No por el tras­plan­te en sí, sino por­que es­ta­ba muy dé­bil y sur­gie­ron com­pli­ca­cio­nes. Cuan­do te so­me­tes a un tras­plan­te, pa­ra de­jar tu mé­du­la ósea a ce­ro y eli­mi­nar las cé­lu­las ma­lig­nas, tie­nes que pa­sar por in­ten­sas se­sio­nes de ra­dio­te­ra­pia y qui­mio­te­ra­pia», ex­pli­ca. En Aso­tra­me ha­blan a tra­vés de su ex­pe­rien­cia y, en cier­to mo­do, tam­bién di­vul­gan. «Es ne­ce­sa­rio in­for­mar más. Se si­gue con­fun­dien­do la mé­du­la ósea con la es­pi­nal y por eso mu­cha gen­te no quie­re do­nar. Ade­más, la do­na­ción en sí tam­po­co es una ope­ra­ción, no te abren. So­lo se va a qui­ró­fano y se po­ne anes­te­sia cuan­do es ne­ce­sa­rio ir di­rec­tos a la mé­du­la y hay que pin­char­te pa­ra ob­te­ner­la de los hue­sos de las ca­de­ras. Sue­len ser uno de ca­da diez ca­sos. Du­ra unas tres ho­ras y los efec­tos se­cun­da­rios son do­lo­res lum­ba­res que des­apa­re­cen al ca­bo de unos días. A cam­bio, es muy pro­ba­ble que con eso ha­yas po­di­do sal­var una vi­da», sos­tie­ne.

Ex­po­ne los pa­sos pun­to por pun­to y con cui­da­do. Aunque el nú­me­ro de donantes ha cre­ci­do y en to­do el mundo se cal­cu­la hay más de 25 mi­llo­nes, ca­da año mu­chos de­jan de for­mar par­te de la lis­ta. O bien por edad, han su­pe­ra­do los 55, o por­que su­fren al­gu­na do­len­cia o, sim­ple­men­te, que­dan em­ba­ra­za­das. «Son po­cos pe­ro hay quien se des­ani­ma lle­ga­do el mo­men­to», cuen­ta. «A ve­ces la gen­te se de­ja lle­var y se apun­ta por una per­so­na en par­ti­cu­lar», opi­na. Jés­si­ca ha se­gui­do el ca­so de Vic­to­ria, la ni­ña de Olei­ros. «Po­ner ca­ra a en­fer­me­da­des como la leu­ce­mia ayu­da por­que pue­de mo­ti­var­te a dar el pa­so y ser do­nan­te. Yo lo soy des­de que su­fri­mos el ca­so de mi ma­dre», con­fie­sa. Sin em­bar­go, in­sis­te: «Es un ac­to to­tal­men­te al­truis­ta, no sa­bes pa­ra quién, ni cuán­do pue­des te­ner que rea­li­zar­lo. Por eso creo que a ve­ces pue­den con­fun­dir cam­pa­ñas como la de Mé­du­la pa­ra Ma­teo, don­de se ani­ma­ba a do­nar por un ca­so en par­ti­cu­lar. Es du­ro que te di­gan que hay una per­so­na com­pa­ti­ble pe­ro que se ha echa­do atrás», afir­ma. Aun así, aña­de: «Estamos en es­te mundo pa­ra de­jar­lo un po­co me­jor de có­mo lo he­mos en­con­tra­do, ¿no?. Por eso ha­go es­to», con­clu­ye.

HAY HIS­TO­RIAS QUE NO TER­MI­NAN CON UN FI­NAL FE­LIZ. JÉS­SI­CA PER­DIÓ A SU MA­DRE, PE­RO LA EX­PE­RIEN­CIA HA SA­BI­DO MU­TAR, COMO LAS CÉ­LU­LAS. EN SU CA­SO, PA­RA BIEN. AHO­RA ES DO­NAN­TE Y AYU­DA A LAS FA­MI­LIAS QUE PASAN POR ESE MO­MEN­TO TAN COM­PLI­CA­DO

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