¡Lle­ga el su­per­mar­tes!

La Voz de Galicia (A Coruña) - ExtraVoz - - REPORTAJE - Vic­to­ria To­ro

EL PRÓ­XI­MO 1 DE MAR­ZO CO­MIEN­ZA A DI­BU­JAR­SE EL PER­FIL DEL CAN­DI­DA­TO DE­FI­NI­TI­VO A LA CA­SA BLAN­CA. PE­RO ¿POR QUÉ LAS VO­TA­CIO­NES EN ES­TA­DOS UNI­DOS SE CE­LE­BRAN EN MAR­TES? LA RES­PUES­TA ES­TÁ EN LA HIS­TO­RIA

Co­rres­pon­sal en Nue­va York

El pró­xi­mo 1 de mar­zo es el su­per­mar­tes en Es­ta­dos Uni­dos, uno de los dos días más im­por­tan­tes de las elec­cio­nes de ese país; el otro tam­bién es un mar­tes, el pri­mer mar­tes des­pués del pri­mer lu­nes de no­viem­bre, esa es la for­ma­da en la que los nor­te­ame­ri­ca­nos eli­gen al si­guien­te in­qui­lino de la Ca­sa Blan­ca. Dos mar­tes ca­da cua­tro años que re­fle­jan a la per­fec­ción el fun­cio­na­mien­to de la de­mo­cra­cia es­ta­dou­ni­den­se.

Al pri­me­ro de ellos se le co­no­ce como su­per­mar­tes y es­te año se­rá el 1 de mar­zo. Se lla­ma así por­que ese día se con­cen­tra la vo­ta­ción de pri­ma­rias de un gran nú­me­ro de es­ta­dos, una ci­fra que va­ría en ca­da pe­rio­do elec­to­ral pe­ro que, ge­ne­ral­men­te, sir­ve ya pa­ra se­ña­lar a los ga­na­do­res. Exis­te des­de los años ochen­ta y su crea­ción se de­be al in­ten­to de ga­nar po­der de los es­ta­dos del sur. Pa­ra en­ten­der­lo hay que co­no­cer el fun­cio­na­mien­to de las pri­ma­rias.

El su­per­mar­tes se ce­le­bra siem­pre al prin­ci­pio de las pri­ma­rias, en fe­bre­ro o mar­zo, por lo que ge­ne­ral­men­te has­ta ese día no sue­le ha­ber nin­gún ga­na­dor cla­ro. Pe­ro la ma­yo­ría de las ve­ces, el su­per­mar­tes se­ña­la al ven­ce­dor. Esa es la razón de que, como les ocu­rría an­tes a los es­ta­dos que ce­le­bran el su­per­mar­tes, al­gu­nos de los que vo­tan des­pués ten­gan la sen­sa­ción de que sus su­fra­gios ya no va­len pa­ra na­da.

1998, EL AÑO DE BILL CLIN­TON

Al­gu­nos su­per­mar­tes han da­do ver­da­de­ras sor­pre­sas pe­ro nin­gu­na como la del año 1998 que fue el 10 de mar­zo. Aque­lla jornada dio la vic­to­ria a uno de los candidatos de­mó­cra­tas que has­ta ese mo­men­to no ha­bía ga­na­do na­da, se lla­ma­ba Bill Clin­ton y los co­men­ta­ris­tas po­lí­ti­cos des­cri­bie­ron su ha­za­ña como «una sa­li­da de en­tre los muer­tos». Por­que ade­más aquel año Clin­ton no so­lo ga­nó el su­per­mar­tes, ese ve­rano fue no­mi­na­do can­di­da­to por su par­ti­do y el pri­mer mar­tes des­pués del pri­mer lu­nes de no­viem­bre se con­vir­tió en pre­si­den­te de los Es­ta­dos Uni­dos.

Los su­per­mar­tes tie­nen al­gu­nas ca­rac­te­rís­ti­cas que los ha­cen im­pre­vi­si­bles. A los candidatos les en­can­tan pe­ro sus di­rec­to­res de cam­pa­ña los

te­men más que a la pes­te. La pri­me­ra razón de ese te­mor es que las en­cues­tas sue­len equi­vo­car­se. Y si no hay en­cues­tas fia­bles, los es­tra­te­gas no tie­nen he­rra­mien­tas pa­ra or­ga­ni­zar ade­cua­da­men­te la agen­da de los candidatos. Pe­ro, ade­más, las pri­ma­rias son como las elec­cio­nes que ve­mos en las pe­lí­cu­las: los po­lí­ti­cos pa­sean por las ca­lles, ha­blan con los ve­ci­nos, en­tran en los ca­fés, se co­men pe­rri­tos ca­lien­tes o ham­bur­gue­sas y se in­tere­san por lo que ocu­rre en ca­da lu­gar. En los es­ta­dos ga­na­de­ros pre­gun­tan por las va­cas, en los agrí­co­las por el maíz, en los in­dus­tria­les se in­tere­san por las fá­bri­cas… Pue­den ha­cer­lo por­que en­tre una vo­ta­ción y otra sue­le pa­sar una semana y sus equi­pos les pre­pa­ran to­da la in­for­ma­ción que ne­ce­si­tan pa­ra re­pre­sen­tar el pa­pel a la per­fec­ción. Pe­ro cuan­do la vo­ta­ción es en va­rios es­ta­dos, esa fór­mu­la no fun­cio­na. No hay tiem­po. In­clu­so la po­si­bi­li­dad de via­jar a

todos ellos, al­go que al­gu­nos ha­cen, so­lo es po­si­ble a cos­ta de una enor­me in­ver­sión en avio­nes pri­va­dos que úni­ca­men­te es­tán al al­can­ce de los que han lo­gra­do más do­na­cio­nes o, como es­te año, de los que como Do­nald Trump son mul­ti­mi­llo­na­rios.

Si otros años el su­per­mar­tes des­per­ta­ba mu­cha ex­pec­ta­ción, la de es­te año va a ser aún ma­yor. Es fá­cil de en­ten­der, por­que es­tas elec­cio­nes son las más ra­ras de la his­to­ria re­cien­te de Es­ta­dos Uni­dos. To­da­vía hay nue­ve re­pu­bli­ca­nos en cam­pa­ña. Y uno de ellos es Do­nald Trump, el mag­na­te neo­yor­quino que es­tá con­vir­tien­do es­tas elec­cio­nes en una es­pe­cie de cir­co. Pe­ro jun­to a él hay otros ocho candidatos de su par­ti­do. Y los dos que en­ca­be­zan las en­cues­tas, el pro­pio Trump y Ted Cruz, es­tán com­ple­ta­men­te en­fren­ta­dos a la di­rec­ción de su pro­pia for­ma­ción po­lí­ti­ca. Y en el la­do de­mó­cra­ta lo que se creía que iba a ser un pa­seo triun­fal pa­ra

Hi­llary Clin­ton has­ta la no­mi­na­ción se ha con­ver­ti­do en una au­tén­ti­ca ca­rre­ra de obs­tácu­los gra­cias a Ber­nie San­ders.

Por eso el pró­xi­mo 1 de mar­zo todos los ojos van a es­tar pues­tos en ese gru­po de es­ta­dos que de­ci­di­rán, ca­si con se­gu­ri­dad, los nom­bres de los dos po­lí­ti­cos que se en­fren­ta­rán en no­viem­bre.

La razón de que en Es­ta­dos Uni­dos se vo­te los mar­tes vie­ne de me­dia­dos del si­glo XIX cuan­do el país era to­da­vía emi­nen­te­men­te agrí­co­la y, a la vez, una so­cie­dad muy re­li­gio­sa. Los do­min­gos no se po­día vo­tar por­que eran el día de los ofi­cios re­li­gio­sos y, como la ma­yo­ría de los vo­tan­tes de­bían des­pla­zar­se has­ta muy le­jos pa­ra po­der ejer­cer su de­re­cho al su­fra­gio, tam­po­co los lu­nes, por­que no les da­ría tiem­po a lle­gar. El miér­co­les era el día de me­ra­do en ca­si to­do el país así que se de­ci­dió que se vo­ta­ra los mar­tes.

DESA­YUNO DE CAM­PA­ÑA

| BRIAN SNY­DER/REUTERS

Las pri­ma­rias de EE. UU. ofre­cen imá­ge­nes de pe­lí­cu­la, en los tí­pi­cos re­co­rri­dos que los candidatos ha­cen por los es­ta­dos pa­ra ha­blar con la gen­te, en­trar en los ca­fés y co­mer ham­bur­gue­sas o pe­rri­tos ca­lien­tes. En la ima­gen, Hi­llary Clin­ton, que com­pi­te pa­ra ser la can­di­da­ta de­mó­cra­ta, desa­yu­na jun­to a su ma­ri­do, Bill en el res­tau­ran­te Chez Va­chon de Man­ches­ter, en Nue­vo Ham­ps­hi­re

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