“Es­ta pe­lí­cu­la es para alér­gi­cos a los mu­si­ca­les”

La tem­pe­ra­tu­ra sube cuan­do apa­re­cen en pan­ta­lla Em­ma Sto­ne y Ryan Gos­ling, una de las pa­re­jas con más vol­ta­je del ci­ne. «La la Land» es ya to­do un fe­nó­meno que ha ba­ti­do ré­cords en ta­qui­lla

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - CINE - TEX­TO: MA­RÍA ESTÉVEZ

Los crí­ti­cos se han ren­di­do an­te su nue­vo trabajo, La La Land, un mu­si­cal ro­mán­ti­co con al­ma de jazz de prin­ci­pio a fin. Ba­jo la di­rec­ción de Da­mien Cha­ze­lle, Gos­ling apren­dió a to­car el piano, a bai­lar cla­qué e in­clu­so se em­pa­pó de la his­to­ria de es­te es­ti­lo, en una pe­lí­cu­la que ha ba­ti­do ré­cords de ta­qui­lla en su pri­me­ra se­ma­na en pan­ta­lla. El ac­tor, ca­sa­do con la ac­triz Eva Men­des, rue­da en la ac­tua­li­dad la se­gun­da par­te de Bla­de Run­ner. —¿Qué le atra­jo del pro­yec­to de «La la Land»? —Te­nía ga­nas de tra­ba­jar con Da­mien por­que me pa­re­ce un ci­neas­ta muy in­tere­san­te, tie­ne un amor por el ci­ne im­pe­tuo­so, con­ta­gio­so. Ha­bía ha­bla­do mu­cho con él para ro­dar una pe­lí­cu­la que el pú­bli­co qui­sie­ra ver, que lle­na­ra los cines, que la gen­te desea­ra com­par­tir en la gran pan­ta­lla. Era una idea muy ex­ci­tan­te. Por otra par­te, que­ría vol­ver a tra­ba­jar jun­to a Em­ma. Es es­tu­pen­do co­la­bo­rar con gen­te a quien co­no­ces, ya que no tie­nes que crear una re­la­ción. Sen­tí que es­te fil­me no es­tá he­cho para un fa­ná­ti­co de los mu­si­ca­les, al con­tra­rio, es ac­ce­si­ble a to­dos aque­llos alér­gi­cos a los mu­si­ca­les. Es­ta es una his­to­ria sobre dos per­so­nas, su re­la­ción y su for­ma de en­ten­der la vi­da. Sa­bía que si con­se­guía­mos ro­dar bien esa par­te de la cin­ta, la mú­si­ca era lo su­fi­cien­te­men­te bella co­mo para crear una ex­pe­rien­cia atrac­ti­va para la au­dien­cia. —Hay pocas pe­lí­cu­las de ca­rác­ter ro­mán­ti­co co­mo «La La Land». ¿Le in­tere­sa­ba un ro­man­ce des­de otro pun­to de vis­ta? —He he­cho mu­chos fil­mes ro­mán­ti­cos en mi ca­rre­ra. De al­gu­na ma­ne­ra, ser ro­mán­ti­co es mi for­ma de en­ten­der el amor. —Em­pe­zó en el «Club Dis­ney». Siem­pre li­ga­do a la mú­si­ca... —No tan­to co­mo me hu­bie­ra gus­ta­do. Me en­can­tó te­ner la opor­tu­ni­dad de par­ti­ci­par en La La Land y po­der desa­rro­llar mi sen­ti­do mu­si­cal. Du­ran­te el tiem­po que es­tu­ve en el Club Dis­ney lo pa­sé bien, pe­ro yo no era co­mo Jus­tin Tim­ber­la­ke o Ch­ris­ti­na Agui­le­ra, ni te­nía su re­gis­tro vo­cal. Es­ta­ba cla­ro que ellos iban di­rec­tos al mun­do de la mú­si­ca; en mi ca­so, no era así. —¿Es es­ta la pri­me­ra vez que pro­ta­go­ni­za un fil­me can­tan­do y bai­lan­do? —Sí, afor­tu­na­da­men­te tu­vi­mos tres me­ses para pre­pa­rar­nos, más de lo que cual­quier ac­tor sue­le te­ner an­tes de em­pe­zar un pro­yec­to. He­mos he­cho es­te fil­me co­mo las pe­lí­cu­las an­ti­guas, las de es­tu­dio, o al menos, eso es lo que me ha di­cho el director. Pa­sá­ba­mos par­te del día prac­ti­can­do piano, par­te del día bai­lan­do y el res­to tra­ba­jan­do en el guion. Fue una rea- li­za­ción muy edi­fi­can­te. —¿Le gus­ta el jazz? —Sí. Sin em­bar­go, con mi co­no­ci­mien­to de es­te es­ti­lo de mú­si­ca no es­ta­ba pre­pa­ra­do para el ni­vel de mi per­so­na­je y tu­ve que apren­der. —¿Es usted un idea­lis­ta de la mú­si­ca? Su gru­po, Dead Man Bo­nes, era de folk. —No soy idea­lis­ta, al menos, no me con­si­de­ro así. A mí me gus­ta to­do ti­po de mú­si­ca. Dead Man Bo­nes sur­gió para ha­cer un mu­si­cal y lue­go se con­vir­tió en un gru­po, aun­que nun­ca fue­ron nues­tros pla­nes lle­gar a ser una ban­da. —En la pe­lí­cu­la vis­te tra­jes en co­lo­res ma­gen­ta, ro­jos y ma­rro­nes. Es di­fí­cil en­con­trar un hom­bre que se vea

bien en es­tos to­nos... —Re­co­noz­co que me gus­tan esos co­lo­res. En el fil­me ca­da per­so­na­je tie­ne un co­lor ca­rac­te­rís­ti­co, es al­go en lo que el director pu­so mu­cho én­fa­sis. La di­se­ña­do­ra de ves­tua­rio, Mary Zph­res, que ha­ce to­das las pe­lí­cu­las de los Coen, fue la en­car­ga­da de dar voz a mi per­so­na­je en ese as­pec­to y es una maes­tra de esa épo­ca. Su­po en­con­trar el puen­te en­tre los años trein­ta de la mú­si­ca jazz y la épo­ca ac­tual. Para mí, el ves­tua­rio es par­te del per­so­na­je, pe­ro el trabajo es de ella, por­que su­po tra­du­cir mis ideas en una ro- pa be­llí­si­ma, es­pec­ta­cu­lar. —¿Cuál es su pro­pó­si­to per­so­nal para afron­tar es­te año? —Nun­ca to­mo propósitos drás­ti­cos, ja­más lo he he­cho. El úl­ti­mo año fue el me­jor que he te­ni­do en mi vi­da y me cues­ta creer que pue­da su­pe­rar­lo. Es­pe­ro que el 2017 sea tan bueno co­mo el an­te­rior. —Vi­ve ro­dea­do de mu­je­res, su ma­dre, su her­ma­na, su mu­jer Eva Men­des, sus hi­jas Es­me­ral­da y Ama­da... —Sí, es­toy es­col­ta­do por mu­je­res fuer­tes. Ad­mi­to que el fe­mi­nis­mo es im­por­tan­te en mi vi­da. He cre­ci­do con mu­je­res de­ci­di­das y aho­ra que soy pa­dre y ten­go una hi­ja pe­que­ña pien­so in­cul­car en ella los va­lo­res que he re­ci­bi­do. —¿Qué tal lle­va la pa­ter­ni­dad? Tu­vo a su se­gun­da hi­ja en ve­rano. —Es un mo­men­to muy ex­ci­tan­te en mi vi­da, es­toy acom­pa­ña­do de la mu­jer que quie­ro y soy fe­liz con mis hi­jas. —Es un ac­tor que via­ja mu­cho. ¿Qué sig­ni­fi­ca su ca­sa en su vi­da? —He de­ja­do de ser nó­ma­da y he em­pe­za­do a echar raí­ces con mi mu­jer y mis hi­jas en Los Án­ge­les. La ver­dad, re­co­noz­co que me gus­ta. Me sien­ta bien ha­ber cam­bia­do mi es­ti­lo de vi­da. —¿Hay al­gún olor, al­gu­na esen­cia que le re­cuer­de a su ca­sa? —Mi ma­dre se ga­na­ba la vi­da co­ci­nan­do pas­te­les de bo­da para com­pen­sar cuan­do le fal­ta­ba di­ne­ro para lle­gar a fin de mes y cuan­do en mi ca­sa hue­le a pas­tel re­gre­so a mi ni­ñez. Aho­ra que lo pien­so, es cier­to, creo que iden­ti­fi­co el aro­ma de dul­ce hor­nea­do con mi ma­dre y mi sen­ti­mien­to de ho­gar [ri­sas].

Ser ro­mán­ti­co es mi for­ma de en­ten­der el amor

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.