RO­SA VI­LLA­CAS­TÍN

LA PE­RIO­DIS­TA PU­BLI­CA ‘LOS AÑOS QUE AMA­MOS LOCAMENTE. AMOR, SE­XO Y DES­TA­PE EN LA TRAN­SI­CIÓN’. UN HO­ME­NA­JE A LAS MU­JE­RES DE SU ÉPO­CA.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR PI­LAR VIDAL s FOTOS: AL­BER­TO BER­NÁR­DEZ

“Fal­tan mu­je­res que reivin­di­quen nues­tros de­re­chos”.

Alo lar­go de su ca­rre­ra pe­rio­dís­ti­ca pue­de pre­su­mir de ha­ber co­no­ci­do y en­tre­vis­ta­do a los per­so­na­jes más im­por­tan­tes de nues­tro país. Fue tes­ti­go di­rec­to de la Tran­si­ción, una de las épo­cas más im­por­tan­tes de la his­to­ria de Es­pa­ña, se­gún Ro­sa Vi­lla­cas­tín. Ami­ga de sus ami­gos –so­bre to­do los com­pa­ñe­ros de pro­fe­sión–, des­de Ana Ro­sa Quin­ta­na, con la que com­par­tió éxi­tos te­le­vi­si­vos, has­ta la ma­gis­tral columnista Car­men Ri­galt, a la que con­fie­sa sus te­mo­res y an­gus­tias. Sin ol­vi­dar­se de la Cam­pos, a la que ad­mi­ra en pú­bli­co y en pri­va­do. Los años que ama­mos locamente. Amor, se­xo y des­ta­pe en la Tran­si­ción (Ed. Pla­za y Ja­nés) es to­do un ho­me­na­je a las mu­je­res de su épo­ca, que tan­to han lu­cha­do por la igual­dad, y a la po­lí­ti­ca, sin la cual ella no po­dría vi­vir. ¿Por qué era ne­ce­sa­rio re­cor­dar es­ta par­te de la his­to­ria? Es un li­bro de­di­ca­do so­bre to­do a la mu­jer. Abor­tar o di­vor­ciar­se es al­go que las jó­ve­nes de hoy en día pue­den ha­cer li­bre­men­te. En es­te país has­ta los 70, no po­días to­mar ni la píl­do­ra. Eran co­sas im­pen­sa­bles. Cristina Almeida per­dió la vir­gi­ni­dad a los 25 años, y hoy a esa edad, la han per­di­do ca­si to­das. Pe­ro es ne­ce­sa­rio sa­ber de dón­de ve­ni­mos, para sa­ber dón­de es­ta­mos y ha­cia dón­de va­mos. Yo creo que hay un re­tro­ce­so en mu­chas co­sas de la mu­jer. ¿Por ejem­plo? Pues en el te­ma de la vio­len­cia. En las úl­ti­mas en­cues­tas que han sa­li­do, los jó­ve­nes con­si­de­ran que es nor­mal de­cir­le a una mu­jer: «No te pon­gas esa ro­pa»; o que no la de­jen sa­lir de ca­sa, e in­clu­so que la mal­tra­ten. ¿En­ton­ces cree que no he­mos sa­bi­do he­re­dar esos lo­gros? No. Y no es­tán lu­chan­do por con­se­guir­lo. Al fi­nal, las vo­ces que se oyen son de mu­je­res que han vi­vi­do esos años. Ha­bla de mu­je­res muy po­ten­tes: Cristina Almeida, Pa­lo­ma Gó­mez Bo­rre­ro, Ju­lia Navarro… Aho­ra son po­ten­tes. Cuan­do em­pe­za­ron esa lu­cha eran mu­je­res nor­ma­les. Cuan­do Cristina lle­gó a la uni­ver­si­dad, no es­ta­ba po­li­ti­za­da. Ade­más, en su ca­sa vi­vía un de­ter­mi­na­do am­bien­te. Su pa­dre era una per­so­na muy con­ser­va­do­ra y su ma­dre, que ve­nía de una fa­mi­lia re­pu­bli­ca­na, se ha­bía adap­ta­do a es­tar en ca­sa y a cui­dar de su fa­mi­lia. Sin em­bar­go, a ellas se las en­se­ñó a ir a la uni­ver­si­dad, para te­ner una in­de­pen­den­cia eco­nó­mi­ca. Esa es la ma­yor li­ber­tad que se le pue­de dar a una mu­jer. Cuan­do tú tie­nes tu di­ne­ro, ya pue­des mar­car tu ca­mino. ¿En la épo­ca ac­tual es di­fí­cil en­con­trar mu­je­res así? Pues me sor­pren­de mu­cho, por­que cuan­do yo ha­go en­tre­vis­tas a mu­je­res jó­ve­nes de aho­ra y les pre­gun­to si son fe­mi­nis­tas, la ma­yo­ría de ellas me res­pon­den: «No, no. Soy fe­me­ni­na». No tie­ne na­da que ver. Pue­des ser fe­me­ni­na y fe­mi­nis­ta. Se ha de­ni­gra­do tan­to el tér­mino... Hay que ser siem­pre fe­mi­nis­ta. Ellas fue­ron las que lu­cha­ron y mu­rie­ron para que no­so­tras po­da­mos dis­fru­tar de unos de­re­chos que se nos ne­ga­ban. Pue­des ser lo que quie­ras, de de­re­chas, de iz­quier­das, pe­ro los avan­ces hay que apo­yar­los siem­pre y lu­char por ellos. Y yo veo po­cas vo­ces po­ten­tes que lo ha­gan.

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