Cuan­do Massó se ade­lan­tó a las gran­des me­jo­ras la­bo­ra­les

Una de las gran­des con­ser­ve­ras de Eu­ro­pa ya te­nía un re­gla­men­to in­terno a fi­na­les del si­glo XIX Ellos y ellas no co­bra­ban lo mis­mo, pe­ro suel­dos y ho­ras ex­tra es­ta­ban por es­cri­to

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - EMPRESAS - Gladys Váz­quez

Hay que echar la vis­ta muy atrás pa­ra re­vi­sar la historia de Massó en Ga­li­cia. Sal­va­dor Massó y Pa­lau lo em­pe­za­ba to­do cuan­do en 1816 re­ca­ló en Bueu. El nom­bre de su pri­mer pro­yec­to lo de­cía to­do: era la fá­bri­ca de sa­la­zón La Per­fec­ción. Se po­nía en mar­cha uno de los mo­to­res de cam­bio de la eco­no­mía ga­lle­ga. Co­mo ex­pli­ca la pro­fe­so­ra Lui­sa Mu­ñoz Abe­le­do, en Gé­ne­ro,tra­ba­jo y ni­ve­les de vi­da en la in­dus­tria con­ser­ve­ra de Ga­li­cia, en 1883 Sal­va­dor Massó, ani­ma­do por sus hi­jos Gas­par y Sal­va­dor, se pa­só a la con­ser­va. Eran los ci­mien­tos de una de las ma­yo­res em­pre­sas con­ser­ve­ras del si­glo XX en Es­pa­ña y Eu­ro­pa. Massó Her­ma­nos fue pio­ne­ra en téc­ni­ca con su cá­ma­ra fri­go­rí­fi­ca, lí­nea te­le­fó­ni­ca o ta­lle­res. Tam­bién en con­di­cio­nes la­bo­ra­les. «So­bre to­do no Fran­quis­mo cum­prían ben as po­lí­ti­cas pa­ter­na­lis­tas. Pe­ro si, fo­ron moi avan­za­dos», ex­pli­ca Lui­sa Mu­ñoz. Mu­cho an­tes de te­ner más de 1.500 em­plea­dos y de que exis­tie­se la fac­to­ría de Can­gas (1942), Massó ya te­nía un re­gla­men­to in­terno. «En 1884 se re­dac­ta el pri­me­ro. Fue co­pia­do por otras con­ser­ve­ras», cuen­ta Co­va­don­ga Ló­pez de Pra­do, di­rec­to­ra del Mu­seo Massó. «Lo re­ci­bían en mano to­dos los tra­ba­ja­do­res», aña­de Ma­nuel Al­dao, que lle­gó a ser je­fe de per­so­nal. «En el re­gla­men­to de 1930 ya apa­re­cían las ho­ras ex­tra» Un re­gla­men­to que fue más allá de las nor­mas de com­por­ta­mien­to. «Los je­fes no que­rían obre­ros anal­fa­be­tos. Al­go que no im­por­ta­ba mu­cho en la épo­ca. En Can­gas, en 1939 se creó una es­cue­la pa­ra que los tra­ba­ja­do­res apren­die­sen a leer y a es­cri­bir».

Massó tam­bién te­nía guar­de­ría. «En 1945, con la Se­gu­ri­dad So­cial, apa­re­cen las asis­ten­tas so­cia­les. Massó tu­vo la pri­me­ra en Ga­li­cia. Se preo­cu­pa­ba por co­no­cer las cir­cuns­tan­cias de ca­da ca­sa. Su gran lo­gro fue la guar­de­ría». No era po­ca co­sa. La ma­yo­ría del per­so­nal era fe­me­nino, el úl­ti­mo y peor pa­ga­do es­la­bón de la ca­de­na, pe­ro mano de obra cla­ve. «Las ma­dres po­dían ir a dar el pe­cho. Ha­bía per­so­nal pa­ra cui­dar a los niños. Se ade­lan­ta­ron 20 años», dice Al­dao. «Yo tam­bién aña­di­ría la es­cue­la pa­ra los hi­jos de los em­plea­dos y las be­cas de es­tu­dios», coigual, men­ta Co­va­don­ga.

Re­fe­ren­te fue­ron tam­bién las vi­vien­das. «Ha­bía ho­tel pa­ra sol­te­ros y ca­sas uni­fa­mi­lia­res pa­ra las fa­mi­lias. To­das con huer­ta», ex­pli­ca.

Los sa­la­rios tam­bién es­ta­ban fi­ja­dos por es­cri­to. In­clu­so las ho­ras ex­tra. «En los pues­tos cua­li­fi­ca­dos, ade­más del suel­do, se re­ci­bía otra can­ti­dad. No era el ca­so de las mu­je­res. Des­pués, las ho­ras de do­min­go eran al 150 %». De la bre­cha en­tre hom­bres y mu­je­res dan fe Leo­ni­des y Do­sin­da, dos ve­ci­nas de Xo­ve que tra­ba­ja­ron en la ba­lle­ne­ra de Mo­rás. «Eles aten­dían as má­qui­nas e subían o pei­xe. Nos tra­ta­ba­mos a car­ne e o acei­te. Non co­bra­ba­mos pe­ro era o me­llor que ha­bía», dice Do­sin­da. Leo­ni­des em­pe­zó a tra­ba­jar en Mo­rás con 23 años. «Ha­bía días de máis de oi­to ho­ras. Pe­ro as ex­tra es­ta­ban moi ben pa­ga­das», ex­pli­ca a sus 67 años, aún con buen re­cuer­do de sus je­fes. «Don Ro­ber­to, ti­ña un can. Can­do vi­ña vi­xiar que fa­cia­mos, man­da­ba ao can dian­te. Pa­ra que o ví­se­mos an­tes de que che­ga­se el por se es­ta­ba­mos dei­ta­das», se ríe. Es el relato fe­liz de aque­llos que en­con­tra­ron un tra­ba­jo más allá de la agri­cul­tu­ra y la pes­ca. Era la dé­ca­da de los 60. Aún fal­ta­ban 30 años pa­ra que Massó em­pe­za­se un ca­mino de no re­torno. En 1994 ce­só su ac­ti­vi­dad.

| ARCHIVO HISTÓRICO

Ya fue­se en los cen­tros de Mo­rás, Bueu, Can­gas o Ca­ne­li­ñas, las mu­je­res fue­ron per­so­nal fun­da­men­tal en la ac­ti­vi­dad de Massó

LA PRI­ME­RA ASISTENTA SO­CIAL. Ana Ma­ría So­to se ocu­pa­ba de co­no­cer las con­di­cio­nes de vi­da de las em­plea­das. Pro­pu­so la crea­ción de la guar­de­ría. En los 30 tra­ba­ja­ban ya en Massó 600 mu­je­res y me­nos de 100 hom­bres.

VI­VIEN­DAS Y HO­TEL. Los sol­te­ros y sol­te­ras se que­da­ban en la hos­pe­de­ría y las fa­mi­lias te­nían ca­sa con huer­ta. En el re­gla­men­to te­nían por es­cri­to las nor­mas de con­vi­ven­cia y los ser­vi­cios. Ca­da año se pre­mia­ba a la ca­sa me­jor cui­da­da.

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