Que no nos en­ga­ñen

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - VENANCIO SALCINES

El miér­co­les por la tar­de, el pre­si­den­te Sán­chez afir­ma: «Va­mos a mo­di­fi­car la ley que re­gu­la el im­pues­to so­bre trans­mi­sio­nes pa­tri­mo­nia­les y ac­tos ju­rí­di­cos do­cu­men­ta­dos pa­ra que sea la ban­ca, y nun­ca más el clien­te, quien pa­gue el im­pues­to». A mí, es­te postureo me pue­de, en se­rio que me pue­de, pe­ro el que ya me des­bor­da de­fi­ni­ti­va­men­te es el de Pa­blo Igle­sias, que en la es­tra­te­gia de yo más, afir­ma: «No es su­fi­cien­te, la ban­ca tie­ne que de­vol­ver el di­ne­ro a las fa­mi­lias». Pe­ro, va­mos a ver, el di­ne­ro, ¿dón­de es­tá? En las ar­cas au­to­nó­mi­cas, ¿no? Y el mar­co le­gal, ¿quién lo ela­bo­ró? El Es­ta­do ¿no? Pues se­rá es­te, en úl­ti­ma ins­tan­cia, el cul­pa­ble. ¿O aca­so lo tie­nen los ban­cos en sus cuen­tas? Ah, no, el Es­ta­do no va a po­ner un du­ro. ¡Por Dios! ¡El Es­ta­do! Es­to sí que es una he­ren­cia de la dic­ta­du­ra. Lle­va­mos cua­ren­ta años de fran­quis­mo y otros cua­ren­ta de de­mo­cra­cia pen­san­do que el Es­ta­do nun­ca se equi­vo­ca, que si al­go le sa­le mal es por cul­pa de las ma­nos su­cias que se apro­xi­man a él. Tan­to lo he­mos sa­cra­li­za­do que vi­vi­mos en un per­fec­to sín­dro­me de Es­to­col­mo. ¿Cuán­do rom­pe­re­mos las ca­de­nas?

Va­mos a por la ban­ca, a por ella, otra vez. Es­te es el gri­to. Se lo me­re­cen, les he­mos da­do mi­les de mi­llo­nes. Bueno, a las en­ti­da­des fi­nan­cie­ras sí, a la ban­ca, no. El res­ca­te fue a la ban­ca pú­bli­ca, las ca­jas de aho­rro, esas en­ti­da­des car­ga­das de ne­po­tis­mo y con un ejér­ci­to de po­lí­ti­cos ser­vi­les a sus pies. «¿Que su es­po­sa es­tá en el pa­ro? No se preo­cu­pe, aho­ra se la ubi­ca­mos en una ofi­ci­na cer­ca de ca­sa. ¿Que a la em­pre­sa de su cu­ña­do le cues­ta ob­te­ner cré­di­to? Tran­qui­lo, al­go se ha­rá». Es a ese ti­po de en­ti­da­des fi­nan­cie­ras a las que se res­ca­tó y, al ha­cer­lo, no se le dio oxí­geno a sus di­ri­gen­tes, que se lo pre­gun­ten a los car­ce­le­ros de Ga­yo­so. No, se res­ca­tó a los im­po­si­to­res, a los de­po­si­tan­tes, a ellos les sal­va­mos sus aho­rros. Y sí, por­que en otro país se hu­bie­ra pa­ga­do el agu­je­ro con el sal­do de la clien­te­la y des­pués, sal­da­mos y ha­bla­mos. ¿Quién pa­gó el res­ca­te del Po­pu­lar? ¿El Es­ta­do? Pues eso.

El im­pues­to de ac­tos ju­rí­di­cos do­cu­men­ta­dos tie­ne en­tre sus ob­je­ti­vos gra­var la com­pra de un in­mue­ble. Ese es su fin prin­ci­pal y, si lo re­dac­ta­ron mal o re­gu­lar, no de­ja de ser más que un pro­ble­ma de re­dac­ción, la fi­na­li­dad del Es­ta­do era cla­ra. Así que si Pa­blo Igle­sias con­si­de­ra una in­jus­ti­cia que lo abo­ne­mos, ya sa­be, que apro­ve­che la ba­rra libre de Sán­chez y le exi­ja que lo re­ti­re del ma­pa de tri­bu­tos. ¡Ah, no! Que lo pa­ga­rá la ban­ca y no el pue­blo. Me due­le el oí­do so­lo de es­cu­char­lo. A la ban­ca hay que de­cir­le que com­pre el di­ne­ro y des­pués nos lo ven­da, y pun­to. Así sa­bre­mos real­men­te cuán­to nos es­tá car­gan­do por nues­tro cré­di­to. Si le de­ci­mos que asu­ma car­ga fis­cal, lo que va a ha­cer es en­ca­re­cer el cré­di­to. Y en­tra­re­mos en lo de siem­pre, el clien­te in­for­ma­do y con ca­pa­ci­dad de ne­go­cia­ción se­rá ca­paz de neu­tra­li­zar el efec­to, pe­ro el res­to, que es la in­men­si­dad del país, ve­rá có­mo se en­ca­re­ce la com­pra de su vi­vien­da, y to­do, ¿por qué? ¿Por unos ti­tu­la­res opor­tu­nos en un mo­men­to opor­tuno? Lo que no po­de­mos es es­tar per­ma­nen­te­men­te en­ga­ñan­do a la po­bla­ción con dis­cur­sos fá­ci­les. El pue­blo es­pa­ñol no es es­tú­pi­do, no pue­de ser­lo, no de­be ser­lo.

El pro­ble­ma del al­qui­ler es un ejem­plo de ello. Se es­tig­ma­ti­zó al pro­pie­ta­rio, se nin­gu­neó su se­gu­ri­dad ju­rí­di­ca y, en pa­ra­le­lo, se di­fi­cul­tó la pro­mo­ción de vi­vien­das. Re­sul­ta­do, ya lo sa­be. Lo pue­de ver en Ma­drid, Pam­plo­na, Má­la­ga, Ma­llor­ca… Y en bre­ve lo ve­rá en A Coruña y en Vigo. An­tes de dos años es­ta­rá ocu­rrien­do en las gran­des ca­pi­ta­les ga­lle­gas. Pe­ro es­te país es así, ya no que­da ideo­lo­gía, so­lo po­lí­ti­cos de bo­te­llón, de esos que creen que el éxi­to se ba­sa en dar el tra­go más lar­go. Por Dios, que ha­ya elec­cio­nes ya.

| ÓS­CAR DEL PO­ZO

Sán­chez ha de­ci­di­do que sea la ban­ca el que pa­gue el im­pues­to de las hi­po­te­cas.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.