¿Nos da­mos un ba­ño?

La Voz de Galicia (A Coruña) - Salud - - Mascotas - TEX­TO: MAR­TA OTE­RO

¿CA­DA CUÁN­TO HAY QUE BA­ÑAR AL PE­RRO? Pues de­pen­de. No to­das las ra­zas son igua­les, pe­ro los ex­per­tos ase­gu­ran que el mi­to de que lo ideal es ha­cer­lo una vez al mes no es cier­to. Un ba­ño a la se­ma­na pue­de ser be­ne­fi­cio­so pa­ra la ma­yo­ría de los ca­nes.

No hay una nor­ma úni­ca que de­ter­mi­ne ca­da cuán­to tiem­po tie­nes que ba­ñar a tu pe­rro, aun­que ca­da vez me­nos ex­per­tos apo­yan la creen­cia de que lo ideal es ha­cer­lo una vez al mes o in­clu­so ca­da dos me­ses. La ra­za, el es­ti­lo de vi­da y el pe­la­je del ani­mal son de­ter­mi­nan­tes a la ho­ra de es­ta­ble­cer los há­bi­tos de hi­gie­ne. «En ge­ne­ral hay co­mo una le­yen­da ur­ba­na que pa­re­ce que es­tá co­mo muy me­ti­da en la ca­be­za de la gen­te y que habla de que a los pe­rros so­lo se les pue­de ba­ñar una vez al mes —ex­pli­ca Ca­ro­lin Fe­rrer, de la Clí­ni­ca Pe­lu­xa, de Pon­te­ve­dra—, pe­ro real­men­te no es cier­to ». La ex­per­ta ase­gu­ra que no hay una fre­cuen­cia per­fec­ta pe­ro que una vez al mes pue­de es­tar bien aun­que «en ge­ne­ral a un pe­rro sano lo pue­des ba­ñar cuan­do quie­ras, pe­ro tam­po­co ha­ce fal­ta es­tar to­do el día a ello».

Por su­pues­to, los pro­duc­tos que se uti­li­zan son im­por­tan­tes pa­ra que la hi­gie­ne sea co­rrec­ta. «Evi­den­te­men­te —ase­gu­ra— hay que te­ner cui­da­do con qué lo ba­ñas, y no se pue­den uti­li­zar ja­bo­nes pa­ra per­so­nas, sino pro­duc­tos que es­tén pre­pa­ra­dos pa­ra pe­rros. Ade­más aho­ra hay mu­chos ani­ma­les con pro­ble­mas der­ma­to­ló­gi­cos, y en es­tos ca­sos a ve­ces ne­ce­si­tan ba­ñar­se día si y día no con un cham­pú es­pe­cial que for­me par­te de un tra­ta­mien­to mé­di­co». Otra par­te im­por­tan­te del aseo pe­rruno es el ce­pi­lla­do, al­go que con­vie­ne ha­cer con fre­cuen­cia, por­que «pa­ra man­te­ner una bue­na ca­li­dad del pe­lo es fun­da­men­tal ce­pi­llar­los con asi­dui­dad».

Yorks­hi­re y gol­den

Aun­que el ta­ma­ño no im­por­ta, sí que hay di­fe­ren­cias en­tre ra­zas a la ho­ra del ba­ño, so­bre to­do por el ti­po de pe­la­je. «Por ejem­plo, los yorks­hi­re tie­nen un pe­lo que tie­ne mu­cha ten­den­cia a po­ner­se más gra­so —aña­de Fe­rrer—, y en ese ca­so es re­co­men­da­ble la­var­los un po­co más a me­nu­do, eso sí, con un cham­pú que con­tro­le un po­co el ex­ce­so de se­bo». En el ca­so de al­gu­nas ra­zas gran­des, co­mo los gol­den y otras si­mi­la­res, los cui­da­dos son di­fe­ren­tes por el ti­po de pe­lo. «Es­tos pe­rros tie­nen dos ti­pos de pe­lo: uno lar­go que ve­mos por fue­ra y el sub­pe­lo, que es co­mo una la­na que tie­ne de­ba­jo. Yo no re­co­mien­do an­dar­los ba­ñan­do cons­tan­te­men­te, es pre­fe­ri­ble un ce­pi­lla­do dia­rio, si ha­ce fal­ta, pa­ra eli­mi­nar ese sub­pe­lo y que ellos es­tén lim­pi­tos y es­tán bien». El es­ti­lo de vi­da tam­bién cuen­ta: no es lo mis­mo vi­vir en un piso que al ai­re li­bre, sin pi­sar la ca­sa. «Ob­via­men­te, si es­tá den­tro de ca­sa el pe­rro no pue­de es­tar muy su­cio si quie­res man­te­ner unas mí­ni­mas nor­mas de hi­gie­ne, por­que en al­gu­nos ca­sos duer­men con­ti­go, aun­que sea en su ca­mi­ta. Cla­ro, eso de­pen­de de lo hi­gié­ni­co que sea ca­da uno. Y si el pe­rro es­tá en una fin­ca tam­po­co tie­nes que des­cui­dar­lo, pe­ro a lo me­jor es cier­to que no tie­ne que es­tar tan im­po­lu­to».

Los ga­tos

Lo que no es un mi­to en ab­so­lu­to es el po­co amor de los ga­tos por el agua. «Es cier­to que los ga­tos tie­nen muy po­qui­ta ne­ce­si­dad de ba­ño y, en ge­ne­ral, si que es cier­to que no les gus­ta el agua ni que los la­ven. Se asus­tan mu­cho. Los pe­rros tie­nen una ca­rác­ter muy di­fe­ren­te. A un ga­to el he­cho de me­ter­lo en el agua y en­cen­der el se­ca­dor des­pués le pro­vo­ca mu­chí­si­mo es­trés. Ade­más, los há­bi­tos de aci­ca­la­mien­to que tie­nen los ga­tos no son los mis­mos que los de los pe­rros. Ellos to­dos los días se es­tán la­van­do. Aún así el te­ma del ce­pi­lla­do es muy im­por­tan­te, y mu­cho más en el ca­so de ga­tos de cier­tas ra­zas co­mo el per­sa o así, que ne­ce­si­tan un ce­pi­lla­do cons­tan­te».

En los ga­tos, que se asean mu­cho, es im­por­tan­te el te­ma del ce­pi­lla­do

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