Le­so­to lo lla­man la 'Sui­za afri­ca­na'. Y con ra­zón. Gra­cias a su ca­rác­ter mon­ta­ño­so, las tri­bus que allí se re­fu­gia­ron so­bre­vi­vie­ron a los in­va­so­res zu­lúes y aca­ba­ron crean­do el úni­co país en­cla­va­do den­tro de otro.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Conocer Antropología -

En el si­glo XX sir­vió de es­ca­pa­to­ria y san­tua­rio pa­ra los opo­si­to­res del apart­heid per­se­gui­dos por el Go­bierno ra­cis­ta de la ve­ci­na Su­dá­fri­ca. Hoy la su­per­vi­ven­cia de Le­so­to vuel­ve a es­tar en pe­li­gro, ase­dia­do por otros enemi­gos: el cam­bio cli­má­ti­co, el si­da y el pa­ro. Le­so­to es una ra­re­za. Un pe­que­ño reino en el sur de Áfri­ca so­lo ap­to pa­ra re­co­rrer­lo a ca­ba­llo. Sus gen­tes tie­nen fa­ma de ser ex­tre­ma­da­men­te ama­bles y or­gu­llo­sas y se pre­cian de que su reino nun­ca fue con­quis­ta­do. Pe­ro la vida no es fá­cil allí. El ca­len­ta­mien­to glo­bal es­tá ha­cien­do es­tra­gos. Se­gún la ONU, 700.000 de sus dos mi­llo­nes de ha­bi­tan­tes pa­de­cen in­se­gu­ri­dad ali­men­ta­ria por cul­pa de la se­quía. Pe­ro co­mo no es una emer­gen­cia a cor­to pla­zo no ge­ne­ra ti­tu­la­res. El país na­ció en 1820, cuan­do el rey Mos­hoes­hoe I unió a las tri­bus ba­so­to pa­ra de­fen­der­se de los ata­ques de los zu­lúes. Los ba­so­to se hi­cie­ron fuer­tes en una al­ti­pla­ni­cie si­tua­da a unos 30 ki­ló­me­tros de la ca­pi­tal ac­tual, Ma­se­ru, y que re­ci­bió el nom­bre de la Mon­ta­ña de la No­che. Hoy es un lu­gar de pe­re­gri­na­ción, pues allí es­tán en­te­rra­dos to­dos los re­yes de Le­so­to. En 1868, el mo­nar­ca pi­dió ayu­da a Gran Bre­ta­ña con­tra los ca­ní­ba­les. Lon­dres acu­dió a la lla­ma­da de so­co­rro, pe­ro a cam­bio con­vir­tió a Le­so­to en un pro­tec­to­ra­do du­ran­te un si­glo. La in­de­pen­den­cia lle­gó en 1966. El so­be­rano ac­tual es Let­sie III, y so­lo tie­ne fun­cio­nes ce­re­mo­nia­les. Le­so­to es­tá to­tal­men­te ro­dea­do por Su­dá­fri­ca. Mu­chos de sus ha­bi­tan­tes cru­za­ban a dia­rio la fron­te­ra pa­ra ir a tra­ba­jar, pe­ro la de­va­lua­ción del rand (la mo­ne­da sud­afri­ca­na) los ha de­ja­do sin em­pleo. El 20 por cien­to de la po­bla­ción ha emi­gra­do. Los hom­bres se bus­can la vida en las mi­nas de oro, cu­yas

Sus gen­tes tie­nen fa­ma de or­gu­llo­sas. Se pre­cian de que su reino nun­ca fue con­quis­ta­do

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