Desa­yuno de do­min­go con…

Saúl Cra­viot­to.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario -

Xl­se­ma­nal. Cuen­ta en su li­bro que an­tes de pi­ra­güis­ta qui­so ser fut­bo­lis­ta. Saúl Cra­viot­to. El fútbol era lo que más me gus­ta­ba, pe­ro asu­mí que no era lo mío por­que vi­vía en el ban­qui­llo: era un po­co tor­pe con el ba­lón. XL. Po­cos ga­na­ron me­da­llas en tres Jue­gos se­gui­dos, ¿es más di­fí­cil ga­nar Mas­te­rchef? S.C. ¡Pa­ra mí, sí! Se me da mu­cho me­jor la pa­la. An­tes de Mas­te­rchef, so­lo ha­cía pas­ta, en­sa­la­das, car­ne a la plan­cha… Por eso fui cua­tro me­ses al res­tau­ran­te de un ami­go [Ca­sa Ge­rar­do, de Mar­cos Morán, una es­tre­lla Mi­che­lin] pa­ra que me en­se­ña­ra y me die­ra una bue­na ba­se. XL. Aun­que el pro­gra­ma es­tá gra­ba­do, se sa­be que ya es fi­na­lis­ta. ¿Ga­na us­ted...? S.C. Mi gen­te in­ten­ta son­sa­car­me tam­bién quién ga­na­rá y, pa­ra ani­mar­me, me di­cen que quie­ren que sea yo. So­lo pue­do ade­lan­tar que la fi­nal es bru­tal: en ella se pal­pa la enor­me ten­sión que hay. XL. Di­ce que so­lo re­cuer­da ha­ber llo­ra­do dos ve­ces en su vi­da, cuan­do fa­lló en una pre­se­lec­ción y cuan­do ga­nó el oro en Río. S.C. Soy una pie­dra y me cues­ta

ex­te­rio­ri­zar los sen­ti­mien­tos, pe­ro Mas­te­rchef me ha sa­ca­do otra la­gri­mi­ta por­que me han to­ca­do la fi­bra [son­ríe]. XL. De los pi­ra­güis­tas se ha­bla unos días ca­da cua­tro años, pe­ro des­de que es­tá en Mas­te­rchef lo re­co­no­ce to­do el mun­do. S.C. Es cier­to, pe­ro no me sien­ta mal ni me arre­pien­to de mi pa­so por el con­cur­so. He lle­ga­do a un pú­bli­co di­fe­ren­te que, gra­cias al pro­gra­ma, ha des­cu­bier­to que soy me­da­llis­ta olím­pi­co. XL. Si co­mo po­li­cía de­tie­ne a al­guien que lo re­co­no­ce y le pi­de un au­tó­gra­fo, ¿qué ha­ce? S.C. A raíz de las me­da­llas de Río y de Mas­te­rchef, al­gún de­te­ni­do me ha re­co­no­ci­do. Así que, por se­gu­ri­dad, me han cam­bia­do de turno y sa­ca­do de la ca­lle: es pe­li­gro­so que te re­co­noz­can. XL. ¿Por qué se hi­zo po­li­cía na­cio­nal si le iba muy bien en el de­por­te? S.C. Por­que no se pue­de vi­vir so­lo del pi­ra­güis­mo, y lo di­go yo... que ten­go cua­tro me­da­llas olím­pi­cas. XL. ¿Es más ren­ta­ble ser po­li­cía? S.C. Hoy ten­go ayu­das, pa­tro­ci­na­do­res y be­cas, no me pue­do que­jar, pe­ro no me da pa­ra aho­rrar. Na­die se de­di­ca al pi­ra­güis­mo por di­ne­ro. Re­ma­ría in­clu­so por la mi­tad: es mi pa­sión. Y ser po­li­cía na­cio­nal siem­pre me ha gus­ta­do mu­cho. XL. Sus pa­dres aún vi­ven en Lé­ri­da, ¿có­mo vi­ve us­ted el pro­ble­ma ca­ta­lán? S.C. Mal. Soy y me sien­to ca­ta­lán, es­toy or­gu­llo­so de ser­lo y, por su­pues­to, soy y me sien­to es­pa­ñol y, ade­más, soy po­li­cía na­cio­nal: el pack com­ple­to. Ya es­tá bien de cris­pa­ción, es­pe­ro que es­te su­flé ba­je; nos es­tán vol­vien­do lo­cos a to­dos.

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