¿Por qué es­tá de mo­da el agua­ca­te?

FU­ROR POR EL VER­DE El ali­men­to se ha con­ver­ti­do en un man­tra de la vi­da sana que tras­pa­sa el ám­bi­to de la die­ta. Una fie­bre por el oro ver­de que ra­ya en lo des­me­su­ra­do.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - ASABER - TEX­TO: MI­LA MÉN­DEZ

So­lo, par­ti­do a la mi­tad, tro­cea­do en ro­da­jas, es­par­ci­do so­bre una tos­ta­da, en una en­sa­la­da, en gua­ca­mo­le, pa­ra el desa­yuno, el brunch o la me­rien­da. Hay mil for­mas de pre­sen­tar­lo. La red so­cial Ins­ta­gram es su me­jor es­ca­pa­ra­te. Los in­fluen­cers lo han ele­va­do a la ca­te­go­ría de sím­bo­lo. So­lo hay que con­tar el nú­me­ro de pu­bli­ca­cio­nes en Ins­ta­gram ti­tu­la­das con su nom­bre en in­glés, avo­ca­do, pa­ra ha­cer­se una idea. ¡Más de cin­co mi­llo­nes de fo­tos! A pe­sar de su ele­va­do pre­cio, es la es­tre­lla de las fru­te­rías. Pue­de lle­gar a cos­tar más de cin­co eu­ros el ki­lo. En Es­pa­ña he­mos pa­sa­do de im­por­tar 34.000 to­ne­la­das en el 2012 a ca­si 73.000 en el 2016 se­gún la Fe­de­ra­ción Es­pa­ño­la de Pro­duc­to­res y Ex­por­ta­do­res de Fru­tas y Hor­ta­li­zas. Sus fans lo pre­sen­tan co­mo un su­per­ali­men­to. Al­gu­nas es­tre­llas co­mo la his­trió­ni­ca Mi­ley Cy­rus se lo han ta­tua­do.

¿Por qué tan­ta de­vo­ción? «Es cier­to que es una mo­da, pe­ro es una mo­da po­si­ti­va… ¡si te lo pue­des per­mi­tir!», di­ce la nu­tri­cio­nis­ta Fátima Bran­co. Lo que no se le pue­de ne­gar son sus pro­pie­da­des ali­men­ti­cias: tie­ne pro­teí­nas, lí­pi­dos, hi­dra­tos de car­bono, fi­bra, cal­cio, hie­rro, zinc, mag­ne­sio, so­dio, fós­fo­ro, po­ta­sio… «Él so­lo reúne el áci­do olei­co del acei­te de oli­va, la vi­ta­mi­na A del to­ma­te, la C de la na­ran­ja, el cal­cio del yo­gur y el áci­do fó­li­co de las es­pi­na­cas», ex­pli­ca la nu­tri­cio­nis­ta.

Pe­ro eso no quie­re de­cir que sea un su­per­ali­men­to. «¡No exis­ten los su­per­ali­men­tos! So­lo lo es la le­che ma­ter­na, y has­ta los seis me­ses de edad del be­bé. El agua­ca­te es com­ple­to pe­ro no per­fec­to. No tie­ne por ejem­plo Vi­ta­mi­na B12, esen­cial pa­ra la die­ta y de origen ani­mal», apun­ta Bran­co. Es la ex­cep­ción de las fru­tas, tie­ne mu­chas pro­teí­nas y po­cos azú­ca­res, pe­ro no por eso po­de­mos co­mer­lo sin con­trol. «Lo ideal es unas dos ve­ces a la se­ma­na. Aun­que sus gra­sas son sa­nas, moin­sa­tu­ra­das, tam­bién tie­ne mu­chas ca­lo­rías», ad­vier­te Fátima.

Al igual que su­ce­dió con la ave­na, la se­mi­lla de chía, el pan de es­pel­ta o los arán­da­nos, es­ta fru­ta con for­ma de pe­ra es la nue­va ma­don­na por cu­yas co­se­chas se pe­lean has­ta los cár­te­les me­xi­ca­nos. Ne­ce­si­ta mu­cha agua pa­ra cre­cer y no llegan los te­rre­nos pa­ra tan­ta de­man­da. Un fa­mo­so columnista aus­tra­liano lle­gó a afir­mar que los

mi­llen­nials de su país po­drían aho­rrar pa­ra com­prar una ca­sa so­lo con lo que se gas­tan en tos­ta­das de agua­ca­te. «Se con­su­me mu­cho por­que se pro­du­ce mu­cho», in­di­ca Bran­co. Eu­ro­pa es el con­ti­nen­te que más lo im­por­ta. Por paí­ses, EE. UU. li­de­ra la ta­bla ela­bo­ra­da por la FAO. Des­de que en 1997 el Con­gre­so es­ta­dou­ni­den­se le­van­tó el em­bar­go a Mé­xi­co, su prin­ci­pal pro­duc­tor, la ex­pan­sión de la gas­tro­no­mía la­ti­na ha si­do im­pa­ra­ble. El már­ke­ting ha­ce el res­to. Bran­co apun­ta otra causa: «Ha­ce unos años las ma­las eran las gra­sas. Las cul­pa­ron de la obe­si­dad. Aho­ra el pro­ble­ma se es­tá cen­tran­do más en los azú­ca­res. Las gra­sas ve­ge­ta­les han me­jo­ra­do su pu­bli­ci­dad. Las han de­ja­do vol­ver a la die­ta». ¿Un im­pres­cin­di­ble de la des­pen­sa? «Si ves que es­tá muy ca­ro o no te gus­ta, pa­ra na­da», con­clu­ye. Si nun­ca lo has pro­ba­do y te vas a lan­zar a por él es­tos días, un par de con­se­jos: nun­ca lo guar­des en la ne­ve­ra si aún no es­tá ma­du­ro. Pa­ra sa­ber si ya lo es­tá, una fór­mu­la es sa­car­le el ra­bi­to y com­pro­bar su co­lor. Si es ver­de to­da­vía no ha ma­du­ra­do. Si es­tá ama­ri­llo, en­ton­ces, es­tá lis­to pa­ra co­mer. Si ya es ma­rrón eso quie­re de­cir que se ha pa­sa­do. En el ca­so de que no su­cum­bas an­te la agua­ca­te­ma­nía, no te preo­cu­pes. Que las fo­tos de Ins­ta­gram no con­di­cio­nen tus gus­tos.

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