Debbie y Carrie Fisher, un adiós de pe­lí­cu­la

CUAN­DO LA VI­DA ES AR­TE Has­ta el fi­nal de sus días, ma­dre e hi­ja su­pie­ron lo que era un buen espectáculo: hoy lle­ga a HBO un do­cu­men­tal pro­ta­go­ni­za­do por am­bas.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DE CINE - TEX­TO: AN­TÍA DÍAZ LEAL

Un día. Fue to­do lo que pu­do re­sis­tir la oc­to­ge­na­ria Debbie Reynolds a la muer­te de su hi­ja. Carrie Fisher ocu­pa­ba las por­ta­das de me­dio mun­do, so­bre­co­gi­do por el adiós a la princesa Leia, cuan­do des­per­ta­mos con la no­ti­cia de que su ma­dre, la chi­ca que ro­bó el co­ra­zón de Ge­ne Kelly en Can­tan­do ba­jo la llu­via, se ha­bía ido tam­bién. Y la ca­be­za de los pe­li­cu­le­ros vo­ló has­ta Pos­ta­les des­de el fi­lo: ni en el úl­ti­mo sus­pi­ro ha­bían si­do ca­pa­ces de de­jar de ri­va­li­zar en­tre ellas por el ta­ma­ño del ti­tu­lar. Co­mo si vi­vie­sen en una es­ce­na de es­ta pe­lí­cu­la es­cri­ta por Fisher so­bre su pro­pia no­ve­la, co­mo en aque­lla fies­ta en la que Shir­ley Ma­cLai­ne (la ma­dre) pi­de a Meryl Streep (la hi­ja) que can­te. Streep-Fisher, que no que­ría ni fies­ta ni vi­vir con su ma­dre, can­ta a re­ga­ña­dien­tes un tris­te You don’t know me (No

me co­no­ces). Y sin que ha­ga fal­ta in­sis­tir, la ma­dre se su­ma al show con una reivin­di­ca­ti­va ver­sión de I’m still he­re

(Aún es­toy aquí)... por si al­guien, hi­ja in­clui­da, te­nía al­gu­na du­da.

LA VI­DA BA­JO LOS FO­COS

La com­ple­ja re­la­ción de Reynolds y Fisher siem­pre fue pú­bli­ca. Dis­tin­guir en­tre la vi­da pri­va­da y la vi­vi­da ba­jo los fo­cos era com­pli­ca­do. En sus li­bros, en sus mo­nó­lo­gos, en sus guio­nes... Carrie Fisher uti­li­zó, en el me­jor sen­ti­do del tér­mino, su vi­da co­mo la me­jor crea­ción de su ca­rre­ra. Era in­te­li­gen­te, des­len­gua­da, di­ver­ti­da, au­to­crí­ti­ca y du­ra. Con­si­go mis­ma y con su ma­dre. Di­jo una vez que sim­ple­men­te lle­gó un mo­men­to en el que no que­ría ser la hi­ja de Debbie Reynolds. Y su ma­dre re­co­no­ció, años des­pués, que lo ha­bía con­se­gui­do de al­gu­na ma­ne­ra: por­que don­de quie­ra que ella fue­se, ya no era Debbie, tan so­lo la ma­dre de la princesa Leia. Y es­to que so­na­ba a re­pro­che, Reynolds tam­bién lo apro­ve­chó en su ca­rre­ra: en uno de sus es­pec­tácu­los en Las Ve­gas, se pre­sen­ta­ba así. La fa­ma, las dro­gas, el al­cohol, la en­fer­me­dad men­tal y las re­la­cio­nes sen­ti­men­ta­les de do­mi­nio pú­bli­co mi­na­ron la re­la­ción en­tre am­bas. Pe­ro la mez­cla de amor y de­pen­den­cia era tan fuer­te que, tras una dé­ca­da sin ha­blar­se, vol­vie­ron a es­tar jun­tas. In­clu­so co­mo ve­ci­nas. Tal vez por­que una no pue­de es­co­ger quién es su ma­dre. O tal vez por­que siem­pre pue­de ser peor... co­mo le es­pe­ta Ma­cLai­ne a Streep en la pe­lí­cu­la, ¿pre­fe­ri­rías que tu ma­dre fue­se Joan Craw­ford? Fisher de­cía que no que­ría que su vi­da imi­ta­se al ar­te, sino que su vi­da fue­ra ar­te. La fra­se, tal cual, es­tá en el guion. Co­mo sus adic­cio­nes y las de su ma­dre, co­mo el amor que de­bían sen­tir la una por la otra, a pe­sar de la in­com­pre­sión mu­tua.

Ha­ce dos años, el Sin­di­ca­to de Ac­to­res re­co­no­cía la ca­rre­ra de la ve­te­ra­na Debbie Reynolds. Fue Carrie, cla­ro, quien la pre­sen­tó. De ella di­jo que era mu­cho más que una ma­dre: es­ti­lis­ta no so­li­ci­ta­da, decoradora de in­te­rio­res y con­se­je­ra ma­tri­mo­nial. Y re­co­no­ció que fue di­fí­cil com­par­tir a su ma­dre con sus se­gui­do­res, que la tra­ta­ban co­mo par­te de su fa­mi­lia. Ha­bía en su pre­sen­ta­ción mu­cho res­pe­to, pe­ro tam­bién mu­cha ironía. La mis­ma con la que su ma­dre re­cor­dó lo feo que era su mo­ño en Can­tan­do ba­jo la

llu­via. «Ten cui­da­do con los pei­na­dos, le di­je a Carrie. Afor­tu­na­da­men­te, Geor­ge Lu­cas le pu­so dos. Gra­cias, Geor­ge», sol­tó Debbie.

SHOW POST MOR­TEM

Ni si­quie­ra fa­lle­ci­das las dos de­ja­rán de ser per­so­na­jes pú­bli­cos. Co­mo no hay bus­si­nes co­mo el show bus­si­nes, hoy mis­mo (y tam­bién en Es­pa­ña) HBO es­tre­na­rá el do­cu­men­tal so­bre am­bas que iba a lan­zar en pri­ma­ve­ra. ¿Có­mo era su re­la­ción en la actualidad, su vi­da de ve­ci­nas, sus re­cuer­dos, sus re­pro­ches, có­mo se en­fren­ta­ban las dos a la en­fer­me­dad men­tal de Carrie? Bright Lights: Sta­rring Debbie Reynolds and Carrie Fisher les da­rá voz en el úl­ti­mo (y póstumo) ca­pí­tu­lo del apa­sio­nan­te espectáculo, quién sa­be si in­vo­lun­ta­rio, que fue su vi­da.

UNA VI­DA DE CI­NE Meryl Streep y Shir­ley Ma­cLai­ne y bor­da­ron sus pa­pe­les de ma­dre e hi­ja en es­ta tra­gi­co­me­dia es­cri­ta por Carrie Fisher so­bre su com­pli­ca­da vi­da fa­mi­liar.

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