LA CLA­VE DE LA WI­FI TIE­NE SU GRA­CIA

TO­DO POR LA WI­FI En mu­chos lo­ca­les in­for­man me­dian­te un car­tel pe­ga­do a la pa­red. En otros no que­da más re­me­dio que pre­gun­tar al camarero «¿me pue­des dar la con­tra­se­ña de la wi­fi?» Nor­mal­men­te es el nom­bre del bar y al­gún nú­me­ro, pe­ro las hay ori­gi­na­les y

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: PABLO PORTABALES

ES­TAS NO LAS OL­VI­DAS

res­pues­ta me de­jó he­la­do. «Es­toy har­to de que me la pi­dan», con­tes­tó el due­ño del bar. Al ver que mi ca­ra se que­da­ba co­mo un rou­ter apa­ga­do y an­tes de que le pu­die­se ex­pli­car que era un pe­rio­dis­ta ne­ce­si­ta­do de co­nec­ti­vi­dad aña­dió «es­toy­har­to­de­que­me­la­pi­dan, to­do jun­to y con mi­nús­cu­las». Re­cu­pe­ra­do del sus­to te­cleé la ori­gi­nal con­tra­se­ña del bar de Pa­tos, Ni­grán, don­de su­ce­dió es­to. Co­nec­té. Hay otras en las que el hos­te­le­ro apli­ca la fi­na iro­nía a la con­tra­se­ña, co­mo el

be­bey­pa­ga de un bar de Ou­ren­se, o el pi­de­teun­ca­fé de una cer­ve­ce­ría co­ru­ñe­sa. Más su­ti­les son en otro res­tau­ran­te her­cu­lino: pon­meun­chu­pi­to y más di­rec­tos en otro de Be­tan­zos to­ma­teal­go. Hay quien jue­ga con el nom­bre del es­ta­ble­ci­mien­to co­mo ti­raou­tra­vez que se uti­li­za en el Ti­ra do Cor­del de Fis­te­rra. En una piz­ze­ría de Ce­dei­ra la con­tra­se­ña es la­sag­na­de­car­ne, aun­que aho­ra no re­cuer­do si era la­sa­ña. En un res­tau­ran­te de A Illa de Arou­sa arroz­con­bo­ga­van­te. Y, de nue­vo en Be­tan­zos, en­con­tra­mos un arroz­con­chi­cha­ros. Lo que no sue­le va­riar es lo de to­do jun­to y con mi­nús­cu­las, aun­que hay al­gu­nas ex­cep­cio­nes. En un ca­fé de París el hom­bre de de­trás de la ba­rra es­cri­bió en un pa­pel una lar­ga pa­la­bra en fran­cés cuan­do un clien­te le pi­dió la cla­ve de wi­fi. La tra­duc­ción se­ría se­pi­de­por­fa­vor. En es­te ca­so el hos­te­le­ro in­di­có en cas­te­llano y con gra­cia fran­ce­sa, «con ma­yús­cu­las».

¿Una O o un 0?

Pa­ra no lle­gar a har­tar­se de de­cir claves de ac­ce­so a to­dos los que la so­li­ci­tan en mu­chos lo­ca­les de­ci­die­ron pe­gar un car­tel con el nom­bre de usua­rio y la con­tra­se­ña. In­clu­so hay hos­te­le­ros que in­clu­yen los da­tos en la car­ta. Lo ha­bi­tual es que sea el nom­bre de la ca­fe­te­ría y un nú­me­ro, que lo más nor­mal sue­le ser el año de inau­gu­ra­ción del es­ta­ble­ci­mien­to. En los ba­res no su­ce­de co­mo en ca­sa, don­de hay que te­clear una re­tahí­la de ci­fras y nú­me­ros, en­tre ellos los ce­ros y las oes, que ya po­dían pres­cin­dir de ellas a la ho­ra de ha­cer es­tas com­bi­na­cio­nes por­que siem­pre te asal­ta la du­da de si es un 0 o se tra­ta de una O. Pe­ro la ima­gi­na­ción es­tá en los ba­res con con­tra­se­ñas del ti­po

no­te­la­doy, non­me­raies o una que tar­das un ra­to en te­clear el­to­ri­toe­na­mo­ra­do­de­la­lu­na. Co­nec­tan­do, leo en el smartp­ho­ne.

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