ROSSY DE PAL­MA

“DE DI­VA NO TEN­GO NA­DA, SOY UNA OBRE­RA MÁS”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: VIR­GI­NIA MA­DRID

es mu­cha Rossy. Mu­jer de rom­pe y ras­ga y ac­triz de ra­za. Di­ce lo que pien­sa, sin im­por­tar­le el qué di­rán y es atre­vi­da don­de las ha­ya. Poe­ta, ar­te­sa­na y ar­tis­ta, así se de­fi­ne es­ta mu­jer de pier­nas ki­lo­mé­tri­cas y na­riz pi­cas­sia­na que to­ca to­dos los pa­los con gran­des do­sis de crea­ti­vi­dad e in­ge­nio. Ci­ne, tea­tro, mo­da, per­for­man­ces, ma­qui­lla­jes… Pe­ro re­co­no­ce que su lu­gar es el es­ce­na­rio: «Es don­de más có­mo­da me sien­to y me­jor me lo pa­so». Y su me­jor re­com­pen­sa: el aplau­so del pú­bli­co. «Es una in­yec­ción de ale­gría». Aun­que co­no­ció la gloria con Mu­je­res al bor­de de

un ata­que de ner­vios, ase­gu­ra: «Ni el éxi­to ni el fra­ca­so nos lle­van a nin­gún la­do». Fran­cia, Italia, y No­rue­ga la re­cla­man aho­ra. La chi­ca Al­mo­dó­var no tie­ne freno. «Soy muy osa­da, siem­pre di­go ade­lan­te», con­fie­sa. —¡Qué bien lu­ces pierna y es­co­te en «El can­tor de Mé­xi­co»! La ope­re­ta que aca­bas de in­ter­pre­tar en el tea­tro de la Zar­zue­la de Ma­drid. —Sí. Me va, me va. ¿Ver­dad? El bri­llo, la plu­ma y el ta­co­na­zo en el es­ce­na­rio es lo mío. Es una fun­ción tan divertida, tan bo­ni­ta vi­sual­men­te, con esos de­co­ra­dos tan es­pec­ta­cu­la­res y ese vestuario tan gla­mu­ro­so, y es ade­más, tan re­con­for­tan­te com­pro­bar có­mo el pú­bli­co se lo pa­sa ge­nial y se mar­cha a ca­sa con una son­ri­sa; que ha si­do un gus­ta­zo vol­ver a ha­cer es­te es­pec­tácu­lo aquí en Ma­drid, des­pués de que lo es­tre­na­ra ha­ce on­ce años en Pa­rís. —In­ter­pre­tas a Eva Mars­hall, una di­va del ci­ne, bas­tan­te in­so­por­ta­ble y ego­cén­tri­ca. — ¡Me­nu­da pá­ja­ra! Me lo pa­so tan bien. Es una bru­ja que vi­ve pa­ra lu­cir mo­de­li­tos, dis­fru­tar de sus gua­pos aman­tes, via­jar y tra­ba­jar lo me­nos po­si­ble. Es muy di­ver­ti­do ha­cer de ma­la y po­der exa­ge­rar su ca­rác­ter, por­que aho­ra las ac­tri­ces es­ta­mos siem­pre con­te­ni­das con la ma­yo­ría de los per­so­na­jes.

—¿Y tú qué tie­nes de di­va? —Yo de di­va na­da de na­da. Yo soy una obre­ra, una com­pa­ñe­ra más a la ho­ra de tra­ba­jar. —Tu per­so­na­je es una mu­jer de ar­mas to­mar. ¿Tú tam­bién gas­tas ese ge­nio y ese ca­rác­ter? —Ten­go lo mío, la ver­dad. No me muer­do la len­gua, di­go lo que pien­so y ten­go cla­ro lo que quie­ro y lo que no, que ya es bas­tan­te. —Da la im­pre­sión de que eres una mu­jer muy ‘echá pa’lan­te’. ¿Eres así? —Sí, soy osa­da y atre­vi­da. Una se arre­pien­te en la vida de lo que no ha he­cho, de lo que se ha que­da­do atrás. De for­ma que yo pro­cu­ro no de­jar co­sas pen­dien­tes y así no ten­go que pe­dir­me cuen­tas por lo que no hi­ce o de­jé de ha­cer. —Y ade­más, te atre­ves con to­do. Tan pron­to te ve­mos en la gran pan­ta­lla, que co­mo mu­sa des­fi­lan­do o co­mo aho­ra so­bre un es­ce­na­rio ac­tuan­do y has­ta can­tan­do. ¿Te gus­tan los re­tos?

—No soy de re­tos. No tra­ba­jo an­gus­tia­da, to­do lo que ha­go me apa­sio­na, me d vier­te y me en­ri­que­ce. El es­ce­na­rio es do de más có­mo­da me sien­to y me­jor me pa­so. El ci­ne es fan­tás­ti­co, pe­ro me int re­sa más lo que pa­sa de­trás, mien­tras rue­da. To­do lo que vives an­tes de rod los pre­pa­ra­ti­vos, los en­cla­ves de las s cuen­cias, hay tan­to. Eso me fas­ci­na. Lu go el re­sul­ta­do de la pe­lí­cu­la y la va­lor ción que ha­ga la crí­ti­ca y el pú­bli­co, c mo ya es­ta­mos me­nos im­pli­ca­dos los a to­res, me es más ajeno. —Por cier­to, ¿có­mo has vi­vi­do la exp rien­cia de can­tar so­bre el es­ce­na­rio La Zar­zue­la, que han pi­sa­do fi­gu­ras d can­to co­mo Plá­ci­do Domingo o Te­re Ber­gan­za? —Soy muy osa­da y siem­pre di­go ad lan­te. Es­tu­dié bel can­to, pe­ro es tan d fí­cil co­mo el ba­llet, que ne­ce­si­ta muc dis­ci­pli­na y años. Así que ti­ro de la m si­ca­li­dad que ten­go. Mi ma­dre can­ta es­tu­pen­da­men­te, yo lo he­re­dé de ella mi hija lo ha he­re­da­do. Ade­más, com mi per­so­na­je es muy ma­la ac­triz tamp co tie­ne por qué can­tar bien. Yo aprov cho pa­ra ha­cer lo que me da la ga­na p ra que el pú­bli­co se di­vier­ta. —Un gé­ne­ro el de la lí­ri­ca don­de n eres nue­va. Ya par­ti­ci­pas­te en «La hi del re­gi­mien­to» y en Mi­lán hi­cis­te ta bién «La ópe­ra de los tres pe­ni­ques ¿Qué te re­ga­la im­pli­car­te en pro­yect ope­rís­ti­cos? —El mun­do de la lí­ri­ca da mu­chas sa­ti fac­cio­nes, dis­fru­tas mu­cho del po­der de la orquesta, de ver­te ro­dea­da de es ba­rí­to­nos tan po­ten­tes. Es un subidón, ver­dad. Yo creo que hay que te­ner pod río es­cé­ni­co pa­ra par­ti­ci­par en un es­pe tácu­lo co­mo la ópe­ra, y yo, a es­tas alt ras, no lo voy a ne­gar, lo ten­go. —Tra­ba­jas en Fran­cia, Italia, Mé­xi­co en bre­ve te mar­chas a No­rue­ga pa­ra re li­zar una per­for­man­ce. ¿Sien­tes que tra­ba­jo se va­lo­ra más fue­ra que en cas —Có­mo me va­lo­ren los de­más, me da mis­mo. Lo im­por­tan­te es có­mo me val ro yo a mí mis­ma. —Aca­bas de es­tre­nar la pe­lí­cu­la «T Toc» y tie­nes pen­dien­tes va­rios pro­ye tos en Fran­cia. Es­tás en ra­cha. ¿Qué i por­tan­cia le das al éxi­to? —Ni el éxi­to ni el fra­ca­so nos lle­van a ni gún la­do. Me in­tere­sa el res­pe­to que ti ne la gen­te de mí co­mo ac­triz. Ade­más, éxi­to y el fra­ca­so son muy re­la­ti­vos. Ti nes épo­cas en las que es­tás más lu­min sa y otras más os­cu­ras. Lo im­por­tan­te no te­ner cuen­tas pen­dien­tes ni an­dar c re­pro­ches, to­do eso afea mu­cho la vid

—Se te ve muy prác­ti­ca y muy po­si­tiv

—¡Cla­ro! Po­si­ti­va y agra­de­ci­da de mi familia, mis hi­jos, mi pro­fe­sión. Ce­le­bro que vi­vo en un uni­ver­so crea­ti­vo ma­ra­vi­llo­so y que es­toy fe­liz en mi lim­bo ar­tís­ti­co. —En­ton­ces, ¿cuál es la me­jor re­com­pen­sa de tu ofi­cio? —El aplau­so del pú­bli­co es ma­ra­vi­llo­so, es una in­yec­ción de ale­gría in­creí­ble. Ver, des­de el es­ce­na­rio, a la gen­te can­tar, al fi­nal de es­te es­pec­tácu­lo, dan­do pal­mas y son­rien­do es un lu­jo, un subidón fan­tás­ti­co. Me voy a ca­sa con­ten­ta y sa­tis­fe­cha. —Pe­ro se­gu­ro que ha­brás pa­sa­do al­gu­na épo­ca os­cu­ra ¿ver­dad? —En lo personal sí, en el tra­ba­jo no. Has­ta en las épo­cas os­cu­ras sa­len co­sas bo­ni­tas y be­llas. Las pe­nas nos ha­cen avan­zar. Ese es el con­tras­te de la vida. —¿Y a qué te afe­rras­te? ¿Có­mo de­jas­te atrás esa eta­pa os­cu­ra? —Me afe­rré a la gra­ti­tud. Me de­bo a mis hi­jos. Co­mo lec­ción de vida ha­cia ellos no po­día de­jar­me lle­var. Les in­cul­co que sean fie­les a sí mis­mos, que se amen bien, que se cui­den y que no se trai­cio­nen.

—Por cier­to, ¿có­mo es­tás en el amor?

—Es­toy fe­liz.

—¿Qué es pa­ra ti la fe­li­ci­dad? —La fe­li­ci­dad son es­ta­dos sen­ci­llos. La vida te re­ga­la mo­men­tos pre­cio­sos y hay que apro­ve­char­los.

—De pe­que­ña es­cri­bías poe­sías. —Sí. Es­cri­bía poe­sías de desamor con ape­nas 6 años, que mi abue­la guar­da­ba co­mo oro en pa­ño. Y co­mo en El ma­go de

Oz, me di cuen­ta de que hay otro mun­do, un mun­do pro­so­po­pé­yi­co y da­daís­ta que no es dón­de es­tás, pe­ro sí dón­de es­ta­rás.

—Pe­ro aban­do­nas­te pron­to los es­tu­dios. —Sí, en 3.º de BUP y en po­co tiem­po em­pe­cé con el gru­po Peor Im­po­si­ble con el que vi­ví la movida ma­dri­le­ña, cuan­do co­no­cí a Pedro y mi vida dio un gran gi­ro.

—¿Qué sig­ni­fi­ca Pedro Al­mo­dó­var? —Es un re­co­no­ci­mien­to glo­bal. No me ima­gino sin él. Es co­mo mi pa­dre ci­ne­ma­to­grá­fi­co. Por eso, cuan­do me llama pa­ra tra­ba­jar, ahí es­toy. Ten­go dos bue­nos Pe­dros en mi vida. Mi pa­dre bio­ló­gi­co y mi pa­dre ci­ne­ma­to­grá­fi­co.

—¿Qué se te re­sis­te? —¡Hum! No sé. Aho­ra es­toy pre­pa­ran­do un nue­vo pro­yec­to. Un li­bro so­bre la ge­ni­ta­li­dad fe­me­ni­na. Un te­ma muy in­tere­san­te y con el que es­pe­ro apren­der mu­cho y que gus­te al pú­bli­co fe­me­nino.

—¿Tu ob­je­ti­vo hoy es? —Pa­rar­me y so­se­gar­me, que tam­bién dis­fru­to mu­cho. —Si te di­cen Rossy de Pal­ma. ¿Qué res­pon­des? —No me con­si­de­ro ac­triz. Soy poe­ta, ar­te­sa­na y ar­tis­ta.

FO­TO: PACO NA­VA­RRO

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