Tu­ve que pa­rar. No te­nía na­da que con­tar”

Ha vuel­to a re­cu­pe­rar la ilu­sión y se le no­ta. Pe­ro no ocul­ta lo que ha pa­sa­do. Los dos años que se ha man­te­ni­do apar­ta­do de los es­ce­na­rios para asi­mi­lar to­do el ma­te­rial que te­nía en su ca­be­za y que aca­bó por pa­sar­le fac­tu­ra. Aho­ra, con las pi­las car­ga­da

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE - TEXTO: MA­RÍA VIDAL

Con Pa­blo no hay dis­tan­cias. Ni la del te­lé­fono, ni la de en­tre­vis­ta­dor-en­tre­vis­ta­do. Es­ta con­ver­sa­ción po­día ha­ber te­ni­do lu­gar en un bar o en el so­fá de su ca­sa de Má­la­ga. Y esa sen­ci­llez y hu­mil­dad le ha va­li­do mu­chas ve­ces la eti­que­ta de ni­ño bueno, un per­fil en el que no aca­ba de re­co­no­cer­se. «Si soy más tras­te aho­ra que an­tes», di­ce el ma­la­gue­ño que re­gre­sa a los es­ce­na­rios des­pués de un pa­rón ne­ce­sa­rio. Des­de que en el 2010 col­gó un ví­deo en YouTu­be se de­jó lle­var. Y tan­to. Aca­bó va­cío y ago­ta­do men­tal­men­te, pe­ro su­po pi­sar el freno y apar­car. Aho­ra, dos años des­pués, vuel­ve a arran­car el co­che, aun­que pro­me­te que no se sal­ta­rá nin­gu­na se­ñal.

—Re­gre­sas pro­me­tien­do ¿qué?

—Es una pro­me­sa ha­cia mí mis­mo y ha­cia los de­más. Ha­cia mi pú­bli­co de que me mo­ri­ré can­tan­do y a mí mis­mo de dis­fru­tar y de pa­sár­me­lo bien, ha­cien­do lo que más me gus­ta, que es es­to, y no de­jar que pa­se un mi­nu­to de mi vi­da más co­mién­do­me el ta­rro, por­que soy un pri­vi­le­gia­do.

—¿Vuel­ve el mis­mo Pa­blo?

—No lo sé. He he­cho lo que he que­ri­do, co­sas que an­tes no ha­bía he­cho, y no he pen­sa­do lo que iba a pa­sar. Creo que ha si­do cla­ve.

—¿Te da­ba igual el re­sul­ta­do?

—No, pe­ro sí ne­ce­si­ta­ba ex­plo­rar y lo mis­mo se pue­de en­con­trar un reg­gae, mú­si­ca elec­tró­ni­ca o la co­sa más or­gá­ni­ca que he he­cho en mi vi­da. Has­ta aho­ra la gen­te ha co­no­ci­do cua­tro o cin­co can­cio­nes, un te­ma piano y voz, un te­ma con rit­mos ur­ba­nos... y no he de­ja­do de ser yo.

—Hay amor, pe­ro tam­bién in­dig­na­ción. Una fa­ce­ta tuya que no ha­bía­mos vis­to has­ta aho­ra.

—No la ha­bíais vis­to por­que no la ha­bía mos­tra­do, pe­ro siem­pre he si­do una per­so­na que vi­ve la reali­dad y que me gus­ta em­pa­ti­zar con lo que su­ce­de a mi al­re­de­dor, y en es­te dis­co hay si­tio para una can­ción. Es un ca­ra a ca­ra con el po­der, con la de­silu­sión, con la co­rrup­ción, con la men­ti­ra, con el dis­fraz, por­que al fi­nal el que tie­ne po­der es el que ca­si siem­pre nos de­cep­cio­na. Es una co­la­bo­ra­ción con Alejandro Sanz, lo que ha­ce que el gri­to sea más fuer­te to­da­vía.

—¿Hay in­ten­ción de ale­jar­se del ro­man­ti­cis­mo?

—Nooo. A ver, el sen­ti­do del ro­man­ti­cis­mo co­mo tal, la gen­te pue­de pen­sar...

—Me re­fie­ro del amor, desamor, de los sen­ti­mien­tos...

—Noo, uno no se pue­de ale­jar de al­go que es inevi­ta­ble, de al­go que mue­ve el mun­do por mu­cho que a uno le dé pu­dor re­co­no­cer­lo.

—«Sa­turno» y «No va­ya a ser» son dos ex­tre­mos del ál­bum. ¿Hay una evo­lu­ción en­tre uno y otro?

—Yo he que­ri­do mos­trar que el dis­co tie­ne más co­sas. An­tes de pre­sen­tar los dos sin­gles ha­bía un po­qui­to de in­cer­ti­dum­bre por­que no sa­bían có­mo iba a fun­cio­nar, es al­go que ha­cen ar­tis­tas in­ter­na­cio­na­les pe­ro que es nue­vo aquí. Yo ve­nía de es­tar quie­te­ci­to y qui­se que la gen­te vie­ra co­sas nue­vas. Ha sa­li­do muy bien, y han po­di­do ver que Sa­turno re­cuer­da un po­co a lo que he he­cho has­ta aho­ra y No va­ya a ser es un pa­so más. Al fi­nal, lo que im­por­ta es ha­cer mú­si­ca, mú­si­ca y más mú­si­ca, y cuan­do es­cu­chen el dis­co que si­gan vien­do sor­pre­sas.

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