“Vi­vi­mos la ju­ven­tud en la me­jor dé­ca­da”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DE GENTE - TEX­TO: PA­TRI­CIA GAR­CÍA

CUM­PLEN 50 Lo cuen­tan a YES quie­nes se es­tre­nan en esa edad. La vida es un sus­pi­ro, por eso es im­por­tan­te sa­car­le to­do el ju­go. Lo sa­ben los que es­tán a pun­to de pa­sar a la dé­ca­da do­ra­da. Que sí, que pa­sa volando, que sí, que hay co­sas que uno ya no pue­de ha­cer co­mo a los 20, pe­ro «cum­plir años mo­la», di­cen. ¡Esa es la fi­lo­so­fía!

«Se me pa­só en un sus­pi­ro, es­to es un co­rre que te pi­llo». Ál­va­ro re­fle­xio­na so­bre el pa­so que es­tá a pun­to de dar. El 15 de mar­zo cam­bia­rá de dé­ca­da. Y no de una dé­ca­da cual­quie­ra. Los 50 no le pe­san, se sien­te en for­ma. No hay más que ver­lo sal­tan­do en la pla­ya de las Ga­vio­tas, en Noia, con su cu­ña­do Emi­lio. Por cier­to, otro más de la ge­ne­ra­ción del 68. «A mí me to­ca el 5 de oc­tu­bre». Son ami­gos des­de ha­ce años, tra­ba­jan jun­tos en la em­pre­sa fa­mi­liar con­fec­cio­nes Hor­ten­sia-Ma­ri­na Ri­vei­ro, prac­ti­can de­por­te jun­tos y com­par­ten anéc­do­tas de una mis­ma épo­ca. «No sé có­mo vi­vie­ron en EE.UU. los 70 y to­do el te­ma de los hip­pies, pe­ro yo sí pue­do de­cir que vi­ví una de las me­jo­res: los 80», re­cuer­da Emi­lio con emo­ción. La pi­lló de pleno. «En esa épo­ca em­pe­za­mos a sa­lir, fue el bum. Era una épo­ca de mu­cha crea­ti­vi­dad, re­cuer­do a Tino Ca­sal, que fue un ade­lan­ta­do a su épo­ca. La Bru­ja Ave­ría, Si­nies­tro To­tal…», a Emi­lio le sa­le la emo­ción por los po­ros.

Dis­fru­tó de su ju­ven­tud en Noia, don­de se crio. «Ha­bía otro ti­po de mo­vi­da, la gen­te era muy ani­ma­da, se ha­cía mu­cha vida en la ca­lle. Éra­mos una bue­na pan­da: en el ins­ti­tu­to ha­bía cua­tro cla­ses de ca­si 40 alum­nos, ¡un mon­tón», re­cuer­da Emi­lio. Lo pa­sa­ron tan bien que es­tán pen­san­do en re­unir­se pa­ra ce­le­brar los 50. «Es­ta­mos in­ten­tan­do or­ga­ni­zar una ce­na, es una épo­ca bo­ni­ta y hay que ce­le­brar­la», ase­gu­ra.

Emi­lio se sien­te jo­ven, no le pe­san los años. «Cum­plir años mo­la, so­bre to­do si las clien­tas me si­guen echan­do me­nos años de los que ten­go. El día que pa­se lo con­tra­rio ya no me gus­ta­rá tan­to», bro­mea. Le en­can­ta prac­ti­car de­por­te. De siem­pre fue un enamo­ra­do del ci­clis­mo. «Me en­can­ta­ba Vi­cen­te Bel­da, era mi ído­lo de ju­ven­tud». Des­pués em­pe­zó a co­rrer. Tam­bién le da a la ve­la, que prac­ti­ca con su cu­ña­do Ál­va­ro.

Cum­plir el mis­mo año que el Rey mar­ca. «Soy de la ge­ne­ra­ción de la mi­li y so­mos de la mis­ma quin­ta. En­tre los com­pa­ñe­ros siem­pre co­men­tá­ba­mos que éra­mos de la pro­mo­ción de Fe­li­pe, que nos ha­bía­mos li­cen­cia­do con el que iba a ser el rey de Es­pa­ña», re­cuer­da. Emi­lio vol­ve­ría a ha­cer la mi­li una y otra vez: «¡Qué bien me lo pa­sé. Fue­ron unas vacaciones. Hi­ce ami­gos, me lo pa­sé muy bien y me reí mu­chí­si­mo! Los 50 mo­lan. Hay mu­chos re­cuer­dos. Y mu­cho por ha­cer». Emi­lio es­tá ca­sa­do con una de las her­ma­nas de Ál­va­ro. Con los pies en la are­na, es­te úl­ti­mo re­fle­xio­na so­bre lo vi­vi­do. «Has­ta aho­ra no me ha­bía pa­ra­do a pen­sar en lo que sig­ni­fi­ca­ba cum­plir 50 años. Pe­ro es in­creí­ble có­mo co­rre la vida». Es­tá sa­tis­fe­cho y lo di­ce en voz al­ta: «Voy a cum­plir 50 años con dos hi­jos maravillosos, una mu­jer es­tu­pen­da y unos pa­dres in­creí­bles. No pue­do pe­dir na­da más». En es­tos úl­ti­mos años ha vis­to có­mo sus hi­jos cum­plían los 18 y se iban a es­tu­diar fue­ra de ca­sa. No quie­re ha­cer pla­nes a lar­go pla­zo, pre­fie­re vi­vir el mo­men­to. «Mis pla­nes a par­tir de aho­ra son… ¡Dis­fru­tar de un buen ve­rano! Con ir día a día me bas­ta», re­co­no­ce.

Ál­va­ro se sien­te jo­ven. «Qui­zá ten­ga al­go que ver que tam­bién me re­la­ciono con gen­te más jo­ven. Me di­cen mu­chas ve­ces ‘no me di­gas que eres del 68, pe­ro si fu­la­ni­to tie­ne trein­ta y pi­co y pa­re­ce mu­cho ma­yor!». Le gus­ta prac­ti­car de­por­te, man­te­ner­se en for­ma. Es ahí don­de no­ta la pri­me­ra di­fe­ren­cia en­tre los 50 que vi­vie­ron sus pa­dres y los su­yos. «Mi mu­jer Cristina va al gim­na­sio y a mí me gus­ta cui­dar­me. Y aun­que mi pa­dre ya en su épo­ca ju­ga­ba al fút­bol, es­to es di­fe­ren­te. Nos cui­da­mos, sa­li­mos a to­mar al­go con los ami­gos el vier­nes…». To­da­vía no sa­be qué ha­rá pa­ra ce­le­brar el me­dio si­glo de vida, pe­ro su ma­dre ya se ha ade­lan­ta­do al gran día: «Me re­ga­ló de sor­pre­sa un ál­bum con fotos de to­da la vida, se me sal­ta­ron las lá­gri­mas cuan­do lo vi por­que re­cor­dé mu­chas co­sas que ha­bía vi­vi­do y que, aun­que no las ha­bía ol­vi­da­do, no las te­nía tan pre­sen­tes en la me­mo­ria». Sí, cum­plir 50 pue­de ser emo­cio­nan­te.

Los 50 son ge­nia­les. Hay mu­chos re­cuer­dos y mu­cho por ha­cer”

FO­TO: MAR­COS CREO

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