Vi­mian­zo y Mu­xía son los úni­cos con­ce­llos de la Cos­ta da Mor­te con ayu­das a la na­ta­li­dad

En el mu­ni­ci­pio mu­xián apor­tan mil eu­ros por hi­jo des­de ha­ce más de un de­ce­nio

La Voz de Galicia (Carballo) - - PORTADA - JUAN V. LA­DO / S. G.

La caí­da de po­bla­ción es uno de los prin­ci­pa­les pro­ble­mas de la Cos­ta da Mor­te, así que las me­di­das pú­bli­cas de­be­rían ir en­ca­mi­na­das a fre­nar ese ba­jón, que sue­le es­tar en mil per­so­nas me­nos ca­da año de me­dia (hay al­tos y ba­jos) en los úl­ti­mos tres lus­tros. Sin em­bar­go, no es así. Las úni­cas que lle­gan pa­ra fo­men­tar la na­ta­li­dad son las que pue­da ofre­cer el Go­bierno cen­tral o au­to­nó­mi­co.

Los con­ce­llos, con las ex­cep­cio­nes de Mu­xía y Vi­mian­zo, no las pre­vén. No de ma­ne­ra di­rec­ta, aun­que es cier­to que en to­dos hay be­cas, en ma­yor o me­nor cuan­tía, pa­ra ma­te­rial es­co­lar, ma­trí­cu­las o des­pla­za­mien­tos. Pe­ro las sub­ven­cio­nes es­co­la­res, en las que pri­ma la ren­ta y si­tua­ción fa­mi­liar a la ho­ra de con­ce­der­las, for­man par­te de un pa­que­te más am­plio de me­di­das so­cia­les que ya vie­nen de tiem­po atrás. De he­cho, el pio­ne­ro en la con­ce­sión di­rec­ta de una can­ti­dad por hi­jo fue Mu­xía. Ya no en la Cos­ta da Mor­te, sino in­clu­so de los pio­ne­ros de Ga­li­cia, ha­ce ya un de­ce­nio. No es al­go ex­clu­si­vo de es­ta zo­na: en el 2011, me­nos de 30 con­ce­llos ga­lle­gos otor­ga­ban es­tas sub­ven­cio­nes di­rec­tas.

Ca­sos con­cre­tos

Las ayu­da al fo­men­to de la na­ta­li­dad na­cie­ron pa­ra fre­nar la caí­da de­mo­grá­fi­ca, tal vez por eso tu­vie­ron más in­ci­den­cia en So­nei­ra y Fis­te­rra (aun­que el pro­ble­ma tam­bién se pro­du­ce en va­rios de Ber­gan­ti­ños, aun­que Car­ba­llo y A La­ra­cha re­sis­ten muy bien en cuan­to a ci­fras glo­ba­les). En So­nei­ra, Vi­mian­zo es el úni­co con­ce­llo que ofre­ce ayu­das por na­ci­mien­to, adop­ción y aco­gi­da de ni­ños. Lle­va ya mu­chos años ha­cién­do­lo, la con­vo­ca­to­ria sa­le por es­tas fe­chas jun­to con las be­cas pa­ra ma­te­rial es­co­lar, ro­pa y cal­za­do —de he­cho el pla­zo es­tá abier­to has­ta el día 28— y se en­mar­can den­tro de una es­tra­te­gia po­lí­ti­ca más glo­bal. Evi­den­te­men­te na­die en el Ayun­ta­mien­to cree que con so­lo con es­to se va­ya a re­ver­tir el en­ve­je­ci­mien­to po­bla­cio­nal, pe­ro sí que es­tán po­nien­do des­de el go­bierno mu­cho én­fa­sis en fa­vo­re­cer con­di­cio­nes de vi­da (programación de­por­ti­va, cul­tu­ral, ser­vi­cios so­cia­les...) que fa­vo­rez­can que los ve­ci­nos pue­dan ac­ce­der a re­cur­sos si­mi­la­res a los de po­bla­cio­nes más gran­des y, por tan­to, se es­ta­blez­can en la lo­ca­li­dad.

En Ca­ma­ri­ñas, co­mo re­cuer­da el al­cal­de, Ma­nuel Va­le­riano

Alon­so, tu­vie­ron es­tas ayu­das du­ran­te al­gu­nos años y, de he­cho, es­tán in­tere­sa­dos en re­to­mar­las por­que fue de lo pri­me­ro que tu­vie­ron que re­cor­tar a con­se­cuen­cia de la cri­sis eco­nó­mi­ca y los pro­ble­mas de en­deu­da­mien­to que te­nía el Con­ce­llo de los que se es­tá recuperando. Ca­ma­ri­ñas fue el se­gund mu­ni­ci­pio que las pu­so en mar­cha, des­de ma­yo del 2008.

En la co­mar­ca de Fis­te­rra el ejem­plo en es­te sen­ti­do lo da Mu­xía,

por­que des­de que es­tá en el go­bierno el PSOE, con Fé­lix Por­to al fren­te, se fi­ja to­dos los años una ayu­da in­va­ria­ble de 1.000 eu­ros por ca­da hi­jo. Aquí sí que la me­di­da re­sis­tió a los en­vi­tes de la cri­sis y se man­tie­ne hoy en día. En res­to de mu­ni­ci­pios de la zo­na lo úni­co que re­cuer­dan en es­te sen­ti­do, co­mo se­ña­la el re­gi­dor de Cee, Ra­món Vi­go, son los pla­nes es­ta­ta­les del pri­mer go­bierno de Za­pa­te­ro en los que, eso sí, eran los ayun­ta­mien­tos

los que rea­li­za­ban las ges­tio­nes per­ti­nen­tes.

El te­ma de la na­ta­li­dad no es ha­bi­tual ni en los pro­gra­mas po­lí­ti­cos ni en los de­ba­tes ple­na­rios. Con ex­cep­cio­nes. En fe­bre­ro del 2008, el en­ton­ces por­ta­voz so­cia­lis­ta de Fis­te­rra, Juan Bou­llo­sa, pro­pu­so ayu­das de 3.000 eu­ros por na­ci­mien­to, ade­más de di­ver­sas can­ti­da­des pa­ra los es­tu­dian­tes has­ta los 24 años. El PP no la apo­yó, por ser muy gra­vo­sa pa­ra las ar­cas mu­ni­ci­pa­les.

ANA GAR­CÍA

Mónica y Alejandro, con sus tres hi­jos, en la ca­sa fa­mi­liar de Te­lla-Pon­te­ce­so.

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