Un in­cen­dio obli­ga a des­alo­jar a 16 ma­yo­res de la re­si­den­cia de A Es­tra­da

Las lla­mas afec­ta­ron a un cua­dro eléc­tri­co del só­tano y el hu­mo al­can­zó los dor­mi­to­rios

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - DEZA-TABEIRÓS - RO­CÍO GAR­CÍA

Cua­tro y vein­te de la ma­dru­ga­da. Sue­na la alar­ma de in­cen­dios en la re­si­den­cia de ma­yo­res de A Es­tra­da. La au­xi­liar de en­fer­me­ría que se en­cuen­tra al car­go por las no­ches se di­ri­ge ha­cia el só­tano y ve sa­lir hu­mo del cuar­to en el que se en­cuen­tran los cua­dros eléc­tri­cos. Aler­ta de in­me­dia­to a los ser­vi­cios de emergencias.

En cuan­to lle­gan, se ac­ti­va el pro­to­co­lo ha­bi­tual. Las lla­mas es­tán con­fi­na­das en una pe­que­ña ha­bi­ta­ción del só­tano en la que se en­cuen­tran los cua­dros eléc­tri­cos. Es una sa­la que se uti­li­za tam­bién co­mo des­pen­sa. A gol­pe de ex­tin­tor se apa­ga el fue­go. Pe­ro el abun­dan­te hu­mo se ha co­la­do por las es­ca­le­ras y ha bus­ca­do sa­li­da ha­cia arri­ba. Se acu­mu­la en la se­gun­da plan­ta, don­de se en­cuen­tran par­te de los dor­mi­to­rios de los residentes. Por pre­cau­ción se ha de­ci­di­do des­alo­jar el área. El cen­tro al­ber­ga a 37 residentes. Die­ci­sie­te tie­nen sus ha­bi­ta­cio­nes en la se­gun­da plan­ta, pe­ro una per­so­na se en­cuen­tra es­tos días con su fa­mi­lia, así que los eva­cua­dos son 16.

A cau­sa del in­cen­dio el edi­fi­cio se ha que­da­do sin te­lé­fono ni su­mi­nis­tro eléc­tri­co. El as­cen­sor no fun­cio­na. Se ayu­da a los an­cia­nos a ba­jar a la zo­na co­mún de la pri­me­ra plan­ta. Unos es­tán ner­vio­sos. Otros, pas­mo­sa­men­te tran­qui­los. «Se imos, imos to­dos», co­men­ta con fi­lo­so­fía una an­cia­na. Se abren puer­tas y ven­ta­nas y se usan po­ten­tes ven­ti­la­do­res pa­ra crear co­rrien­tes y des­alo­jar el hu­mo. So­bre las seis de la ma­ña­na to­do es­tá con­tro­la­do y los ma­yo­res pue­den re­gre­sar a ca­ma, aun­que al­guno ya se ha des­ve­la­do.

Por la ma­ña­na, la au­sen­cia de luz com­pli­ca los desa­yu­nos. Hay que echar mano de la co­ci­na de bu­tano y su­bir a pie des­de la co­ci­na de la plan­ta in­fe­rior los desa­yu­nos que nor­mal­men­te se en­vían al co­me­dor en un mon­ta­car­gas. Al­re­de­dor de las 11.00 ho­ras to­do ha aca­ba­do. Un nue­vo cua­dro eléc­tri­co pro­vi­sio­nal de­vuel- ve al cen­tro la cal­ma: ya hay luz, as­cen­sor, te­lé­fono y mon­ta­car­gas pa­ra el al­muer­zo. So­lo que­da pen­dien­te la re­pa­ra­ción del cuar­to en el que se pro­du­je­ron las lla­mas, en el que el te­cho y las pa­re­des han su­fri­do da­ños.

Un tras­la­do al cen­tro mé­di­co

El in­cen­dio —su­pues­ta­men­te pro­vo­ca­do por un cor­to­cir­cui­to— se sal­da sin he­ri­dos. Una mu­jer fue tras­la­da­da al cen­tro mé­di­co a cau­sa de la an­sie­dad y del es­fuer­zo rea­li­za­do al te­ner que ba­jar las es­ca­le­ras. No obs­tan­te, en­se­gui­da es­tá de vuel­ta sin ma­yo­res pro­ble­mas.

RO­BER AMA­DO

Las lla­mas afec­ta­ron al cuar­to don­de es­ta­ba el cua­dro eléc­tri­co, que es ade­más des­pen­sa.

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