Un se­gun­do de ve­rano

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - DEZA-TABEIRÓS - Ta­ma­ra Mon­te­ro

Es un se­gun­do. So­lo un se­gun­do. Ape­nas un se­gun­do. Na­da más que un se­gun­do. Ocu­rre en un se­gun­do. Ese se­gun­do. El se­gun­do en el que te des­pi­des de tu ami­go y echas a an­dar. En si­len­cio. No hay trá­fi­co. La luz, y el so­ni­que­te de la te­le­vi­sión, se es­ca­pa por al­gu­na ven­ta­na en­tre­abier­ta. Y te das cuen­ta de que no te has abro­cha­do la cha­que­ta, pe­ro que no im­por­ta. Es un se­gun­do. Po­co más que un se­gun­do. Ape­nas un se­gun­do. Ese se­gun­do en el que es­cu­chas la bri­sa ju­gue­tear en­tre las ra­mas de los ár­bo­les y eres cons­cien­te de que otra vez tie­nen ho­jas. Y de que tin­ti­nean con las cos­qui­llas del vien­to. Y a lo le­jos, las cer­ve­zas de más —o de me­nos— em­pu­jan ha­cia el cie­lo las pri­me­ras car­ca­ja­das, los pri­me­ros cho­ques de va­sos en las te­rra­zas. Y res­pi­ras hon­do. Y en­ton­ces, en so­lo un se­gun­do, ape­nas un se­gun­do, na­da más que un se­gun­do, eres cons­cien­te. Y as­pi­ras. Por­que hue­le dis­tin­to. No te ha­bías da­do cuen­ta has­ta ese mo­men­to, pe­ro hue­le dis­tin­to. Es el aro­ma que de­ja el ca­lor que des­pren­den de nue­vo las pie­dras, que se sa­cu­den me­ses de hu­me­dad cons­tan­te po­co a po­co. Hue­le a flo­res. A mar­ga­ri­tas pe­que­ñas sal­pi­can­do cual­quier tro­ci­to de cés­ped. A los bo­to­nes li­la de las cam­pa­ni­llas que se des­cuel­gan por los mu­ros. Al al­go­dón de los dien­tes de león que es­pe­ran a ser so­pla­dos. A he­la­do de cho­co­la­te y a hier­ba re­cién cor­ta­da. Es un se­gun­do. So­lo un se­gun­do. Ape­nas un se­gun­do. Na­da más que un se­gun­do. Ese se­gun­do en el que eres cons­cien­te de que se acer­ca sin ape­nas ha­cer rui­do. Co­mo un gato. Ese se­gun­do. Un se­gun­do an­tes del ve­rano.

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