«Los ni­ños in­ten­tan co­piar lo que ven a los pro­fe­sio­na­les»

Cree que los clu­bes de­ben apos­tar de ver­dad por­que el de­por­te hu­ya de la vio­len­cia

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - AROUSA - AN­TO­NIO GARRIDO

Alejandra Ro­drí­guez (Madrid, 1992) es el úl­ti­mo fi­cha­je del CLB. Un fi­cha­je es­pe­cial por­que es psicóloga. Una fi­gu­ra na­da ha­bi­tual por el mo­men­to en los clu­bes pe­ro que em­pie­za a ha­cer­se un hue­co en los cuer­pos téc­ni­cos, y que, vien­do lo que su­ce­de con cier­ta fre­cuen­cia en al­gu­nos acon­te­ci­mien­tos de­por­ti­vos con los com­por­ta­mien­tos de sus pro­ta­go­nis­tas, pa­re­ce más que ne­ce­sa­ria. —¿Su tra­ba­jo se cen­tra­rá más en los en­tre­na­do­res que en los ni­ños? —En prin­ci­pio es de ca­ra a los en­tre­na­do­res pe­ro sí que se pue­den ver ca­sos con­cre­tos de con­duc­tas de los ni­ños.

—¿Y la re­la­ción en­tre pa­dres y en­tre­na­do­res? Es­ta­mos vien­do in­ci­den­tes por to­dos la­dos... —Sí. Me pa­re­ce la­men­ta­ble. De he­cho hi­ce mi tra­ba­jo de fin de ca­rre­ra so­bre la vio­len­cia en el de­por­te de ba­se pe­ro creo que ten­go la suer­te de que en es­te club la fi­lo­so­fía del club y las de los pa­dres de los ju­ga­do­res coin­ci­den y, en prin­ci­pio, no ha­bría que ha­cer nin­gún tra­ba­jo es­pe­cí­fi­co. Se de­be­ría apos­tar de ver­dad por que el de­por­te ayu­de a for­mar a los ni­ños, y no que vean agre­sio­nes.

—¿Y eso có­mo se pue­de ata­jar? ¿Se ven ve­nir los pro­ble­mas? —No hay un plan de in­ter­ven­ción cla­ro por­que, si no, su­pon­go que to­das las fe­de­ra­cio­nes ya lo ha­brían im­plan­ta­do. Lo que hi­ce en mi tra­ba­jo fue va­lo­rar en fun­ción del de­por­te si to­le­ra­ban o no de­ter­mi­na­dos ti­pos de vio­len­cia. Com­pa­ré los re­sul­ta­dos de ni­ños de 15 y 16 años que no prac­ti­ca­ban nin­gún de­por­te y en esa mis­ma fran­ja edad unos que ju­ga­ban al ba­lon­ces­to y otros al fút­bol y com­pro­bé qué per­cep­ción te­nían de con­duc­tas an­ti­de­por­ti­vas. Fue bas­tan­te re­ve­la­dor. En una mues­tra de unos dos­cien­tos ni­ños los que prac­ti­ca­ban fút­bol eran los que más to­le­ra­ban la vio­len­cia. Y lo com­prue­bas cuan­do ves un par­ti­do por la te­le­vi­sión. Los ni­ños in­ten­tan co­piar lo que ven e in­flu­ye mu­cho có­mo se com­por­tan los pro­fe­sio­na­les de ese de­por­te. El ba­lon­ces­to, el te­nis, el vo­lei­bol.., son de­por­tes mu­chí­si­mo más lim­pios. La fe­de­ra­ción y los clu­bes de­be­rían plan­teár­se­lo. Hay que in­ves­ti­gar pa­ra en­con­trar una solución al pro­ble­ma y una vez que se ha­ya en­con­tra­do ha­brá que ver si te de­jan lle­var­la a ca­bo, que esa es otra.

—¿Có­mo es­tá sien­do la res­pues­ta de en­tre­na­do­res y pa­dres? —La ver­dad es que bas­tan­te bue­na tan­to en es­te club co­mo en los an­te­rio­res.

A. Ro­drí­guez

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