«Tra­ba­jo otra vez en la pie­dra al re­ti­rar­me la in­ca­pa­ci­dad»

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - PORTADA - C. B.

Ma­nuel García Dios, pon­te­ve­drés de Ver­du­ci­do de 48 años, tie­ne si­li­co­sis de pri­mer gra­do. Cuen­ta que le diag­nos­ti­ca­ron es­ta en­fer­me­dad pro­fe­sio­nal en el 2008. «Fui a ur­gen­cias por un do­lor en el cos­ta­do y aun­que en prin­ci­pio la si­li­co­sis no da do­lor, al fi­nal me di­je­ron lo que te­nía. No era al­go mus­cu­lar, era si­li­co­sis», ex­pli­ca. Por aquel en­ton­ces tra­ba­ja­ba en un ta­ller de can­te­ría y un par de años an­tes ha­bía te­ni­do una trom­bo­fi­lia pul­mo­nar. Des­pués la em­pre­sa ce­rró y él so­li­ci­tó una in­ca­pa­ci­dad. «Me re­co­no­cie­ron una in­ca­pa­ci­dad del 55 % por la si­li­co­sis, que es­tu­ve co­bran­do al­go más de un año y me­dio, has­ta que la Se­gu­ri­dad So­cial re­cu­rrió y me la re­ti­ra­ron. Yo no pue­do se­guir re­cu­rrien­do e ir al Su­pre­mo», re­la­ta Ma­nuel.

¿Y qué ha­ce aho­ra? «Pues tra­ba­jar otra vez en la pie­dra, me di­je­ron que es­ta­ba ap­to para tra­ba­jar y aun­que eso pue­de ser ma­lo para la evo­lu­ción de mi en­fer­me­dad qué vas a ha­cer», se pre­gun­ta. Su mu­jer su­peró un cán­cer y tie­ne una hi­ja es­tu­dian­do en la uni­ver­si­dad. En ca­sa ha­ce fal­ta el di­ne­ro y di­ce que tras 29 años tra­ba­jan­do no es fá­cil en­con­trar em­pleo en otro sec­tor don­de sus pul­mo­nes no es­tén ex­pues­tos al pol­vo. Ma­nuel es miem­bro de la Aso­cia­ción Ga­lle­ga de Afec­ta­dos por Si­li­co­sis. Se su­mó ca­si des­de el prin­ci­pio al ver una in­for­ma­ción en un pe­rió­di­co y es­tá se­gu­ro de que hay mu­chos afec­ta­dos por si­li­co­sis que ni si­quie­ra lo sa­ben.

¿Có­mo se sien­ten los afec­ta­dos, hay apo­yo su­fi­cien­te de la Ad­mi­nis­tra­ción? «Es­ta­mos aban­do­na­dos. Ha­cen fal­ta neu­mó­lo­gos es­pe­cia­li­za­dos y no que ca­da vez que va­yas al mé­di­co a Mon­te­ce­lo te atien­da una per­so­na di­fe­ren­te y ten­gas que em­pe­zar de ce­ro», se que­ja. A la ho­ra de pen­sar en su fu­tu­ro, aflo­ra cier­ta re­sig­na­ción. Da por he­cho que si si­gue tra­ba­jan­do en la pie­dra o in­clu­so co­mo al­ba­ñil su si­li­co­sis de pri­mer gra­do se agra­va­rá y pa­sa­rá a se­gun­do o ter­cer gra­do, la más gra­ve. Y Ma­nuel sa­be bien de lo que ha­bla. «Aca­ba­ré con oxí­geno... Ves a gen­te que la tie­ne en ter­cer gra­do y eso no es vi­da. Creo que ha­bría que ir a la Jus­ti­cia eu­ro­pea para que se re­co­noz­can los de­re­chos», ma­ti­za.

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