La mú­si­ca que en­ca­ja en­tre Man­ches­ter y A Illa

Tras diez años sin ver­se, pu­lu­lan­do por me­dio mun­do, Pau­lo te­le­fo­neó a Adam pa­ra re­com­po­ner su ban­da

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - AGENDA - MA­RI­NA SANTALÓ ÓS­CAR VÍFER

De los dos ca­mi­nos que po­dían to­mar, Pau­lo Igle­sias y Adam Whit­worlth apos­ta­ron por el más com­pli­ca­do. A pe­sar de ello, no lo du­da­ron. Fue vol­ver a ver­se las ca­ras y sen­tir el de­seo de dar­le a la mú­si­ca una nue­va opor­tu­ni­dad: la de ver­dad. Tie­nen el mis­mo en­tu­sias­mo que ha­ce diez años y mu­cha más ex­pe­rien­cia. Tam­bién la pre­sión en el cuer­po, pe­ro de la que em­pu­ja a uno ha­cia de­lan­te. «Una vez que te me­tes y ves que si no sa­le tie­nes que vol­ver a ha­cer al­go pa­ra lo que no na­cis­te, te em­pleas más afon­do», se­ña­la Pau­lo so­bre Black Ice Twi­ce, la ban­da que creó ha­ce un año con Adam y cu­yo ini­cio fue un te­le­fo­na­zo.

Tras una dé­ca­da sin ver­se, Pau­lo de­ci­dió po­ner­se en con­tac­to con su vie­jo ami­go. Te­nía un pro­yec­to en men­te. A pe­sar de ello, se li­mi­tó a in­vi­tar­le a pa­sar unos días pa­ra en­se­ñar­le su tie­rra, A Illa. La ines­pe­ra­da pro­pues­ta fue acep­ta­da: Y ahí es­ta­ban los dos, ha­cien­do tu­ris­mo y es­tu­dian­do có­mo rescatar una vie­ja idea. Có­mo ha­cer­la to­tal­men­te nue­va. «Me bas­tó una ho­ra pa­ra dar­me cuen­ta que te­nía­mos la mis­ma pers­pec­ti­va, que am­bos es­tá­ba­mos dis­pues­tos a tra­ba­jar du­ro pa­ra in­ten­tar lle­gar le­jos», se­ña­la Adam so­bre la in­vi­ta­ción de Pau­lo pa­ra to­car jun­tos. Pro­ba­ron y ha­bía co­ne­xión. Así que Adam ter­mi­nó ha­cien­do las ma­le­tas pa­ra de­jar su tie­rra na­tal, Roch­da­le, cerca de Mán­ches­ter, pa­ra ins­ta­lar­se en A Illa y co­men­zar con unos en­sa­yos que les ser­vi­rían pa­ra en­con­trar un es­ti­lo en el que se sin­tie­sen có­mo­dos. «Yo soy más po­pe­ro y él es más roc­ke­ro», ex­pli­ca Adam. ¿El re­sul­ta­do de es­ta ex­plo­ra­ción?, te­mas co­mo Whe­re the bit was born, que mez­cla rock con to­ques funk.

mu­si­ca­les al mar­gen, lo más im­por­tan­te pa­ra am­bos era que la mez­cla de sus jue­gos de vo­ces con la gui­ta­rra y la ba­te­ría so­na­se con mu­cho rit­mo. «Nos gus­ta ha­cer que la gen­te se mue­va», coin­ci­den am­bos. Era fe­bre­ro del año pa­sa­do y el pro­yec­to echa­ba an­dar. «De­ci­di­mos re­nun­ciar a otros tra­ba­jos pa­ra po­der aga­rrar el pro­yec­to con am­bas ma­nos, con­cen­trar las fuer­zas es la úni­ca for­ma de al­can­zar los re­sul­ta­dos que es­pe­ra­mos», ase­gu­ra Pau­lo.

Con Black Ice Twi­ce pa­sa­ron a con­tro­lar­lo to­do: com­po­si­ción, vo­ces, ins­tru­men­tos y di­fu­sión por las re­des so­cia­les. «Lo im­por­tan­te es có­mo se trans­mi­ten las can­cio­nes a la gen­te. Si a uno de los dos no le con­ven­ce la le­tra, el pú­bli­co va a per­ci­bir­lo, por eso siem­pre tra­ba­ja­mos en los te­mas has­ta que nos sa­tis­fa­gan a am­bos», cues­tan so­bre el pro­ce­so de com­po­si­ción. «Por eso es bueno ser dos y no más», ríen. Has­ta el mo­men­to tie­nen quin­ce can­cio­nes, to­das ellas en in­glés. «Pa­ra mí es más fá­cil y tam­bién es la for­ma de lle­gar a más ge­nEs­ti­los te», se­ña­la Adam. Van pa­so a pa­so, pe­ro pen­san­do en lo que es­pe­ran del fu­tu­ro.

Pri­mer in­ten­to

Los ca­mi­nos de Pau­lo y Adam se cru­za­ron en el me­tro de Ma­drid. Mien­tras que el pri­me­ro de­jó la or­ques­ta en la que tra­ba­ja­ba pa­ra pro­bar suer­te en la ca­pi­tal, Adam eli­gió es­te des­tino por­que guar­da­ba muy buen re­cuer­do de un via­je pre­vio a la ciu­dad. «Tra­ba­ja­ba de ca­ma­re­ro, al tiem­po que im­par­tía cla­ses de in­glés y to­ca­ba», re­cuer­da. En uno de es­tos des­pla­za­mien­tos ba­jo tie­rra se co­no­cie­ron. Pau­lo, que «lle­va­ba un año y to­da­vía no ha­bía co­no­ci­do a nin­gún mú­si­co», fue el que lan­zó la pro­pues­ta. El pro­yec­to no te­nía na­da que ver con el que es­tán sa­can­do aho­ra ade­lan­te: del acús­ti­co por el que apos­ta­ron en 2006, aho­ra pri­man las vo­ces. El pri­me­ro no du­ró, y am­bos ex­pe­ri­men­ta­ron por se­pa­ra­do.

Ese in­ten­to por de­di­car­se a la mú­si­ca no ha­bía si­do el úni­co. Am­bos tie­nen una am­plia tra­yec­to­ria, de la que se han ido nu­trien­do. Son au­to­di­dac­tas. Mien­tras que Pau­lo apren­día a to­car la gui­ta­rra con quin­ce años en Cá­diz, Adam le co­gió el gus­to en sus múl­ti­ples via­jes. Vi­vió en Ja­pón, em­pe­zan­do a sol­tar­se en uno de sus ka­rao­kes; y en Aus­tra­lia, don­de le en­se­ña­ron a to­car la gui­ta­rra. Son so­lo algunas de sus pa­ra­das: sí las ex­pe­rien­cias de ca­da uno sirven de ins­pi­ra­ción, tal y co­mo afir­man, am­bos van bien ser­vi­dos.

Aun­que las opor­tu­ni­da­des lle­ga­ron, lo hi­cie­ron a me­dias. Echan un vis­ta­zo atrás pa­ra vol­ver al pre­sen­te e in­ci­dir en que Black Ice Twi­ce no se­ría po­si­ble sin to­do ese apren­di­za­je. Sa­ben bien lo di­fí­cil que es ha­cer­se un hue­co, pe­ro es­tán dis­pues­tos a in­ten­tar­lo. Me­jor. Es­tán con­ven­ci­dos de que lo con­se­gui­rán. Ese sen­ti­mien­to es tam­bién al­go que les une: han pa­sa­do a ser Pau­lo Black y Adam Twi­ce. La im­pli­ca­ción es to­tal, al­go que se in­cre­men­tó cuan­do se pro­du­jo lo que lla­man su pun­to de in­fle­xión. «La pri­me­ra vez que nos lla­ma­ron mar­có un an­tes y un des­pués», coin­ci­den. El es­fuer­zo es­tá re­co­gien­do su re­com­pen­sa: el pró­xi­mo día 28 es­ta­rán en Me­li­de y, pos­te­rior­men­te, en a Rúa y Boi­mor­to. La gran ale­gría ven­drá de la mano la Fes­ta do Al­ba­ri­ño. Pa­re­ce que les que­da mu­cho chu­rras­co por co­mer, la for­ma de ce­le­brar ca­da con­cier­to.

Se co­no­cie­ron ha­ce una dé­ca­da en el me­tro de Ma­drid, a don­de se mu­da­ron a pro­bar suer­te

Tras po­ner en mar­cha un pro­yec­to en acús­ti­co se per­die­ron la pis­ta has­ta el año pa­sa­do

Mien­tras que Pau­lo apren­dió a to­car en Cá­diz, Adam lo hi­zo en­tre Ja­pón y Aus­tra­lia

Pa­ra que la ima­gen no res­te im­por­tan­cia a la mú­si­ca, jue­gan a ta­par sus ros­tros con unas ca­jas.

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