El crea­dor de vi­deo­clips que siem­pre se exi­ge más

Tres tra­ba­jos su­yos es­tán no­mi­na­dos en el Fes­ti­val Pri­ma­vei­ra do Cine. Se ale­gra, pe­ro con con­ten­ción

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - AGENDA - MA­RÍA HER­MI­DA

Jose Ara­gun­de, pon­te­ve­drés y rea­li­za­dor y edi­tor de ví­deos, es de los que no se per­do­na una a sí mis­mo. Es tan exi­gen­te con lo que ha­ce que, pa­ra­dó­ji­ca­men­te, cuan­do uno le pre­gun­ta si se au­to­exi­ge mu­cho con­tes­ta: «¿Yo? Y más que me ten­dría que exi­gir. Siem­pre es po­ca la exi­gen­cia». En ese em­pe­ño su­yo en ha­cer­lo to­do bien, Jose em­pie­za la con­ver­sa­ción cier­ta­men­te preo­cu­pa­do. «Es­to me da mu­cho pu­dor», con­fie­sa. Se le no­ta has­ta en la pos­tu­ra que adop­ta en la si­lla, más de sa­lir co­rrien­do que de re­la­jar­se pa­ra char­lar. Pe­ro los ner­vios se mar­chan en­se­gui­da. Por­que en teo­ría Jose lle­ga­ba con el guion pre­pa­ra­do pa­ra ha­blar, so­bre to­do, de que tres vi­deo­clips he­chos por él es­tán no­mi­na­dos en el Fes­ti­val Pri­ma­ve­ra do Cine de Vi­go, una de las ci­tas fe­ti­che pa­ra su sec­tor. Sin em­bar­go, an­tes de ha­blar de su tra­ba­jo au­dio­vi­sual, se cuela en la con­ver­sa­ción su tra­ba­jo vi­tal. Y ahí las pa­la­bras le sa­len so­las. Sin sa­ber muy bien có­mo ni por qué, la con­ver­sa­ción em­pie­za por los hi­jos. Por los de él y por los de la pe­rio­dis­ta. Jose es­tá en ese mo­men­to en el que uno es pa­dre en ac­ti­vo has­ta cuan­do duer­me, ya que sus críos son pe­que­ños. Ha­bla de ellos y se no­ta, so­bre to­do, que los es­tá vien­do cre­cer bien de cer­ca; que lle­va den­tro esa sa­tis­fac­ción que da com­par­tir con ellos mu­chas ho­ras al día, «a ve­ces in­clu­so de­ma­sia­das», di­ce con iro­nía. Ese mé­ri­to, el de so­bre­vi­vir la­bo­ral­men­te sin per­der la con­di­ción de pa­dre ac­ti­vo, se lo ga­nó él. Bas­ta con es­cu­char su his­to­ria pa­ra dar­se cuen­ta.

Jose, que un día se qui­tó la til­de del nom­bre por­que nun­ca le lla­ma­ron Jo­sé, na­ció en el ba­rrio pon­te­ve­drés de A Par­da cuan­do allí aún es­ta­ba la cár­cel. In­clu­so re­cuer­da al­gún mo­tín. Y tie­ne fres­ca en la me­mo­ria su ni­ñez de jue­gos en la ca­lle. Es­tu­dió pri­me­ro en Mou­ren­te y lue­go en el To­rren­te Ba­lles­ter. Se le atra­gan­tó COU. Y se fue a FP. Es­tu­dió un ci­clo de elec­tró­ni­ca. Re­co­no­ce que le hu­bie­se gus­ta­do ha­cer des­pués Ima­gen y So­ni­do. Pe­ro en­ton­ces la úni­ca op­ción era mar­char­se a A Co­ru­ña y sus cir­cuns­tan­cias no se lo per­mi­tían en aquel mo­men­to. En el ci­clo, ha­bía una asig­na­tu­ra de mon­ta­je de ví­deos. Eso le hi­zo des­cu­brir el mun­do que le gus­ta­ba. Em­pe­zó a tra­ba­jar pron­to. Lo hi­zo en Te­le­vi­sión de Pon­te­ve­dra, don­de se pa­só me­dia vi­da la­bo­ral y don­de hi­zo de to­do, des­de ser cá­ma­ra a rea­li­za­dor pa­san­do por mon­tar anun­cios de pu­bli­ci­dad.

A los 35 años, ne­ce­si­ta­ba po­ner un pun­to de in­fle­xión en su vi­da. Lo ne­ce­si­ta­ba por mu­chos mo­ti­vos. De­jó su em­pleo y, al prin­ci­pio, bus­có otro tra­ba­jo en su sec­tor. Pe­ro re­co­no­ce que no tu­vo suer­te. O, en reali­dad, sí la tu­vo. Por­que un día, des­pués de re­pen­sar­lo mu­cho, in­clu­so de ser un po­co cruel con­si­go mis­mo al creer que sa­bía ha­cer muy po­qui­tas co­sas —aun­que lue­go re­co­no­ce que en el mun­do del au­dio­vi­sual to­có bas­tan­tes pa­los—, de­ci­dió dar­se una opor­tu­ni­dad.

Gru­pos de to­do ti­po

«Voy a di­ver­tir­me», se di­jo. Y de ahí sa­lió la ocu­pa­ción con la que aho­ra ti­ra ha­cia ade­lan­te. Se con­vir­tió en un free­lan­ce que lo mis­mo ha­ce vi­deo­clips que co­la­bo­ra con cor­to­me­tra­jes —ayer mis­mo es­ta­ba apu­ran­do la pos­pro­duc­ción de un cor­to de Sa­muel Le­ma que se es­tre­na­rá en bre­ve—, tra­ba­ja pa­ra dis­tin­tas pro­duc­to­ras te­le­vi­si­vas y agen­cias pu­bli­ci­ta­rias —por ejem­plo, hi­zo el ví­deo de la cam­pa­ña Pri­mA­co­so lle­va­da a ca­bo por el Con­ce­llo de Pon­te­ve­dra—. Óscar Avendaño, ba­jis­ta de Si­nies­tro To­tal, el gru­po He­roí­nas o ACId­pro­yect fue­ron al­gu­nos de los gru­pos de mú­si­ca que se pu­sie­ron en sus ma­nos. Re­co­no­ce que, pe­se al tra­ba­jo, cues­ta so­bre­vi­vir en so­li­ta­rio en el mun­do au­dio­vi­sual. Pe­ro a ve­ces las co­sas sa­len bien. Co­mo es­ta se­ma­na. El jue­ves, con­ta­ba en su Fa­ce­book que es­ta­ba «dan­do bo­tes». Y es que tres de sus tra­ba­jos au­dio­vi­sua­les, he­chos pa­ra los gru­pos Moon Cres­ta, The Soul Jac­ket e Isan­da fue­ron no­mi­na­dos en­tre los 22 que com­pi­ten en la ca­te­go­ría de me­jor vi­deo­clip en el Fes­ti­val Pri­ma­ve­ra do Cine. Uno le da la en­ho­ra­bue­na. Y, aun­que son­ríe agra­de­ci­do, sa­le el Jose que siem­pre se exi­ge más: «Bueno, so­lo son no­mi­na­cio­nes, a ver qué pa­sa. Aun­que son tres cla­ro... es­toy con­ten­to, por­que pa­ra mo­ver los vi­deo­clips Vi­go es un gran escaparate», se­ña­la.

A esas al­tu­ras de la con­ver­sa­ción, Jose ya no es­tá en po­si­ción de sa­li­da en la si­lla. Se le no­ta re­la­ja­do. Cuen­ta en­ton­ces que lo que más le gus­ta es ha­ber des­cu­bier­to que con po­co di­ne­ro, pe­ro dis­fru­tan­do con lo que uno ha­ce, se es fe­liz.

Lo cuen­ta mar­chán­do­se a la al­dea de Pon­te Cal­de­las don­de ha he­cho vi­da; des­de la que tra­ba­ja mien­tras que ejer­ce de pa­dre. El sa­lón es su ofi­ci­na. Le gus­ta que así sea, aun­que a ve­ces al­guno de los duen­des que lle­va su ape­lli­do le dé al bo­tón de apa­ga­do del or­de­na­dor y to­que ha­cer bo­rrón y cuen­ta nue­va.

Le hu­bie­se gus­ta­do es­tu­diar Ima­gen y So­ni­do. No pu­do. Pe­ro es y fue un au­to­di­dac­ta

RA­MÓN LEI­RO

Jose Ara­gun­de sue­le apro­ve­char los ex­te­rio­res pon­te­ve­dre­ses pa­ra gra­bar la ma­yo­ría de sus vi­deo­clips.

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