«Cuan­do se pien­sa y se de­fi­ne un vino no se pien­sa en el se­xo de las per­so­nas»

La enóloga apues­ta por se­guir tra­ba­jan­do pa­ra que el sec­tor ví­ní­co­la sea tam­bién «un mun­do de mu­je­res»

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - PROVINCIA - M. AL­FON­SO

Pau­la Fan­di­ño es la enóloga res­pon­sa­ble de Mar de Frades, y tam­bién una de las me­jo­res pro­fe­sio­na­les de su cam­po, se­gún re­co­ge la web bri­tá­ni­ca The Drink Bus­si­nes. Re­co­no­ce que el su­yo es to­da­vía un mun­do de hom­bres, pe­ro cree que ca­da vez más las mu­je­res es­tán en­con­tran­do su hue­co. El sec­tor se es­tá mo­der­ni­zan­do, tam­bién, pa­ra aca­bar con ese eli­tis­mo que le im­pe­día acer­car­se a cier­tos con­su­mi­do­res.

—¿Cuál es el tra­ba­jo de una enóloga?

—Pues te­ne­mos que te­ner con­trol so­bre el vino y la bo­te­lla du­ran­te to­do el año. Es im­por­tan­te en agos­to el em­bo­te­lla­do, pe­ro tam­bién el en­sam­bla­je y la fer­men­ta­ción des­pués de la ven­di­mia. A lo lar­go del año, ha­ce­mos ca­ta dia­ria de to­dos los vi­nos con el fin de sa­ber di­fe­ren­ciar qué vi­nos se pue­den en­sam­blar per­fec­ta­men­te pa­ra lo­grar ese coupa­ge que es Mar de Frades.

—Mar de Frades ha si­do una de las pri­me­ras en ela­bo­rar es­pu­mo­sos al am­pa­ro de Rías Baixas.

—Fui­mos bus­can­do la for­ma de ex­pe­ri­men­tar con es­ta va­rie­dad. Em­pe­za­mos en el 2009 a ele­gir un vino ba­se, con el que des­pués ela­bo­ra­mos en el 2012 los pri­me­ros es­pu­mo­sos que pa­sa­ron ca­ta en Rías Baixas y que llegaron al mer­ca­do. —La ex­pe­rien­cia ha si­do bue­na, ya han re­co­gi­do al­gún pre­mio.

—Po­de­mos de­cir que aca­ba­mos de em­pe­zar y que en es­tos cin­co años he­mos apren­di­do mu­cho. Nues­tras sor­pre­sa es que ya he­mos te­ni­do re­co­no­ci­mien­tos y que es­ta­mos ex­por­tan­do. Los es­pu­mo­sos en ge­ne­ral es­tán su­bien­do y tie­nen mu­cha acep­ta­ción en­tre el pú­bli­co jo­ven y eso ha ayu­da­do a que va­rie­da­des aro­má­ti­cas co­mo el al­ba­ri­ño en­ca­jen en es­tos vi­nos. Pe­ro se­gui­mos in­ves­ti­gan­do. Aho­ra es­ta­mos es­tu­dian­do la bur­bu­ja, la es­pu­ma, có­mo con­se­guir te­ner una fi­na ca­pa de es­pu­ma que ba­je rá­pi­da­men­te.

—Es­te año ha si­do re­co­no­ci­da co­mo una de las me­jo­res enó­lo­gas.

—Ha si­do una sa­tis­fac­ción y un re­co­no­ci­mien­to, pe­ro tam­bién una res­pon­sa­bi­li­dad. Una prueba de que nues­tro vino si­gue es­tan­do a la al­tu­ra de lo que se es­pe­ra­ba. —¿Es di­fí­cil pa­ra las mu­je­res ha­cer­se un hue­co en su pro­fe­sión?

—Yo creo que hay par­te del ca­mino an­da­do. La ac­ce­si­bi­li­dad es ma­yor, pe­ro que­da se­guir tra­ba­jan­do y abrien­do ca­mino pa­ra que en vein­te años po­da­mos de­cir que es­te es tam­bién un mun­do de mu­je­res.

—¿Pe­ro se si­gue hablando de vi­nos pa­ra mu­je­res?

—Ya cuan­do se pien­sa en ela­bo­rar un vino no pen­sa­mos en uno pa­ra mu­je­res, más que na­da por­que no se lo be­ben so­lo mu­je­res o so­lo hom­bres. Cuan­do se per­fi­la y se de­fi­ne un vino no se pien­sa en el se­xo de las per­so­nas, pien­sas en la glo­ba­li­dad.

—Aún así, si­gue ha­bien­do cier­to ma­chis­mo, co­mo lo de ofre­cer la car­ta de vi­nos siem­pre a los hom­bres.

—Hay de to­do. Sí que es cier­to que ca­si siem­pre se la ofre­cen al chi­co, pe­ro tam­bién no­ta­mos que eso es­tá cam­bian­do. Co­mo con­su­mi­do­ra, me en­cuen- tro con que, por lo me­nos, la mi­tad de las ve­ces pre­gun­tan y eso ya es un lo­gro.

—Con­ser­va tam­bién es­te sec­tor al­go de eli­tis­mo.

—En los úl­ti­mos años he­mos vis­to que han apa­re­ci­do mu­chos vi­nos y que le han da­do la vuel­ta a otros más an­ti­guos en su pre­sen­ta­ción y en sus eti­que­tas. Se han he­cho mo­der­nos y trans­gre­so­res y ese es el pri­mer pa­so pa­ra que ese mun­do eli­tis­ta del vino se ha­ya ro­to y nos ha­ya­mos acer­ca­do al con­su­mi­dor. Se ha avan­za­do mu­cho y ca­da vez más se es­tá per­dien­do el mie­do a pe­dir un vino por­que no sa­be.

—Fue­ron los pri­me­ros en dar ese pa­so, con una bo­te­lla azul.

—Eso fue un atre­vi­mien­to y fue muy cri­ti­ca­do. Que si la bo­te­lla no era la ade­cua­da, que si no ha­bía vino... pe­ro nos ayu­dó a que se nos co­noz­ca, a que se acuer­den de no­so­tros. Si no tie­nes un buen con­te­ni­do, de na­da sir­ve te­ner una bo­te­lla azul.

MAR­TI­NA MISER

Pau­la Fan­di­ño lle­va va­rios años al fren­te del de­par­ta­men­to de eno­lo­gía de Mar de Frades.

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