«Pa­re­ce que no te pue­des to­mar un vino si eres jo­ven y con un ‘‘pier­cing’’»

Es­ta ou­ren­sa­na sos­tie­ne que el mun­do eno­ló­gi­co es­tá ro­dea­do de cier­to eli­tis­mo con el que hay que aca­bar

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - PROVINCIA - M. AL­FON­SO

Ma­ría Fer­nán­dez Tesouro cuen­ta con más de un mi­llar de se­gui­do­res en Ins­ta­gram y su cuen­ta es­tá lle­na de imá­ge­nes de su­cu­len­tos pla­tos y ape­ti­to­sas co­pas de vino. Re­co­no­ce que el buen co­mer y el buen be­ber es su pa­sión, y por ello no du­da en uti­li­zar las re­des so­cia­les pa­ra con­tar a quien quie­ra se­guir­la sus ex­pe­rien­cias. Ja­más ve­rán en sus pu­bli­ca­cio­nes una crí­ti­ca, por­que con­si­de­ra que lo su­yo no es juz­gar el tra­ba­jo de los de­más. Es una con­su­mi­do­ra más que apues­ta por aca­bar con el es­no­bis­mo que to­da­vía ro­dea al mun­do del vino y que nos con­ta­rá sus ex­pe­rien­cias ma­ña­na en Fo­ro Voz, en Cam­ba­dos. —¿Có­mo lle­gó al mun­do del vino? —Por ocio. Siem­pre fui de buen co­mer y de buen be­ber. Mis abue­las eran muy bue­nas co­ci­ne­ras y me gus­ta­ba me­ter­me en la co­ci­na con ellas. Lue­go em­pe­cé a co­ger amis­ta­des entre res­tau­ra­do­res y bo­de­gue­ros. Y el vino es uno más en el gru­po. Yo si es­toy so­la, pa­ra co­ci­nar me abro una bo­te­lla de vino. O si es­toy con un gru­po de ami­gos... Me sien­to muy or­gu­llo­sa por­que mis ami­gos, que eran cerveceros, aho­ra to­dos be­ben vino. A mí lo que me gus­ta, di­rec­ta­men­te, es di­ver­tir­me y em­bo­rra­char­me. Que pa­re­ce que no se pue­de de­cir por­que el mun­do del vino es un po­co es­ti­ra­do. —Y aho­ra tie­ne us­ted de­ce­nas de fans que si­guen lo que ha­ce en las re­des so­cia­les.

—Yo nun­ca voy a va­lo­rar el tra­ba­jo de un res­tau­ra­dor o de un bo­de­gue­ro, pe­ro te vas ha­cien­do un círcu­lo. Aho­ra vi­vo en A Pe­ro­xa, ges­tiono Fa­zen­da Prá­dio, una ca­sa de tu­ris­mo ru­ral por­que un ami­go me di­jo que ne­ce­si­ta­ba a al­guien pa­ra lle­var la ca­sa. Ne­ce­si­ta­ba a al­guien ver­sá­til, que pu­die­ra lle­var las re­des so­cia­les y ha­cer ca­mas o pre­pa­rar desa­yu­nos. Y yo le di­je ¿no te sir­vo yo? El si­tio es pre­cio­so

—No pa­re­ce una per­so­na que se pien­se mu­cho las co­sas.

—Sí, el fin de se­ma­na an­tes de em­pe­zar me mar­ti­ri­cé pen­san­do si de­bía ha­cer­lo. Aho­ra, es­pe­ro que no me echen por­que es­toy muy con­ten­ta con lo que ha­go. Aho­ra mis­mo es­toy en el bal­cón, to­man­do un ca­fé. Es cier­to que cuan­do te­nía 20 años que­ría vi­vir en Nue­va York, co­mo to­do el mun­do, y que an­tes, si me es­ca­pa­ba, me iba a Londres. Aho­ra me voy al Pia­mon­te o a la Toscana. Y mis vi­cios ya no son ro­pa, ni bol­sos, ni za­pa­tos... Es be­ber y co­mer.

—Da la im­pre­sión de que a us­ted siem­pre le gus­tó el vino.

—De jo­ven­ci­ta, la gen­te em­pe­za­ba a to­mar cer­ve­zas o co­pas y a mí no me gus­ta­ban. El vino sí que me gus­ta­ba y, po­co a po­co, em­pe­cé a ir a ca­tas. He he­cho ami­gos en mu­chos si­tios, pe­ro me ha cos­ta­do arras­trar a los míos a ese ti­po de ac­ti­vi­da­des. Pe­ro es cier­to que eso me ha per­mi­ti­do ha­cer mu­chas amis­ta­des y aho­ra ten­go ami­gos de los más va­ria­do. Ten­go un gru­po de ca­ta y gen­te con la que que­da­mos, siem­pre, pa­ra pro­bar co­sas. En es­to del vino hay un ro­llo de que es eli­tis­ta y de que pa­re­ce que no pue­des to­mar vino si eres un jo­ven con un pier­cing. Hay más, a mí nu­ca me dan una car­ta de vi­nos y no es que sea una gran ex­per­ta, pe­ro me mi­ran ra­ro cuan­do me pi­den que eli­ja yo.

—Es co­mo si el vino es­tu­vie­ra re­ser­va­do a cier­tas cla­ses —Si­gue ha­bien­do es­nobs, pe­ro la gen­te que em­pie­za yo creo que es un po­co más abier­ta. Lue­go es­tá to­da esa pa­la­bre­ría que se uti­li­za. Pe­ro tam­bién es cul­pa de los hos­te­le­ros, que no se preo­cu­pan de edu­car al pú­bli­co. Hay mu­cha gen­te que con­su­me vino, yo he lle­ga­do a pro­fun­di­zar en él gra­cias a gen­te que me lo dio a pro­bar.

—¿Hom­bres y mu­je­res be­ben de for­ma di­fe­ren­te?

—El hom­bre es un be­be­dor más clá­si­co. Si vas por ahí ves a los chi­cos, nor­mal­men­te, to­man­do cer­ve­za. Las chi­cas, sin em­bar­go, pi­den un vino. Yo lle­vo un mes en Fa­zen­da Prá­dio y he vis­to pa­re­jas de chi­cas que se pi­den una bo­te­lla de vino pa­ra de­gus­tar con tran­qui­li­dad. Lo que sí creo que es­tá cam­bian­do es el con­cep­to de ese vino fres­co y blan­co pa­ra mu­je­res.

Ma­ría Fer­nán­dez cuen­ta con más de un mi­llar de se­gui­do­res en su cuen­ta de Ins­ta­gram.

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