Fí­si­ca y geometría so­bre el ta­pe­te

Una vein­te­na de ni­ños me­no­res de ca­tor­ce años se for­man para ser el fu­tu­ro del bi­llar en Pon­tea­reas

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - AROUSA DEPORTES - LO­RE­NA GAR­CÍA CAL­VO

A Lu­ciano Novoa el bi­llar le gus­ta­ba des­de jo­ven­ci­to. Cuan­do re­bus­ca en su me­mo­ria en qué mo­men­to se en­gan­chó al ta­co, re­cuer­da una anéc­do­ta. «Ju­ga­ba mu­cho con mi mu­jer y ella me ga­na­ba siem­pre», di­ce en­tre ri­sas. Has­ta que el hoy pre­si­den­te y en­tre­na­dor de la Es­cue­la de Bi­llar Spor­ti­vo de Pon­tea­reas co­men­zó a zam­bu­llir­se más y más en la dis­ci­pli­na. Se ha pa­sa­do las dos úl­ti­mas dé­ca­das echan­do mu­chas ho­ras a su de­por­te de re­fe­ren­cia y du­ran­te es­te tiem­po su ni­vel ha ido in­cre­men­tan­do has­ta lle­gar a lo más al­to. Es cam­peón gallego por equi­pos, cam­peón de Es­pa­ña y en su his­to­rial tam­bién es­tá una par­ti­ci­pa­ción en el 2004 en el Cam­peo­na­to del Mun­do que se ce­le­bra en Las Ve­gas.

«Ten­go una tra­yec­to­ria bas­tan­te lar­ga co­mo ju­ga­dor y siem­pre me gus­tó lo de en­se­ñar a la gen­te», di­ce Lu­ciano para ex­pli­car por qué de­ci­dió po­ner en mar­cha el club y la es­cue­la de bi­llar en Pon­tea­reas. «La es­cue­la em­pe­zó, más o me­nos, ha­ce diez años. Fui dan­do cla­ses a ni­ños y a adul­tos por­que a mí me gus­ta el bi­llar y sa­qué el cur­si­llo de mo­ni­tor. Du­ran­te bas­tan­te tiem­po las cla­ses eran un po­co es­po­rá­di­cas, pe­ro los dos úl­ti­mos años nos lo he­mos to­ma­do más en se­rio», de­ta­lla Novoa Con­de.

Lu­ciano en­ten­día que la me­jor for­ma de con­ser­var y afian­zar la esen­cia del bi­llar era trans­mi­tién­do­se­la y for­man­do a los más pe­que­ños, y de ahí la crea­ción de la es­cue­la y su pro­mo­ción por ejem­plo en co­le­gios. En es­te mo­men­to la Es­cue­la de bi­llar Spor­ti­vo cuen­ta con una vein­te­na de alum­nos me­no­res de 14 años, to­dos de Pon­tea­reas, y con­fían en se­guir cre­cien­do. A me­di­da que los pe­que­ños van avan­zan­do en la dis­ci­pli­na y se ha­cen ma­yo­res, pue­den en­con­trar en el club un lu­gar en el que se­guir me­dran­do y dis­fru­tan­do.

En Pon­tea­reas, don­de el fútbol y el bád­min­ton aca­pa­ran ca­si to­da la aten­ción de los pe­que­ños, el bi­llar tam­bién in­ten­ta re­cu­pe­rar te­rreno, ase­gu­ra Lu­ciano, por­que en el mu­ni­ci­pio exis­te una lar­ga tra­di­ción de la es­pe­cia­li­dad y no quie­re que se pier­da. «Veía que se iba a per­der y Pon­tea­reas en es­to del bi­llar es una po­ten­cia. Tras Vi­go y Lugo iría­mos no­so­tros. De Pon­tea­reas fue­ron sie­te ju­ga­do­res al cam­peo­na­to del mun­do de Las Ve­gas», ar­gu­men­ta el pre­si­den­te del club.

¿Y có­mo se en­gan­cha a los más pe­que­ños a una dis­ci­pli­na en la que no es ha­bi­tual ver­les? Pues de­mos­trán­do­les que pue­de ser muy di­ver­ti­do. «Aho­ra mis­mo es­toy cen­tra­do en ni­ños muy pe­que­ños que vie­nen por­que les

gus­ta, ven el bi­llar y les atrae». Lue­go, es­tá en la mano de Lu­ciano que me­jo­ren con un tra­ba­jo ameno.

El mé­to­do de apren­di­za­je

Fa­mi­lia­ri­zar­se con el ta­co es el pri­mer pa­so que los alum­nos de la Es­cue­la de bi­llar Spor­ti­vo dan. «Ha­go gru­pi­tos de cua­tro o cin­co ni­ños y lo pri­me­ro que les en­se­ño es a co­lo­car­se y aga­rrar el ta­co por­que la gen­te no sa­be ni co­ger­lo cuan­do vie­ne. Em­pie­zan po­qui­to a po­co a me­ter sus pri- me­ras bo­las aun­que ca­si no lle­gan a las me­sas», des­cri­be Lu­ciano. «Les voy mos­tran­do qué ha­cer con la blan­ca y que el bi­llar es una ma­te­ria de ti­ros a ban­das, de geometría y de fí­si­ca en la que tie­nes que lo­grar que la bo­la va­ya a una ve­lo­ci­dad y a un pun­to. To­do eso lo van in­terio­ri­zan­do».

La prio­ri­dad para Novoa es que des­de pe­que­ños afian­cen los con­cep­tos que el día de ma­ña­na les per­mi­ti­rán cre­cer en la dis­ci­pli­na. «En Galicia hay gran­des ju­ga­do­res que lle­gan a muy al­to ni­vel pe­ro con ca­ren­cias en cuan­to a la ba­se por­que a lo me­jor fue­ron au­to­di­dac­tas y lle­ga un pun­to en el que no pue­den pro­gre­sar más». Lu­ciano no quie­re que eso le pa­se a sus alum­nos, pe­ro sa­be que la ga­ran­tía de que den­tro de mu­chos años se­gui­rán dis­fru­tan­do con el bi­llar es­tá en que pri­me­ro se di­vier­tan.

Con mu­chos años de jue­go a sus es­pal­das, Lu­ciano ad­mi­te que ha en­con­tra­do en la en­se­ñan­za una for­ma di­fe­ren­te de pa­sár­se­lo bien an­te la me­sa de bi­llar. «La sa­tis­fac­ción que te da ver a ni­ños que ya em­pe­za­ron ha­ce diez años y aho­ra es­tán com­pi­tien­do ha­ce que te sien­tas or­gu­llo­so. Lue­go, co­mo ju­ga­dor, lo que lo­gré tam­bién ha­ce que es­té or­gu­llo­so, pe­ro lo otro lo sien­tes más. Me sien­to más fe­liz cuan­do ellos lle­gan que cuan­do lle­go yo».

Tra­ba­jar con gru­pos pe­que­ños y ha­cer que sea ameno el en­tre­na­mien­to, son las cla­ves

ÓS­CAR VÁZ­QUEZ

Lu­ciano Novoa con­fía en que el bi­llar ten­ga un fu­tu­ro bri­llan­te en Pon­tea­reas, don­de tie­ne mu­cha tra­di­ción.

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