El es­tra­den­se Agus­tín Frei­re re­cu­pe­ra raí­ces de ár­bo­les muer­tos y las con­vier­te en es­cul­tu­ras

El ar­tis­ta re­cu­pe­ra raí­ces de ár­bo­les muer­tos y les da una se­gun­da vi­da co­mo es­cul­tu­ras na­tu­ra­les

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - PORTADA - RO­CÍO GAR­CÍA

Agus­tín Frei­re es un ca­mi­nan­te em­pe­der­ni­do y un aman­te de la na­tu­ra­le­za en to­das sus ver­sio­nes. Le apa­sio­nan tan­to la sal­va­je cos­ta de Ca­ma­ri­ñas co­mo los mis­te­rios que en­cie­rran las raí­ces de los ár­bo­les muer­tos. Co­mo es per­so­na in­quie­ta y ade­más tie­ne al­ma de ex­plo­ra­dor, de­di­ca bue­na par­te de su tiem­po li­bre a pa­tear mon­tes. En una de esas ca­mi­na­tas, ha­ce ya una dé­ca­da, se le ocu­rrió re­co­ger una raíz su­ge­ren­te en­con­tra­da al azar y tra­tar­la con­ve­nien­te­men­te pa­ra con­ser­var­la co­mo pie­za es­cul­tó­ri­ca. Fue así co­mo co­men­zó su co­lec­ción de raí­ces. En la ac­tua­li­dad acu­mu­la de­ce­nas, aun­que no to­das lle­gan a es­cul­tu­ras por fal­ta de tiem­po.

Agus­tín no es es­cul­tor de pro­fe­sión. «Co­mo la ma­yo­ría de los es­pa­ño­les, voy de un tra­ba­jo en otro. Si to­ca tra­ba­jar a la llu­via un año, ya ven­drá otra co­sa me­jor», co­men­ta. Ahora trabaja de ope­ra­rio del Con­ce­llo de A Es­tra­da, pe­ro an­tes ha tra­ba­ja­do de elec­tri­cis­ta, de car­pin­te­ro, de pin­tor, de em­pre­sa­rio de la hos­te­le­ría o en la pro­duc­ción au­dio­vi­sual. «Lo bueno es que apren­des de to­do. Lo ma­lo, la in­se­gu­ri­dad», cons­ta­ta. La es­cul­tu­ra, pa­ra él, es una afi­ción. «Es un hobby y pre­fie­ro que sea así. Si no, co­mo to­do, aca­ba­ría sien­do al­go ru­ti­na- rio y abu­rri­do», ex­pli­ca.

El es­tra­den­se en­cuen­tra la ma­te­ria pri­ma pa­ra sus obras en los lu­ga­res más in­ve­ro­sí­mi­les. «Las raí­ces son co­mo re­ga­los que te ha­ce la na­tu­ra­le­za», ex­pli­ca. Ha re­cu­pe­ra­do raí­ces de ba­rran­cos ca­si im­prac­ti­ca­bles y otras que las cre­ci­das del río de­ja­ron po­sa­das so­bre pra­dos a más de 25 me­tros de dis­tan­cia.

Agus­tín sim­pli­fi­ca al má­xi­mo el pro­ce­so crea­ti­vo. «La pro­pia pie­za te dice lo que vas a ha­cer con ella», ase­gu­ra. «Nor­mal­men­te, cuan­do veo la raíz me su­gie­re al­gu­na for­ma, aun­que a ve­ces al sa­car la ma­te­ria da­ña­da en­cuen­tras otro co­ra­zón. Lo que pa­re­cía una co­sa re­sul­ta ser otra di­fe­ren­te», co­men­ta. El es­tra­den­se in­ten­ta no in­ter­fe­rir en las for­mas de la na­tu­ra­le­za. Lim­pia a fon­do la pie­za, la des­bas­ta pa­ra eli­mi­nar la ma­de­ra en ma­las con­di­cio­nes, la somete a un tri­ple pro­ce­so an­ti­car­co­ma y le da un aca­ba­do par­ti­cu­lar. So­lo en un par de pie­zas ha for­za­do el pro­ce­so pa­ra con­ver­tir la pie­za en un dra­gón o en una ca­be­za de bú­fa­lo. En el res­to, la raíz se mues­tra tal cual. «A mi pue­de su­ge­rir­me al­go, pe­ro a otra per­so­na le re­cor­da­rá otra co­sa. La ima­gi­na­ción es li­bre», co­men­ta.

Agus­tín ex­pon­drá por pri­me­ra vez su obra en el Fa­ro Vi­lano (Ca­ma­ri­ñas) del 3 al 30 de ju­nio. Cuan­do ha­ya opor­tu­ni­dad, le gus­ta­ría po­der mos­trar su tra­ba­jo tam­bién en A Es­tra­da.

Las pie­zas de Agus­tín Frei­re par­ten de raí­ces en­con­tra­das al azar.

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