Una pe­di­da en­tre lla­mas

Un si­lle­den­se apro­ve­chó un si­mu­la­cro de in­cen­dio pa­ra pe­dir a su no­via ma­tri­mo­nio

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - PONTEVEDRA - RO­CÍO GAR­CÍA

Los bom­be­ros tie­nen mu­chas más mi­sio­nes que apa­gar in­cen­dios. Era lo que que­rían de­mos­trar los pro­fe­sio­na­les del par­que in­ter­co­mar­cal de Si­lle­da con la jor­na­da de puer­tas abier­tas ce­le­bra­da ayer y más cla­ro no pu­do que­dar. Ade­más de ha­cer ex­hi­bi­cio­nes de res­ca­te en al­tu­ra, de ex­car­ce­la­ción y si­mu­la­cros de dis­tin­tos ti­pos de ex­tin­ción, los bom­be­ros lle­va­ron su vo­ca­ción de ser­vi­cio al ex­tre­mo y aca­ba­ron ejer­cien­do de cóm­pli­ces pa­ra una pe­ti­ción de mano de lo más pe­cu­liar. Los protagonistas eran Rai y Bea, dos ve­ci­nos de Si­lle­da que ya lle­van jun­tos una dé­ca­da.

«So­mos pa­re­ja de he­cho y te­ne­mos dos ni­ñas de 6 y 3 años. Es co­mo si es­tu­vié­se­mos ca­sa­dos, pe­ro Bea siem­pre bro­mea­ba con que no era mi mu­jer, por­que no se lo ha­bía pe­di­do ofi­cial­men­te», ex­pli­ca Rai. Así que de­ci­dió po­ner­le re­me­dio pú­bli­ca­men­te.

Rai y su fa­mi­lia acu­die­ron al par­que de bom­be­ros y, con la dis­cul­pa de ir con su ami­go a ver al­go, Rai des­apa­re­ció un mo­men­to. Se vis­tió de bom­be­ro —con cas­co ce­rra­do con pan­ta­lla de es­pe­jo— y se con­vir­tió en uno de los protagonistas del si­guien­te si­mu­la­cro de ex­tin­ción. En él se lla­mó a co­la­bo­rar a al­guien su­pues­ta­men­te al azar. Pe­ro el azar ese día se lla­ma­ba Bea.

Al aca­bar el nú­me­ro, uno de los bom­be­ros des­pi­dió a Bea con un be­so. El otro, hin­có ro­di­lla en el sue­lo, le­van­tó el cas­co y sa­có un ani­llo del bol­si­llo pa­ra ha­cer una pe­di­da con to­das las de la ley. «Des­pués de diez años, aca­ba­mos los dos tem­blan­do co­mo fla­nes. Y nues­tra hi­ja ma­yor llo­ran­do de emo­ción», con­fie­sa Rai.

Un res­ca­te a 15 me­tros

La jor­na­da de puer­tas abier­tas re­sul­tó un éxi­to. El pú­bli­co con­tu­vo la res­pi­ra­ción con el res­ca­te en al­tu­ra en el que una vo­lun­ta­ria fue ele­va­da en ca­mi­lla a la to­rre del edi­fi­cio, a 15 me­tros de al­tu­ra. Era Ca­ta­li­na, una jo­ven de con­fian­za que pa­só una bue­na prue­ba de vér­ti­go mien­tras los pro­fe­sio­na­les ma­ne­ja­ban el com­ple­jo sis­te­ma de cuer­das y po­leas.

En la ex­hi­bi­ción de ex­car­ce­la­ción, uno de los bom­be­ros se pu­so es­ta vez del otro la­do de la ba­rre­ra. Mon­cho se pres­tó pa­ra ac­tuar co­mo víc­ti­ma de un ac­ci­den­te de co­che y fue ex­car­ce­la­do por sus com­pa­ñe­ros. Pe­se a la pe­ri­cia de los bom­be­ros y a la ra­pi­dez con la que con­si­guie­ron cor­tar el co­che pa­ra li­be­rar­le, Mon­cho re­co­no­ció que el tiem­po se le ha­bía he­cho eterno.

El pú­bli­co in­fan­til, por su par­te, dis­fru­tó con la fies­ta de la es­pu­ma y se fue a ca­sa con un cas­co de ju­gue­te, un car­né de bom­be­ro y una vo­ca­ción en­cau­za­da.

Me­dia to­ne­la­da de so­li­da­ri­dad

La jor­na­da te­nía ade­más ca­rác­ter so­li­da­rio y las cer­ca de 400 per­so­nas que pa­sa­ron por el par­que de bom­be­ros apor­ta­ron ca­si me­dia to­ne­la­da de ali­men­tos que se­rán do­na­dos a los Ser­vi­cios So­ciais de los Con­ce­llos de La­lín y Do­zón.

Rai pi­dió ma­tri­mo­nio a su pa­re­ja Bea en un si­mu­la­cro de in­cen­dio.

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