«Es­pe­ro que es­te ano se por­ten»

Más de dos mil alum­nos es­tre­na­ron ayer en la ciu­dad la pri­me­ra ABAU, una prue­ba de ac­ce­so a la uni­ver­si­dad prác­ti­ca­men­te igual a la se­lec­ti­vi­dad pre­ce­di­da por la po­lé­mi­ca

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - SANTIAGO - TA­MA­RA MON­TE­RO

Ber­nar­do, sen­ta­do en las es­ca­le­ras de Ma­te­má­ti­cas, mira al fren­te. La su­ya es el au­la 3. Es­pe­ra a que Xo­sé An­tón Do­ba­rro, lis­ta en mano, gri­te su nom­bre co­mo ha ido gri­tan­do des­de las 9 de la ma­ña­na el de otros mu­chos. «¡Al­bo­rés!», vo­ci­fe­ra des­de la puer­ta el pro­fe­sor. Y ese Al­bo­rés se mul­ti­pli­ca en las vo­ces de las de­ce­nas de es­tu­dian­tes que se agol­pan a las puer­tas de una jor­na­da úni­ca. Su exa­men de ac­ce­so a la uni­ver­si­dad. Y Al­bo­rés, y des­pués Bei­roa, y más tar­de Díaz, se acer­can, car­né de iden­ti­dad en ris­tre, pa­ra re­co­ger los có­di­gos de ba­rras por los que sen­ti­rán más ape­go en to­da su vi­da. No son los pri­me­ros. Otros mu­chos se han afe­rra­do otros años a esos ad­he­si­vos. Pe­ro son pio­ne­ros. Los que es­tre­nan una prue­ba de ac­ce­so a la uni­ver­si­dad que ha cam­bia­do de nom­bre, pe­ro no de con­te­ni­dos ni de es­truc­tu­ra.

Ber­nar­do es­tá can­sa­do. Ha dor­mi­do mal. Ayer es­tu­dió has­ta las diez, vio un po­co la te­le­vi­sión y se fue a la ca­ma. Se ha le­van­ta­do a las sie­te de la ma­ña­na y ha co­gi­do un au­to­bús has­ta Santiago con otros 50 com­pa­ñe­ros del IES Vir­xe do Mar de Noia. «Es­toy un po­co preo­cu­pa­do», re­co­no­ce. Sus pla­nes son en­trar en la Es­cue­la de Ofi­cia­les del Ejér­ci­to de Ma­rín, «pe­ro pi­den una no­ta muy al­ta y si no en­tro ahí no sé muy bien...». Tie­ne un 9,25 de me­dia de ba­chi­lle­ra­to. Y se le di­bu­ja una son­ri­sa tí­mi­da al es­cu­char que no va a te­ner pro­ble­ma. Que es­tá so­bra­da­men­te pre­pa­ra­do. Aun así, los ner­vios le im­pi­den re­la­jar­se. «No lo veo cla­ro».

En el Vir­xe do Mar no ha­bía po­rra pe­ro en el IES nú­me­ro 1 de Ri­bei­ra la ha­bía, va­ya si la ha­bía: His­to­ria, Se­gun­da Re­pú­bli­ca. Li­te­ra­tu­ra es­pa­ño­la, ge­ne­ra­ción del 98, mo­der­nis­mo o his­pa­noa­me­ri­ca­na. Acer­ta­ron. Por lo me­nos la li­te­ra­tu­ra cas­te­lla­na. Una de las op­cio­nes era el mo­der­nis­mo.

La suer­te en eso de las cá­ba­las tam­bién to­có a los alum­nos del IES Pon­te­pe­dri­ña, con­ven­ci­dos de que ha­bía que apos­tar por el fran­quis­mo. No por na­da, por cues­tión de es­ta­dís­ti­ca. Lo ex­pli­ca una de las pro­fe­so­ras que acom­pa­ña­rá a los alum­nos du­ran­te es­tos tres días. Ho­ras muer­tas en los pa­si­llos de la Fa­cul­ta­de de Ma­te­má­ti­cas. De vez en cuan­do, un ca­fé. A ra­tos, la vi­si­ta de un com­pa­ñe­ro. Y ayer, la com­pa­ñía de un buen li­bro de mu­cha pa­cien­cia. «Cren que o que máis se re­pi­te nos úl­ti­mos anos son te­mas re­la­cio­na­dos co fran­quis­mo». Pre­mio. Una de las op­cio­nes era la opo­si­ción a la dic­ta­du­ra y su evo­lu­ción. La otra, la cri­sis de la Res­tau­ra­ción bor­bó­ni­ca.

Lo cuen­ta en me­dio de un si­len­cio ca­si se­pul­cral, cuan­do el pri­mer exa­men ya ha con­su­mi­do su pri­me­ra ho­ra. A las 10 en pun­to, se des­pre­cin­tó la ca­ja. Allí es­ta­ban. Los pri­me­ros exá­me­nes de la pri­me­ra prue­ba de Ava­lia­ción do Ba­cha­re­la­to pa­ra o Ac­ce­so á Uni­ver­si­da­de. Pa­sa­ron de mano en mano. «Le­de ben as op­cións». Fue uno de los con­se­jos que el pro­fe­sor Do­ba­rro. Una, so­bre la xe­no­fo­bia y la cri­sis de los re­fu­gia­dos. La otra, so­bre fe­mi­nis­mo y los Goya. «Te­de coida­do cos có­di­gos de ba­rras». Por­que se pierden. Por­que se mez­clan. Por­que se tras­pa­pe­lan. Es­te año tam­bién, los ner­vios. A al­guno, ya hu­bo que dar­le unas pe­ga­ti­nas nue­vas. «Non se po­de ter nin­gún dis­po­si­ti­vo elec­tró­ni­co a man. Xa non di­go usa­lo. A man». Se apa­gan los mó­vi­les. Ru­ge la cla­se. «¿Por que vos er­gue­des?». «Po­lo do dis­po­si­ti­vos elec­tró­ni­cos». A la mo­chi­la. Aho­ra sí. Aho­ra la suer­te es­tá echa­da. «Os que non te­ñan exa­me po­den mar­char». Y, cla­ro, se mar­chan. En­tre ellos es­tá Mi­guel. 21 años. Ve­ne­zo­lano. Quie­re es­tu­diar Fí­si­ca. Más bien se­guir es­tu­dian­do Fí­si­ca. Así que le to­ca ma­ña­na. «So­lo me ten­go que exa­mi­nar de las es­pe­cí­fi­cas»: Fí­si­ca y Ma­te­má­ti­cas. Más de cua­tro ho­ras dia­rias hin­can­do los co­dos. Vie­ne a por las eti­que­tas y des­pués, a ca­sa. ¿Es­tre­sa­do? «No, bueno, me ge­ne­ró en su mo­men­to, cuan­do te­nía la edad de ellos, en las prue­bas de ac­ce­so la uni­ver­si­dad de allá», que son muy di­fe­ren­tes. Pa­ra em­pe­zar, hay una por ca­da ins­ti­tu­ción uni­ver­si­ta­ria.

«Es­pe­ro que se por­ten es­te ano, des­pois do que fi­xe­ron...» Lo que hi­cie­ron, man­te­ner la in­cóg­ni­ta has­ta mar­zo so­bre có­mo se­ría exac­ta­men­te la prue­ba, lle­vó a al­gu­nos pro­fe­so­res de His­to­ria a co­men­zar a dar cla­se por el prin­ci­pio de los tiem­pos: la Prehis­to­ria, pa­ra, en los úl­ti­mos me­ses, dar una vol­te­re­ta es­pa­cio-tem­po­ral y apu­rar ma­te­ria. ¿Y el año que vie­ne? Pues to­da­vía no es­tá cla­ro, di­cen los pro­fe­so­res. Son las 11.30. Se abren las puer­tas. La ma­yo­ría sa­len con una son­ri­sa. Ha si­do fá­cil. Y la ten­sión se li­be­ra.

Más in­for­ma­ción en la pá­gi­na 14 de la sec­ción Ga­li­cia.

PACO RO­DRÍ­GUEZ

Una alum­na re­pa­sa an­tes de co­men­zar el exa­men en la Fa­cul­ta­de de Me­di­ci­na.

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