De Pia­nis­ta del Co­ro Luis Areán e in­te­gran­te de Ha­ba­na Fee­ling an­he­la vol­ver a en­se­ñar

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - AGENDA - AME­LIA FERREIROA

Lle­va so­la­men­te seis me­ses re­si­dien­do en La­lín pe­ro sus gen­tes, el pue­blo y la co­mi­da «ri­quí­si­ma» —se­gún re­co­no­ce— la con­quis­ta­ron. Sin em­bar­go a Ar­let­te Mar­tín Ve­láz­quez (Sie­go de Ávi­la-Cu­ba) se le mus­tia por unos ins­tan­tes su bri­llan­te son­ri­sa al re­cor­dar a sus pa­dres y her­ma­na que vi­ven en la is­la. «Es que so­mos muy uni­dos los cua­tro y los echo mu­cho de me­nos! La asig­na­tu­ra pen­dien­te que ten­go es po­der via­jar pa­ra a ver­los o que ven­gan ellos a Ga­li­cia». A es­ta jo­ven cu­ba­na le apa­sio­na la mú­si­ca, muy es­pe­cial­men­te el piano, e in­clu­so hi­zo sus pi­ni­tos en el mun­do del ba­llet y si­gue so­ñan­do con po­der de­di­car­se a la en­se­ñan­za; al­go que le vie­ne en los ge­nes.

—Mi pa­pá es ma­te­má­ti­co y mi ma­má es pro­fe­so­ra de mi­cro­bio­lo­gía. Es­tá cla­ro que lle­vo la do­cen­cia den­tro y me gus­ta­ría ser pro­fe­so­ra de piano.

—¿En su en­torno fa­mi­liar más pró­xi­mo hay mú­si­cos?

—No. Nin­guno. Cier­to que a mis pa­dres les gus­ta la mú­si­ca. Mi ma­dre can­ta y bai­le muy bien pe­ro na­die ha si­do mú­si­co en la fa­mi­lia. A los cin­co años em­pe­cé ba­llet y lo de­jé a los sie­te al con­si­de­rar mi pro­fe­so­ra que po­nía mu­cho em­pe­ño pe­ro que no te­nía su­fi­cien­tes ap­ti­tu­des pa­ra el bai­le (ri­sas). Lo del piano lle­gó un po­co por ca­sua­li­dad. Te­nía una ve­ci­na que es­tu­dia­ba piano, yo la es­cu­cha­ba y así em­pe­zó to­do... Nos pre­sen­ta­mos un cen­te­nar de as­pi­ran­tes a seis pla­zas pa­ra cur­sar es­tu­dios de piano y tu­ve la suer­te de ser una de esos seis es­co­gi­dos. Fue­ron años de mu­cho tra­ba­jo y tam­bién de sa­cri­fi­cio por parte de mis pa­dres, pe- se a que en Cu­ba la edu­ca­ción es gra­tui­ta, tu­vie­ron que com­prar­me un piano y su­fra­gar mi ma­nu­ten­ción fue­ra de mi pue­blo a don­de me fui a es­tu­diar.

—Los cu­ba­nos tie­nen una sen­si­bi­li­dad es­pe­cial pa­ra la mú­si­ca. —Va en nues­tra for­ma de ser. En Cu­ba ab­sor­bes la mú­si­ca des­de que na­ces. Es al­go co­ti­diano, en lo que vas edu­ca­da. No se en­ten­de­ría Cu­ba sin mú­si­ca y en las es­cue­las fun­cio­na muy bien la edu­ca­ción mu­si­cal. En Cu­ba la mú­si­ca es una pro­fe­sión y se vi­ve de ella. Es­to es al­go que me sor­pren­dió en Es­pa­ña ya que hay mu­cho ta­len­to pe­ro no hay tan­tos me­dios al al­can­ce pa­ra vi­vir de la mú­si­ca.

—¿Que vi­sión tie­ne al res­pec­to de La­lín?

—Es­toy muy sa­tis­fe­cha aquí. Es un pue­blo pe­que­ño pe­ro con un am­bien­te mu­si­cal que no se res­pi­ra en otros si­tios. Lo que más Am­plio cu­rrícu­lo. Ini­ció la ca­rre­ra con 16 años. Li­cen­cia­da en mú­si­ca por el Ins­ti­tu­to Su­pe­rior de Ar­tes de La Ha­ba­na, fue la me­jor gra­dua­da de su pro­mo­ción.

En­se­ñan­za. Ejer­ció co­mo sub­di­rec­to­ra de la es­pe­cia­li­dad de mú­si­ca y fue pia­nis­ta con­cer­tis­ta. me gus­ta de La­lín es su gen­te que me aco­gió co­mo a una hi­ja. Aquí en­con­tré mu­cho apo­yo. Al prin­ci­pio les cues­ta un po­co en­ta­blar con­ver­sa­ción pe­ro cuan­do lo­gras en­trar en su co­ra­zón ya te lo dan to­do!

—Seis me­ses de es­tan­cia en la ca­pi­tal de­za­na que, des­de el pun­to de vis­ta pro­fe­sio­nal, die­ron pa­ra bas­tan­tes ini­cia­ti­vas. —No es­tá mal. Soy la pia­nis­ta del Co­ro Luis Areán de aquí que es una ma­ra­vi­lla y cu­yo úl­ti­mo tra­ba­jo se po­drá ver en unos días, to­qué en al­gu­nas oca­sio­nes con la Ban­da de La­lín y tam­bién acom­pa­ñé al piano a alum­nos del con­ser­va­to­rio. Ade­más soy una de las in­te­gran­tes del dúo Ha­ba­na Fee­ling con el que ofre­ce­mos ac­tua­cio­nes por to­da Ga­li­cia. —¿Sig­ni­fi­ca to­do ello mu­chas ho­ras de en­sa­yos dia­rios? —Cuan­do es­ta­ba a pun­to de gra­duar­me es­tu­dia­ba diez ho­ras dia­rias. En el mun­do mu­si­cal no de­jas de apren­der y la prác­ti­ca dia­ria es la que te lle­va al éxi­to. Es­te es un tra­ba­jo que des­gas­ta tan­to fí­si­co co­mo men­tal­men­te. La mú­si­ca re­quie­re de una prác­ti­ca y de un tra­ba­jo dia­rio. To­dos los días tie­nes que en­sa­yar y dar pa­so ade­más a co­sas nue­vas pa­ra lo­grar la di­fe­ren­cia res­pec­to de los de­más com­pa­ñe­ros. Es un tra­ba­jo muy se­rio y cons­tan­te.

Ar­let­te Mar­tín Ve­láz­quez, en el con­ser­va­to­rio de La­lín don­de en­sa­ya con el Co­ro Luis Areán.

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