Jó­ve­nes que ata­can con «san­gre» y no se cor­tan

En su ar­got de obre­ros del hip-hop, Álvaro y Álex cuen­tan có­mo son las ba­ta­llas ver­ba­les que pro­ta­go­ni­zan

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - AGENDA - MA­RÍA HERMIDA

Álvaro Aro­sa y Álex Sán­chez, a los que les fal­tan unos me­ses pa­ra cum­plir los 18 años, son ra­pe­ros: obre­ros de la mú­si­ca de la ca­lle por ex­ce­len­cia. Se les en­tre­vis­ta co­mo tal, por­que jun­to con otros cha­va­les pon­te­ve­dre­ses aca­ban de or­ga­ni­zar una so­na­da ba­ta­lla de ga­llos. ¿Qué es eso? Una ci­ta en la que los ra­pe­ros se re­tan, por su­pues­to con ri­mas, y hay un ju­ra­do que de­ci­de quién es el que ga­nó el crea­ti­vo ri­fi­rra­fe mu­si­cal. Pe­ro lo cier­to es que con­for­me ellos van ha­blan­do uno sien­te que, en reali­dad, eso que ellos cuen­tan, que sue­na tan del si­glo XXI, po­dría en­mar­car­se, sal­van­do las dis­tan­cias, en otras épo­cas de la his­to­ria. Pri­me­ro, por­que ha­blan de que les en­can­ta ir de ba­ta­lla en ba­ta­lla, co­mo si fue­sen an­ti­guos ca­ba­lle­ros, so­lo que ellos en lu­gar de es­pa­das sa­can la len­gua a pa­cer pa­ra ga­nar­le al con­trin­can­te. Lue­go, por­que afir­man que en esas ba­ta­llas lo que da gus­to es lan­zar­le san­gre al otro. ¿San­gre, se les pre­gun­ta? Y res­pon­den: «La san­gre son los lan­ces, lo que le vas di­cien­do a tu opo­nen­te». Y, por úl­ti­mo, uno sien­te que son más ca­ba­lle­ros que nun­ca cuan­do ad­vier­ten: «Lo me­jor del rap y de las ba­ta­llas de ga­llos es que no nos per­de­mos el res­pe­to. Ja­más bus­cas he­rir los sen­ti­mien­tos del otro. De he­cho, sue­len aca­bar con un abrazo», di­cen.

Álvaro y Álex tie­nen unas his­to­rias pa­re­ci­das, al me­nos en lo que al rap se re­fie­re. Los dos se que­da­ron pren­da­dos del hip-hop cuan­do eran unos ni­ños. «Yo es­cu­ché una de Me­len­di y es­cu­ché un te­ma de rap, y tu­ve cla­ro que lo que a mí me gus­ta­ba era lo se­gun­do», di­ce Álvaro, cu­yo nom­bre co­mo ar­tis­ta de hip-hop es Aro­sa. En cuan­to a Álex, al­go pa­re­ci­do: «Es­cu­ché una can­ción y ya me en­gan­ché, aun­que a mis pa­dres no les hi­zo nin­gu­na gra­cia por­que de­cía un mon­tón de pa­la­bro­tas». En ese pun­to, tan­to uno co­mo otro cuen­tan que, an­tes de li­brar ba­ta­llas de ga­llos, tu­vie­ron que li­brar sus pro­pias gue­rras do­més­ti­cas. A los pa­dres, a los de am­bos, no les chis­ta­ba el asun­to del rap. ¿Por qué? «Por­que a ve­ces se re­la­cio­na con al­cohol y con dro­gas, pe­ro no­so­tros no ha­ce­mos na­da de eso. Sim­ple­men­te nos jun­ta­mos y ba­ta­lla­mos, em­pe­za­mos a ra­pear. Es so­lo eso», in­sis­te uno y otro. El ca­so es que, al me­nos en cuan­to a sus pro­ge­ni­to­res, ga­na­ron la lu­cha. Por­que se hi­cie­ron ra­pe­ros sí o sí.

En na­ci­mien­to de Baha­mas

Tan ra­pe­ros eran que se jun­ta­ron con otros ra­pe­ros. Y de­ci­die­ron que en Pon­te­ve­dra te­nían que or­ga­ni­zar­se, for­mar un gru­po co­mo otros que ya ha­bía en Vi­go o dis- tin­tas ciu­da­des de Es­pa­ña y ha­cer las ba­ta­llas de ga­llos fa­mo­sas, que ellos tan­to se­guían a tra­vés de In­ter­net. For­ma­ron piña el 29 de di­ciem­bre del 2016 y se bau­ti­za­ron co­mo Baha­mas 029. Des­de en­ton­ces, prác­ti­ca­men­te to­das las se­ma­nas se jun­tan pa­ra ra­pear. Lo ha­cen en si­tios pú­bli­cos, a ser po­si­ble cu­bier­tos pa­ra que la llu­via no in­cor­die. Eligen lu­ga­res co­mo las cer­ca­nías de los juz­ga­dos de A Par­da o las in­me­dia­cio­nes de San­ta Ma­ría la Ma­yor. Di­cen que pe­lean ver­bal­men­te so­bre cual­quier co­sa; lo mis­mo les sir­ve la ri­va­li­dad por un par­ti­do de fút­bol que las pu­llas por los amo­ríos. «Es­tá cla­ro que te tie­nes que me­ter con el con­trin­can­te, que le tie­nes que ata­car, pe­ro el res­pe­to siem­pre es­tá pre­sen­te», di­ce Aro­sa. Sor­pren­de las re­glas de las que ha­blan, las nor­mas, las lí­neas que no se de­ben cru­zar... que­da cla­ro que sus ba­ta­llas de hip-hop es­tán re­gla­das y que ellos se las to­man «co­mo si fue­se un de­por­te».

Cuen­tan am­bos, es­tu­dian­tes de pri­me­ro de ba­chi­lle­ra­to, uno del To­rren­te Ba­lles­ter y otro del Sán­chez Can­tón, que des­de que ra­pean y en­sa­yan ca­da día pa­ra ha­cer me­jo­res ri­mas tie­nen más «agi­li­dad men­tal, ima­gi­na­ción y so­bre to­do vo­ca­bu­la­rio». Lo cuen­tan con fran­que­za. Se no­ta. En­ton­ces, cae la pre­gun­ta: ¿Eso les ayu­da en sus es­tu­dios? Álex re­so­pla. A él no le fue bien el cur­so. Re­co­no­ce que te­nía que ha­ber da­do mu­cho más de lo que dio. Y ha­ce pro­pó­si­to de en­mien­da. «En ve­rano es­tu­dia­ré por las ma­ña­nas», se­ña­la. Y uno de­ci­de ano­tar su fra­se pa­ra que sus pa­dres ten­gan cons­tan­cia de la mis­ma. Álvaro, con me­jo­res re­sul­ta­dos, aña­de: «Yo creo que sí que te ayu­da, por­que apren­des de mé­tri­ca, de có­mo ri­mar y bus­cas pa­la­bras nue­vas to­do el tiem­po».

Se ha­ce la prue­ba del al­go­dón y el re­sul­ta­do sor­pren­de. Se les pi­de que en frío, en ple­na ca­lle, co­jan el rap por los cuer­nos y lo de­fien­dan en ver­so de esos que di­cen que es una mú­si­ca que so­lo con­lle­va «pa­la­bro­tas y ma­los ro­llos». Lo ha­cen al ins­tan­te. Les na­cen los ver­sos en la bo­ca. Y las pu­llas. Uno les pre­gun­ta si co­no­cen a Gón­go­ra y Que­ve­do, y si su ba­ta­lla po­dría ser­vir­les de ins­pi­ra­ción. Ellos se acuer­dan del poe­ma de la na­riz. Lue­go, se mar­chan co­mo lle­ga­ron: edu­ca­dos, ri­sue­ños, so­lí­ci­tos, ama­bles... y con de­be­res. Di­cen que bus­ca­rán en In­ter­net so­bre la ene­mis­tad de los dos poe­tas ci­ta­dos.

Di­cen que des­de que ra­pean y en­sa­yan a dia­rio tie­nen más agi­li­dad men­tal y vo­ca­bu­la­rio

EMI­LIO MOL­DES

Álvaro Aro­sa y Álex Sán­chez, que no visten con la es­té­ti­ca aso­cia­da a los ra­pe­ros por­que ellos di­cen «que el rap va en la ca­be­za».

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