Cru­zó el gran char­co con 21 años por su pa­sión por el ba­lon­ces­to, y aho­ra quie­re mo­vi­li­zar a la ter­ce­ra edad

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - LA VOZ DE DEZA Y TABEIRÓS - PABLO PENEDO

To­do el mun­do ma­ne­ja sus ra­zo­nes en la vi­da. Esa pa­lan­ca que da el pri­mer im­pul­so a la ma­ne­ra de ca­mi­nar en el día a día con la mi­ra­da en el sue­lo, pe­ro tam­bién a la for­ma de le­van­tar la ca­be­za en bus­ca de la so­ña­da fotografía que pro­yec­ta­mos en nues­tro fu­tu­ro. Hay quienes pre­ten­den una vi­da de so­ta, ca­ba­llo y rey en la que po­der dis­fru­tar de los te­so­ros más sen­ci­llos. Otros, co­mo Gui­do Villamil (Bue­nos Ai­res, 12/IX/1988), en­fo­can su exis­ten­cia sin una brú­ju­la mar­can­do siem­pre nor­te. «Yo me mue­vo por ideas locas, por ideas que me apa­sio­nen, por ideas que te po­nen los pe­los de pun­ta», di­ce. La úl­ti­ma, mo­vi­li­zar a la ter­ce­ra edad de O Sal­nés en una an­dai­na so­li­da­ria el día 30. Pro­mo­vien­do el sa­lu­da­ble há­bi­to del ca­mi­nar en­tre la gen­te ma­yor al tiem­po que se co­la­bo­ra con la aso­cia­ción co­mar­cal de ayu­da a los fa­mi­lia­res de en­fer­mos de Alz­hei­mer Afa­sal.

Una «idea lo­ca» ins­pi­ra­da por un pri­mo de Gui­do, que le re­cor­dó ini­cia­ti­vas si­mi­la­res en su Ar­gen­ti­na na­tal que lle­ga­ron a con­gre­gar a 8.000 per­so­nas en Bue­nos Ai­res, y de la que no te­nía cons­tan­cia en nin­gún otro país. Otra pa­lan­ca de cam­bio del por­ta­voz de la Aso­cia­ción Cul­tu­ral y De­por­ti­va Fi­lo­so­fía de Xo­go, que Gui­do fun­dó en sep­tiem­bre del 2015 junto a otro ba­lon­ces­tis­ta his­pa­noar­gen­tino, Juan­chi Ore­llano, con el que tra­bó amistad en el Bo­ca Jú­niors, y con el que coin­ci­dió dos años en el Xu­ven Cam­ba­dos tras la que has­ta el mo­men­to pa­re­ce la idea más lo­ca de las locas ideas de Gui­do. De­jar a me­dia ca­rre­ra sus es­tu­dios de di­se­ño in­dus­trial pa­ra cru­zar el gran char­co con 21 años en pos de un sue­ño. Con­ver­tir­se en pro­fe­sio­nal del ba­lon­ces­to.

«La ver­dad, era una ca­rre­ra lin­da. Pe­ro no me apa­sio­na­ba. Es­tu- dia­ba por mi familia. pe­ro a mí lo que real­men­te me gus­ta­ba era el ba­lon­ces­to», nos cuen­ta el pí­vot.

Por eso se vino a Es­pa­ña. Con el gan­cho de la se­gun­da me­jor li­ga del mun­do, y las ven­ta­jas de la do­ble na­cio­na­li­dad he­re­da­da del abue­lo ma­terno con via­je de ida y vuel­ta de Ar­gen­ti­na a Vi­go.

Pe­ro Gui­do no em­pe­zó su pe­ri­plo des­de la se­gu­ri­dad del en­torno fa­mi­liar. Al con­tra­rio, le to­có vi­vir un pri­mer año «bas­tan­te du­ro». Lo ini­ció en Bar­ce­lo­na, con una prue­ba en el Prat ani­ma­do por un ami­go. Co­mo le di­je­ron que no dis­pon­dría de mu­chos mi­nu­tos, lo in­ten­tó en San­tan­der, pe­ro «du­ré me­nos de un te­le­dia­rio». Vuel­ta a Prat, y de ahí a Mé­ri­da, don­de «ju­gué un mes sin co­brar na­da», y lo de­jó. Des­pués lo in­ten­tó en Al­faz de Pi, Ali­can­te, pa­ra aca­bar la tem­po­ra­da en La Seu.

Pa­ra re­cu­pe­rar­se de tal desa­zón Villamil mar­chó a Vi­go a re­po­ner fuer­zas a la ca­sa de sus abue­los. Con su ami­go Juan­chi, que en su tam­bién pri­mer año en Es­pa­ña ha­bía mi­li­ta­do en el Illes­cas de LEB Pla­ta. Un re­pre­sen­tan­te le ha­bló de que en Cam­ba­dos ha­bía nue­vo en­tre­na­dor, Ya­go Ca­sal, y el Xu­ven «hi­zo un 2x1 con Juan­chi y con­mi­go», re­cuer­da el pí­vot. Dos años en la vi­lla del al­ba­ri­ño aca­ba­ron con tí­tu­lo de EBA y as­cen­so a LEB Pla­ta en un club del que Gui­do ha­bla ma­ra­vi­llas, y al que no ha sor­pren­di­do ver ro­zan­do el as­cen­so a Oro: «Por có­mo se in­vo­lu­cra el club, por có­mo in­ten­ta ir a más, tie­ne ló­gi­ca que le es­té yen­do tan bien al Xu­ven. Es un mo­de­lo a se­guir. Un club en el que se res­pi­ra ba­lon­ces­to».

Tras pa­sar por Za­mo­ra, León, y de nue­vo Cam­ba­dos, el ve­rano pa­sa­do Gui­do se lan­zó a otra aven­tu­ra. Fi­chó por el Ouest Lyon­nes Bas­ket de Lyon, en el equi­va­len­te ga­lo de la EBA. Con él lo­gró la per­ma­nen­cia per­se­gui­da con­so­li­da­do co­mo ti­tu­lar, mien­tras se adap­ta­ba a una nue­va cul­tu­ra y len­gua ayu­da­do por las di­ver­ti­das co­rrec­cio­nes de los cha­va­les que en­tre­na­ba en la ba­se del club.

La in­ten­ción de Villamil es re­pe­tir en Fran­cia. Porque a es­tas al­tu­ras «creo en la con­ti­nui­dad, en pro­yec­tos que bus­quen cre­cer» con su im­pli­ca­ción. Co­mo Fi­lo­so­fía de Xo­go. Una aso­cia­ción sin áni­mo de lu­cro que mon­tó pa­ra or­ga­ni­zar even­tos de­por­ti­vos «co­mo con­ti­nua­ción a mis sueños», y que se es­tre­na­ba ha­ce un año con una cla­se de ba­lon­ces­to en silla de rue­das en el pro­gra­ma de las Noi­tes Aber­tas de Pon­te­ve­dra.

«El Con­ce­llo de Cam­ba­dos fue el pri­me­ro que cre­yó en ‘Más za­pa­ti­llas y me­nos pas­ti­llas’», la an­dai­na del día 30. «Allí me co­no­cen por mis años en el Xu­ven. Pe­ro cuan­do un di­rec­tor de már­ke­ting que es­tá en Bar­ce­lo­na te di­ce ‘es una bue­na idea’ pien­sas, ‘gra­cias’», co­men­ta Gui­do. Y no fue el úni­co. A to­dos los con­ce­llos de la co­mar­ca «les atra­jo la idea».

Aho­ra, ade­lan­ta, «voy a ir aso­cia­ción por aso­cia­ción de la ter­ce­ra edad» pa­ra con­se­guir la ma­yor par­ti­ci­pa­ción po­si­ble. «Por los ma­yo­res», y por po­ner su gra­ni­to en la pe­lea con el Alz­hei­mer. «La abue­la de mi ex­no­via tu­vo Alz­hei­mer, vi lo que pa­sa­ban ella y su familia, y es du­ro». Ayu­dar a quien pa­sa por al­go así ani­ma a ca­mi­nar.

MAR­TI­NA MISER

Gui­do es­tá gas­tan­do sus za­pa­ti­llas en in­vo­lu­crar a los con­ce­llos y las aso­cia­cio­nes lo­ca­les en su an­dai­na so­li­da­ria pa­ra la ter­ce­ra edad.

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