Tras los pa­sos de De­lio Fer­nán­dez

El co­rre­dor del Mar­se­lla em­pe­zó en es­te club que se de­di­ca a for­mar a pe­que­ños ci­clis­tas des­de ha­ce 30 años

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - PONTEVEDRA DEPORTES - MÍRIAM VÁZ­QUEZ FRA­GA

El Club Ci­clis­ta de Can­gas ce­le­bra es­te año su tri­gé­si­mo aniver­sa­rio. Su di­rec­tor de­por­ti­vo y pre­si­den­te, Adol­fo So­li­ño, se da cuen­ta de la efe­mé­ri­de so­bre la marcha cuan­do echa la vis­ta atrás pa­ra bus­car los ini­cios. «Pues fue en 1987. Ca­da vez ha­bía más gen­te in­tere­sa­da en el pue­blo y pa­ra co­rrer es­ta­bas obli­ga­do a ir­te a Pon­te­ve­dra o a Vi­go. In­clu­so el club de Bueu se fun­dó po­co an­tes que es­te», re­cuer­da el téc­ni­co.

Du­ran­te es­tos años han pa­sa­do por mu­chas eta­pas y han vis­to ini­ciar­se a ci­clis­tas co­mo De­lio Fer­nán­dez. «Guar­da­mos con ca­ri­ño fotos su­yas con la equi­pa­ción azul. Era el más sim­pá­ti­co de to­dos. Pa­ra el vi­ce­pre­si­den­te fue co­mo un hi­jo y hoy es uno de los po­cos ci­clis­tas pro­fe­sio­na­les que te­ne­mos en Ga­li­cia», pre­su­me con orgullo. Aho­ra for­man a pe­que­ños en­tre cin­co y diez años que si­guen los pa­sos del moa­ñés, aun­que a esa edad se les in­cul­ca que dis­fru­ten sin pen­sar en más. «No hay que em­pe­zar por en­se­ñar­les a com­pe­tir y a ga­nar, sino a con­vi­vir, a ser per­so­nas y no cam­peo­nes. Si tam­bién lo son, bien­ve­ni­dos, pe­ro eso nun­ca pue­de ser lo pri­me­ro».

Ade­más, re­cuer­da So­li­ño que «en otros deportes de equi­po, co­mo el fút­bol, ga­nan on­ce, pe­ro aquí so­lo uno. Por eso es to­da­vía más im­por­tan­te en­se­ñar­les que lo que cuen­ta no es ga­nar». In­ci­de en que es un de­por­te sa­cri­fi­ca­do. «Siem­pre di­go que la cua­li­dad más im­por­tan­te es que te gus­te. A ve­ces lle­gan pa­dres que en­se­gui­da quie­ren com­prar bi­ci y de to­do y les in­sis­ti­mos en que no se pre­ci­pi­ten y que a la más mí­ni­ma du­da que ten­ga el ni­ño, es me­jor no si­ga».

De nue­vo en com­pa­ra­ción con otros de­por­te de equi­po, ex­po­ne que «si uno es­tá mal o se le­sio- na, se pa­ra el par­ti­do. Aquí si te ven ma­la ca­ra no te es­pe­ran, sino to­do lo con­tra­rio». Re­cuer­da al­gu­na ex­pe­rien­cia de ni­ños que a la ho­ra de la ver­dad se die­ron cuen­ta de que no era lo su­yo. «En un día de llu­via que le to­có su­bir una cues­ta se pu­so a llo­rar y nos de­cía que por qué le ha­bía­mos he­cho eso», re­me­mo­ra.

Son anéc­do­tas de 30 años en los que so­bre to­do So­li­ño y sus cha­va­les han cum­pli­do ma­yo­ri­ta­ria­men­te ese ob­je­ti­vo que se mar­can en el club de pa­sar­lo bien por en­ci­ma de to­do. «Yo al la­do de los ni­ños dis­fru­to de la vi­da. Ca­da día te lle­vas una sor­pre­sa con ellos, ves có­mo cre­cen, apren­den y me­jo­ran», ex­pli­ca. La prác­ti­ca

MARCOS CANOSA

So­li­ño (de­re­cha) y otro de los di­rec­to­res de­por­ti­vos del club, con al­gu­nos de los ni­ños que lo in­te­gran ac­tual­men­te.

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