Los se­cre­tos ocul­tos de la igle­sia de Pa­lio

Cultura ul­ti­ma aho­ra el pro­yec­to de re­cu­pe­ra­ción de las pin­tu­ras del tem­plo pre­rro­má­ni­co

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - DEZA-TABEIRÓS - RO­CÍO RA­MOS

Du­ran­te años, un pa­ra­guas de cha­pa cu­brió la pe­que­ña igle­sia de Pa­lio, en Lalín. Una ac­tua­ción que no im­pi­dió que el tiem­po y el agua fue­se mi­nan­do la be­lle­za del que se cree el tem­plo más an­ti­guo de la co­mar­ca de De­za y uno de los de Ga­li­cia. En 1890 el Obis­pa­do hi­zo des­apa­re­cer la pa­rro­quia de Pa­lio y la fe­li­gre­sía pa­só a de­pen­der de Cer­cio y Ro­dís. La di­vi­sión no fue efec­ti­va has­ta 1901 y en los años 70 en el tem­plo de­jó de ce­le­brar­se cul­to.

El pa­so del tiem­po fue ha­cien­do me­lla en es­ta pe­que­ña igle­sia que su­frió múl­ti­ples mo­di­fi­ca­cio­nes en su es­truc­tu­ra des­de la pri­me­ra pie­dra has­ta hoy. Fue tam­bién cre­cien­do en di­men­sio­nes y eso ha­ce que aho­ra, en es­pa­cio el de­di­ca­do a la sa­cris­tía sea ca­si tan gran­de co­mo el cuer­po cen­tral del tem­plo.

Las fil­tra­cio­nes de agua fue­ron mi­nan­do la be­lle­za del in­te­rior, que se­guía guar­dan­do to­dos los ele­men­tos del mo­bi­lia­rio. La ma­le­za fue cre­cien­do y aden­trar­se en el in­te­rior ca­da vez con­lle­va­ba un ma­yor ries­go por la po­si­bi­li­dad de de­rrum­be de al­gu­na pie­dra. Un es­ta­do que hi­zo que du­ran­te años Pa­lio for­ma­se par­te de la lis­ta ro­ja de la Aso­cia­ción Es­pa­ño­la pa­ra la De­fen­sa del Pa­tri­mo­nio Cul­tu­ral y Na­tu­ral His­pa­nia Nos­tra.

El inicio de las obras de reha­bi­li­ta­ción por par­te de la Con­se­lle­ría de Cultura en no­viem­bre del 2016 la sa­có de la lis­ta e ini­ció un res­ca­te que ya es pa­ten­te. Con­la fi­na­li­za­ción de la pri­me­ra fa­se de la obra, el tem­plo re­cu­pe­ró su sue­lo ori­gi­nal, de­ba­jo de ca­pas y ca­pas que se fue­ron su­per­po­nien­do con el pa­so del tiem­po. Ahon­dar en ellas con­si­guió de­vol­ver tam­bién al tem­plo las di­men­sio­nes ori­gi­na­les que per­mi­ten re­cu­pe­rar las dis­tan­cias.

La pie­dra, os­cu­re­ci­da por el pa­so del tiem­po, vol­vió a sa­car los co­lo­res y de­vol­vió a la luz ele­men­tos ocul­tos co­mo un ag­nus dei, una pe­que­ña ta­lla de un cor­de­ro en la pun­ta del ale­ro de una par­te del te­ja­do, de­trás del cam­pa­na­rio. La lim­pie­za al­re­de­dor del tem­plo des­cu­brió ade­más pie­dras que apa­re­cie­ron ti­ra­das y ele­men­tos que per­te­ne­cie­ron al tem­plo y que for­ma­ban po­si­ble­men­te al­gu­na co­lum­na. Tam­bién per­mi­te ad­mi­rar la be­lle­za de es­te en­cla­ve con vis­tas, por la par­te de atrás del tem­plo, a un her­mo­so pai­sa­je y a la ubi­ca­ción de un an­ti­guo castro.

El tem­plo se des­nu­dó pa­ra vol­ver a los orí­ge­nes y aho­ra que­da ves­tir­lo. Tras una in­ver­sión de 120.000 eu­ros, Cultura su­ma­rá otra de unos 93.000 eu­ros des­ti­na­da a re­cu­pe­rar la be­lle­za de las pin­tu­ras del mu­ro del pres­bi­te­rio, ocul­tas por una ca­pa de cal.

Tam­bién se quie­re res­tau­rar el retablo. En el mo­men­to de ser re­ti­ra­das, las imá­ge­nes re­ci­bie­ron un tra­ta­mien­to pre­ven­ti­vo y to­dos los ele­men­tos se guar­dan en gran­des ca­jas ce­rra­das. El día de la inau­gu­ra­ción, un ve­cino en­con­tra­ba en el sue­lo una vie­ja mo­ne­da. La reha­bi­li­ta­ción es­tu­vo di­ri­gi­da por el ar­qui­tec­to Luis Fer­nán­dez.

FOTOS MI­GUEL SOUTO

AR­CO TRIUN­FAL

Azul pa­ra de­co­rar. El pro­yec­to de re­cu­pe­ra­ción de las pin­tu­ras es­tá en mar­cha. Es­tán ba­jo una ca­pa de cal. El ar­co triun­fal es la par­te más an­ti­gua del tem­plo. Las que es­tán a la vis­ta no se sa­be pe­ro se cree que da­tan de prin­ci­pios del si­glo XX, pe­ro las que es­tán en­ci­ma del ar­co y ba­jo el mu­ro del pres­bi­te­rio fue­ron da­ta­das en torno a 1500. En va­rias zo­nas del ar­co y el áb­si­de hay otros res­tos que ten­drán que ser es­tu­dia­dos. El tem­plo con­ta­ba con tres re­ta­blos, el prin­ci­pal, ba­rro­co.

SA­CRIS­TÍA

Es­ti­lo ba­rro­co. El es­pa­cio que ocu­pa la sa­cris­tía fue un aña­di­do pos­te­rior de la épo­ca ba­rro­ca. Las obras de­vol­vie­ron a es­te es­pa­cio la cu­bier­ta co­mo era en su día, rea­li­za­da de un mo­do to­tal­men­te tra­di­cio­nal.

HIE­RRO Y MA­DE­RA

Los me­nos tor­ni­llos po­si­bles. Se in­ten­tó re­cu­pe­rar el ma­yor nú­me­ro de ele­men­tos po­si­bles y se mi­ma­ron los de­ta­lles co­mo el de las ce­rra­du­ras. Los tra­ba­jos de car­pin­te­ría hu­ye­ron to­do lo po­si­ble de los tor­ni­llos.

SUE­LO

Va­rias ca­pas de lo­sas. Con el tiem­po el sue­lo se fue cu­brien­do una y otra vez de lo­sas; al­gu­nas re­sul­ta­ron ser ta­pas de tum­bas que se reapro­ve­cha­ron. Apa­re­cie­ron tam­bién otras pie­dras de ele­men­tos ya des­apa­re­ci­dos.

AG­NUS DEI

Una pe­que­ña ta­lla. Uno de los te­ja­dos es­tá co­ro­na­do con una pe­que­ña ta­lla de pie­dra, a la que el pa­so del tiem­po y el efec­to del agua fue des­di­bu­jan­do los con­tor­nos. Es un ag­nus dei, sím­bo­lo del cor­de­ro de Dios.

Un ve­cino en­con­tró una mo­ne­da.

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