«Em­pe­cé a en­tre­nar a niños con los que aho­ra coin­ci­do com­pi­tien­do»

El na­da­dor afin­ca­do en Ou­ren­se com­pa­gi­na sus dos pa­sio­nes al mez­clar su de­por­te pre­fe­ri­do y la do­cen­cia

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - DEZA-TABEIRÓS DEPORTES - MA­RÍA MULEIRO, L. M. R. OU­REN­SE / LA VOZ

Al­ber­to Taboada, tras más de quin­ce años den­tro del Club Na­ta­ción Pa­be­llón Ou­ren­se, se co­ro­na co­mo na­da­dor y téc­ni­co de ve­te­ra­nos y de los más pe­que­ños. Aun­que na­ci­do en La­lín, lle­va ca­si to­da la vida en la cui­dad del Mi­ño.

—¿Cuándo em­pe­zó a dar­le cla­se a los pe­que­ños? — Yo llevo na­dan­do to­da la vida ca­si, des­de los 10 años y lle­gó un mo­men­to en el que el club me ofre­ció for­mar par­te del cuer­po téc­ni­co. Coin­ci­dió con mis úl­ti­mos años de uni­ver­si­dad y com­pa­gi­na­ba la par­te de na­ta­ción y la de en­tre­na­dor has­ta el día de hoy.

—¿Aho­ra si­gue com­pi­tien­do? —Sí, de mo­men­to sí, por­que no es que sea un na­da­dor de­ma­sia­do jo­ven. Bá­si­ca­men­te se pue­de de­cir que es­toy en el fi­nal de mi vida de­por­ti­va. De­por­te lo voy a se­guir ha­cien­do to­da la vida. Sim­ple­men­te la di­fe­ren­cia se­ría com­pe­tir o no com­pe­tir y tam­po­co me su­po­ne na­da te­ner li­cen­cia fe­de­ra­ti­va y echar una mano al club.

—Es­tu­dió Educación In­fan­til, se pue­de de­cir que jun­tó sus dos pa­sio­nes, ¿no? —Si. Al prin­ci­pio, tam­bién co­mo for­ma­ción tra­ba­jar con niños me ayu­da­ba y ten­go en­fo­ca­da mi ilu­sión y mis ob­je­ti­vos en tra­ba­jar en un co­le­gio. Pe­ro bueno, que si pue­do com­pa­gi­nar am­bas co­sas re­sul­ta per­fec­to.

—¿En­ton­ces no ve co­mo una pro­fe­sión de fu­tu­ro de­di­car­se a es­to? —Es que vi­vir de en­tre­na­dor es­tá com­pli­ca­do. Pe­ro bueno, aho­ra lo es­toy ha­cien­do por vi­vir, sin per­mi­tir­me gran­des ca­pri­chos, pe­ro por lo me­nos no es­toy en ca­sa pa­ra­do. No es­toy ago­bia­do en ese sen­ti­do. —¿Có­mo de­fi­ni­ría el pa­so de so­lo de­di­car­se a com­pe­tir a es­tar del otro la­do? —Es muy dis­tin­to. Ya llevo va­rios años en es­to y em­pe­cé a en­tre­nar niños que ya han cre­ci­do y con los que aho­ra coin­ci­do com­pi­tien­do. Em­pe­za­ron sien­do alum­nos míos y aho­ra son com­pa­ñe­ros de equi­po. Al prin­ci­pio es un po­co com­pli­ca­do. No te­nía el mis­mo ro­da­je que aho­ra, hay co­sas que an­tes se te pa­sa­ban por al­to y aho­ra te das más cuen­ta. Lue­go el he­cho de ser na­da­dor y en­tre­na­dor a la vez siem­pre ha­ce que le des más vuel­tas a la ca­be­za. Cuan­do voy na­dan­do di­go: «Bueno, es­te ejer­ci­cio es­tá bien» o «pue­do ha­cer es­to con los cha­va­les». En­ton­ces al po­ner­lo en práctica en mí me ayu­da a trans­mi­tír­se­lo a ellos. —¿Cuál cree que es la vi­sión que tie­nen los na­da­do­res del en­tre­na­dor, que us­ted ha apren­di­do aho­ra que es­tá en los dos ban­dos? —Los na­da­do­res de mí, es­pe­ro que no so­lo me vean co­mo una au­to­ri­dad, si no al­go más. Por­que, al fi­nal, yo tra­to de ha­cer las co­sas co­mo me las han trans­mi­ti­do a mí y tra­to de ha­cer­les ver a ellos la pa­sión que yo mis­mo sien­to por es­te de­por­te.

—¿Cree que es difícil en­se­ñar a los más pe­que­ños un de­por­te tan sa­cri­fi­ca­do co­mo es­te? —Aho­ra mis­mo es­toy vi­vien­do en los po­los opues­tos. Es­toy en­tre­nan­do a los ale­vi­nes y tam­bién es­toy con un gru­po de na­ta­ción más­ter, ve­te­ra­nos y triatle­tas, en­ton­ces pue­do va­lo­rar am­bas co­sas. Lo que tie­nen unos no lo tie­nen tan for­ma­do otros. Por ejem­plo los niños cap­tan an­tes las co­sas y ves que al ha­cer­las des­de pe­que­ños es mu­cho más fá­cil. En cam­bio, los ma­yo­res tie­nen esa capacidad de aten­ción, de eje­cu­tar las co­sas, no tie­nen la misma flui­dez de ha­cer lo que les man­das.

—¿Qué es lo que más le cues­ta de su tra­ba­jo co­mo en­tre­na­dor? ¿ Y lo más fá­cil? —Las ho­ras en la piscina se lle­van bien. No hay na­da que de­tes­te de­ma­sia­do. Las tem­po­ra­das de com­pe­ti­ción se ha­cen un po­co pe­sa­das, pe­ro tam­po­co mu­cho. Lo más difícil po­dría ser que al ser un de­por­te in­di­vi­dual, a ve­ces tie­nes que ha­cer pe­que­ñas se­lec­cio­nes, o tie­nes un lí­mi­te de pla­zas, y al fi­nal me gus­ta que com­pi­tan to­dos. Eso po­dría ser lo más difícil, no me gus­ta des­car­tar a na­die.

MI­GUEL VILLAR

El la­li­nen­se Al­ber­to Taboada en­tre­na y en­se­ña en la piscina del pa­be­llón de los Re­me­dios.

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