Paz so­cial en la fe­ria más con­cu­rri­da

La pri­me­ra fe­ria del mes de agos­to se ce­rró con al­tas ven­tas, ade­más de con una afluen­cia ma­yor que en ju­lio

La Voz de Galicia (Deza) - Deza local - - DEZA-TABEIRÓS - I. U. P. / O. P.

El Cam­po da Fe­ria de La­lín se de­rra­ma­ba ayer en­tre olo­res de di­ver­sos co­lo­res de ale­gres flores y sua­ves tex­tu­ras de las más va­rio­pin­tas te­las y cal­za­dos. La fe­ria se asen­tó so­bre su epi­cen­tro ha­bi­tual, ex­ten­dién­do­se ade­más por la rúa Ro­sa­lía de Cas­tro. Los mer­ca­de­res ex­pu­sie­ron a la ven­ta to­do ti­po de pro­duc­tos, acom­pa­ña­dos de sus son­ri­sas, pues el día fue so­lea­do y de tem­pe­ra­tu­ras agra­da­bles, al­go que ani­ma­ba a pen­sar que las ven­tas se­rían las me­jo­res com­pa­ñe­ras de la jor­na­da. Lo co­rro­bo­ra­ba Jo­sé Ma­nuel Mén­dez: «Pa­ra mí y pa­ra los pues­tos que es­tu­ve yo por ahí, sí, me­jor que en ju­lio».

La mú­si­ca la pu­sie­ron al­gu­nos acen­tos, que in­te­gra­ban tan­to al ga­lle­go, co­mo al vas­co o al mur­ciano; mu­chos de sus ha­blan­tes se en­con­tra­ban de va­ca­cio­nes o de vi­si­ta. Los po­si­bles clien­tes se arre­mo­li­na­ban a lo lar­go de di­fe­ren­tes pues­tos y la afluen­cia era tal, que en al­gu­nos pun­tos re­sul­ta­ba com­pli­ca­do avan­zar ca­mi­nan­do. Los ros­tros de los pa­dres con ca­rri­tos de ni­ño pa­re­cían ser los me­nos fe­li­ces del lu­gar.

El sen­tir ge­ne­ral de los ven­de-

do­res fue uná­ni­me: con­fia­ban en que no ha­ber cam­bia­do el en­cla­ve del mer­ca­do era si­nó­ni­mo de éxi­to. Al­gu­nos co­mo Mén­dez co­men­ta­ban que «la gen­te es­ta­ba a fa­vor de que la fe­ria si­guie­ra en su si­tio, y na­da. Tú sa­bes que la gen­te es muy de to­dos los días. Quie­ren que to­do es­té igual, así que to­do bien y la gen­te con­ten­tí­si­ma por es­tar allí».

Pa­ra aque­llos que ven­dían al­gún pro­duc­to co­mes­ti­ble, la con­fian­za la de­po­si­ta­ban en ho­ras más avan­za­das que re­ba­sa­ran las 13.00 de la tar­de, pues es cuan­do los es­tó­ma­gos co­mien­zan a re­cla­mar su par­te con­ve­ni­da. En el ca­so de las ven­tas de pro­duc­tos co­mo ro­pa, cal­za­do, te­las o jar­di­ne­ría ya se po­día ver al­gu­na me­jo­ra en com­pa­ra­ción con otros días.

Pe­ro los ven­de­do­res de los di­fe­ren­tes pues­tos no son los úni­cos afec­ta­dos por la afluen­cia y las ven­tas. Las te­rra­zas y sus ba­res es­ta­ban en un cons­tan­te fluir de gen­te. El due­ño de la ta­ber­na Rúa, Juan Ra­món Ló­pez, di­jo que no era po­si­ble ase­gu­rar los in­cre­men­tos, pe­ro que «se no­ta que es­tán lle­gan­do an­tes» los clien­tes pa­ra co­mer, al­go que au­gu­ra­ba una bue­na no­ti­cia. Pa­ra Ló­pez, la fe­ria «no se po­día ir de aquí, no sé có­mo». Pues el hos­te­le­ro acla­ró que «en to­dos los si­tios de Ga­li­cia hay un Cam­po da Fe­ria y el de aquí es aquí».

So­bre la fe­ria de La­lín, el his­to­ria­dor An­to­nio Vidal es­cri­bió ha­ce unos años que, en 1925, el Ki­ló­me­tro Ce­ro de Ga­li­cia «era un vi­llo­rrio es­tá­ti­co y ador­me­ci­do a la som­bra de su via­je To­rre-For­ta­le­za, pe­ro con la aper­tu­ra de las nue­vas vías de co­mu­ni­ca­ción, se con­vir­tió, en un ex­ce­len­te pun­to pa­ra el co­mer­cio, de­bi­do a las re­nom­bra­das fe­rias de los días 3 y 18 de ca­da mes y a la fa­mo­sa fe­ria do Ven­to». Tras el pa­so de las dé­ca­das la fe­ria si­gue sien­do eso: la vi­da de una ciu­dad, un gran pun­to pa­ra el co­mer­cio que se man­tie­ne a lo lar­go del tiem­po. Y que no va­ría de ubi­ca­ción, por el mo­men­to.

«La gen­te es­ta­ba a fa­vor de que la fe­ria si­guie­ra en su si­tio. La gen­te, con­ten­tí­si­ma por es­tar allí»

Jo­sé Ma­nuel Mén­dez Ven­de­dor en la fe­ria de La­lín

M. SOUTO

Al­gu­na de las clien­tas que ayer pa­sa­ron por el Cam­po da Fei­ra, en una ma­ña­na con bue­nas ven­tas.

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