«Ur­xen­cia Ce­ro», la se­rie que te «ro­ba­rá» el co­ra­zón

La Voz de Galicia (A Coruña) - ExtraVoz - - EN PORTADA - Por Mar­ta Otero fo­to de Víc­tor Me­ju­to

LOS CREA­DO­RES DE LA FIC­CIÓN Y LOS PRO­FE­SIO­NA­LES DEL EQUI­PO DE TRAS­PLAN­TES TRA­BA­JA­RON CO­DO CON CO­DO PA­RA ACER­CAR LA REALI­DAD A LOS SEC­TO­RES MÁS RE­TI­CEN­TES A LA DO­NA­CIÓN. «CON QUE LA GEN­TE HA­BLE DE ELLO, YA HA­BRE­MOS TRIUN­FA­DO»

Apar­tir del pró­xi­mo do­min­go, el equi­po de tras­plan­tes del Hospital Francisco Bal­mis en­tra­rá en las ca­sas de mi­les de ga­lle­gos pa­ra ro­bar­les el co­ra­zón, pe­ro so­lo en sen­ti­do fi­gu­ra­do. Ur­xen­cia Ce­ro, la nue­va se­rie de Voz Au­dio­vi­sual pa­ra la TVG, na­rra la vi­da dia­ria del equi­po mé­di­co que de­vuel­ve la vi­da a los re­cep­to­res de la do­na­ción de ór­ga­nos. Son pro­fe­sio­na­les ins­pi­ra­dos en los mé­di­cos de Uni­dad de Tras­plan­tes del Chuac, que es­ta mis­ma semana ha si­do re­co­no­ci­do como el hospital de Es­pa­ña que más tras­plan­tes reali­zó en el 2015.

Tan­to Al­ber­to Gun­tín, di­rec­tor de Desa­rro­llo de Voz Au­dio­vi­sual y edi­tor de la se­rie, como An­tón Fer­nán­dez, coor­di­na­dor de tras­plan­tes del Chuac, re­co­no­cen que uno de los ob­je­ti­vos de es­te pro­yec­to au­dio­vi­sual es «en­ten­der que de­trás de los ti­tu­la­res hay per­so­nas y que la im­por­tan­cia de las ci­fras no son los ré­cords, sino la can­ti­dad de gen­te que aho­ra mis­mo tie­ne la opor­tu­ni­dad de te­ner es­pe­ran­za y una ca­li­dad de vi­da mu­cho me­jor que la que te­nía». Y pa­ra que esa es­pe­ran­za se ha­ga reali­dad, como apun­ta An­tón Fer­nán­dez, «las per­so­nas que es­tán de­trás del tra­ba­jo son muy im­por­tan­tes. Al­gu­nos pue­de que sal­ga­mos más en los me­dios, pe­ro tan im­por­tan­te es la per­so­na que lim­pia el qui­ró­fano como el que des­pués da los pun­tos y co­se el ór­gano, Si el que lim­pia el qui­ró­fano no lo ha­ce bien, el pa­cien­te igual se mue­re in­fec­ta­do».

¿Y có­mo lo­gra­ron que la reali­dad de los tras­plan­tes no se que­da­ra pe­que­ña en la fic­ción? Pues con al­go de for­ma­ción, do­cu­men­tán­do­se... y con una gran do­sis de hu­mil­dad. «Una de las co­sas que apren­di­mos muy rá­pi­do —cuen­ta Al­ber­to— es que, por mu­cha documentación que hi­cié­se­mos, no so­mos mé­di­cos ni vi­vi­mos en un equi­po de tras­plan­tes. Ellos nos su­per­vi­sa­ron los guio­nes y eso es un cu­rra­zo im­pre­sio­nan­te, por­que nos me­tía­mos en unos ma­rro­nes bas­tan­te com­pli­ca­dos. Pa­ra que las tra­mas fun­cio­nen a ve­ces hay que for­zar la reali­dad, pe­ro siem­pre tu­vi­mos muy cla­ro que no po­de­mos men­tir, y pa­ra eso tu­vi­mos de­trás a gen­te como An­tón y el per­so­nal de en­fer­me­ría que coor­di­na los tras­plan­tes, que nos sir­vie­ron de guía». inago­ta­ble, de­jó apuntes pa­ra per­so­na­jes como una de las en­fer­me­ras, ins­pi­ra­da en Lu­pe, su al­ter ego en el Chuac. «Lu­pe es la coor­di­na­do­ra de en­fer­me­ría he­pá­ti­ca y de pul­món — acla­ra Al­ber­to— nos fi­ja­mos en que ella siem­pre iba con su li­bre­ti­ta, don­de ano­ta­ba todos los da­tos de con­tac­to de ‘sus ni­ños’, por­que, cla­ro, cuan­do apa­re­ce un ór­gano, el tiem­po en el que tie­ne que pre­sen­tar­se el pa­cien­te en el hospital es ca­si in­me­dia­to. Vi­mos esa em­pa­tía tan es­pe­cial que te­nía ha­cia sus pa­cien­tes y pen­sa­mos: ‘¡eso hay que con­tar­lo!’»

Y lo con­ta­ron. Tam­bién re­crea­ron, y es­to no fue fá­cil, los di­le­mas mo­ra­les a los que los mé­di­cos se en­fren­tan en es­te de­li­ca­do pro­ce­so. «La im­pli­ca­ción y el di­le­ma mo­ral in­ten­ta­mos ha­cer­lo muy fiel —aña­de Gun­tín—. Ese mo­men­to, por ejem­plo, de ele­gir si una per­so­na en­tra o no en una lis­ta de tras­plan­tes. De­ci­dir eso es di­fí­cil. Ellos son mé­di­cos, pe­ro tam­bién son per­so­nas». Y es que, como cuen­ta el coor­di­na­dor de Tras­plan­tes, «des­de que un pa­cien­te en­tra en lis­ta de es­pe­ra no­so­tros pa­sa­mos a for­mar par­te de su fa­mi­lia». El problema vie­ne por­que so­la­men­te el 50 por cien­to de los pa­cien­tes que se es­tu­dian en­tran en lis­ta de tras­plan­tes. «La otra mi­tad se que­da por el ca­mino, y eso sig­ni­fi­ca que vas a mo­rir­te. Es así, no hay al­ter­na­ti­va. No hay ór­ga­nos pa­ra todos, es una cues­tión de opor­tu­ni­dad, si tu­vié­ra­mos me­nos ór­ga­nos pa­ra tras­plan­tar in­clui­ría­mos me­nos gen­te en lis­ta de es­pe­ra, por­que a los que es­tán te­ne­mos que dar­les una op­ción. No po­de­mos crear fal­sas es­pe­ran­zas».

Ur­xen­cia Ce­ro es la pri­me­ra se­rie de mé­di­cos ga­lle­ga. Un gran re­to que co­men­zó con sus pe­que­ños mie­dos, so­bre to­do pa­ra un equi­po mé­di­co que no se ve de­ma­sia­do re­fle­ja­do en his­to­rias como las de Anato­mía de Grey. «Es­ta es una se­rie en la que yo per­so­nal­men­te, y la gen­te que tra­ba­ja en los tras­plan­tes, nos sen­ti­mos có­mo­dos —ase­gu­ra An­tón—. Yo creo que las cues­tio­nes que más nos im­por­ta trans­mi­tir des­de el mundo de la do­na­ción y del tras­plan­te es­tán ahí. Es­tá ahí la ge­ne­ro­si­dad, la dis­tri­bu­ción de los ór­ga­nos, los cri­te­rios éti­cos, el pro­ce­so en sí y el he­cho de que na­die va a te­ner me­nos opor­tu­ni­da­des por una cues­tión eco­nó­mi­ca o nin­gu­na con­di­ción es­pe­cial. Des­pués... —ríe— ¡ya nos gus­ta­ría a los mé­di­cos vi­vir en un hospital don­de hu­bie­ra tan­to am­bien­te y con unos des­pa­chos tan gran­des!. Y las re­la­cio­nes hu­ma­nas en un si­tio don­de tra­ba­ja tan­ta gen­te exis­ten, tan­to las bue­nas como las ma­las. En el hospital, hay con­flic­tos, en­vi­dias, amo­res y desamo­res. ¡Se­gu­ro! Pe­ro yo me sien­to có­mo­do. A mi me gus­ta mu­cho la se­rie».

«So­la­men­te el 50 % de los pa­cien­tes que se es­tu­dian en­tran en lis­ta de tras­plan­tes. La otra mi­tad se que­da por el ca­mino, y eso sig­ni­fi­ca que vas a mo­rir­te»

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