EN­TRE­VIS­TA A WIL­KO JOHN­SON. «Pen­sé que me iba a mo­rir»

EL HOM­BRE QUE GOL­PEA­BA LA TE­LE­CAS­TER EN DR. FEEL­GOOD, HA RE­GRE­SA­DO DE EN­TRE LOS MUER­TOS CON MÁS GA­NAS DE ROCK QUE NUN­CA. TRAS DIAG­NOS­TI­CÁR­SE­LE UN CÁN­CER DE PÁN­CREAS QUE, SU­PUES­TA­MEN­TE, LE LLE­VA­RÍA AL OTRO LA­DO EN ME­NOS DE UN AÑO, VUEL­VE A LA CAR­GA AL SA­LI

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - PORTADA - VI­GO

FER­NAN­DO MOLEZÚN | Ha­blar con Wil­ko John­son se le an­to­ja­ba al que es­to fir­ma como otra de las co­sas que siem­pre deseó y nun­ca po­drá ha­cer, des­pués de que le die­ran al gui­ta­rris­ta diez me­ses de vi­da ha­ce tres años. Pe­ro ma­ña­na lo te­ne­mos to­can­do en Vi­go. En una lar­ga y afa­ble con­ver­sa­ción ha­bla de los múl­ti­ples imi­ta­do­res que le han sa­li­do a su mo­do de to­car la gui­ta­rra —al­gu­nos en Es­pa­ña— y de su amistad y co­rre­rías con Lemmy, el di­fun­to lí­der de Mo­tor­head. Pe­ro nos quedamos con lo que se re­fie­re a su ines­pe­ra­da vuel­ta a la vi­da. —An­tes que na­da, ¿có­mo se en­cuen­tra? —Muy bien, en se­rio. Pe­ro ha re­que­ri­do su tiem­po, por­que tras la ope­ra­ción me sen­tí muy dé­bil. Eso me dio mie­do, que­ría po­ner­me a tra­ba­jar, pe­ro el mé­di­co me di­jo que es­pe­ra­se, que las fuer­zas vol­ve­rían. Y, de nue­vo, te­nía razón. De he­cho, no pa­ran de re­gre­sar más y más fuer­zas. En bre­ve es­ta­ré como cuan­do te­nía 25 años. —¿Có­mo le ha afec­ta­do to­da es­ta ex­pe­rien­cia?

—To­da­vía no he re­gre­sa­do del to­do a la reali­dad. Es que tras más de un año con­ven­cién­do­me y acep­tan­do que iba a mo­rir, cues­ta un po­co vol­ver a la nor­ma­li­dad. To­do eso te

ha­ce ver las co­sas de un mo­do to­tal­men­te dis­tin­to. El mundo es­tá vol­vien­do a su si­tio, a ser tal y como era, pe­ro yo no. Se su­po­ne que de­be­ría es­tar muer­to. Si al­go ha cam­bia­do, di­ría que aho­ra soy fe­liz. Bueno, más bien que ya no soy un cas­ca­rra­bias, que no me pue­de mi tem­pe­ra­men­to. Lo to­mo to­do con más cal­ma. —Su dis­co con Ro­ger Dal­trey ha fun­cio­na­do de ma­ra­vi­lla.

—Era al­go que ha­bía­mos ha­bla­do ha­cía años, pe­ro nun­ca en­con­tra­mos el mo­men­to. Bueno, no lo en­con­tró él, es di­fí­cil co­ger­le por­que se mue­ve muy rá­pi­do. Pe­ro en cuan­to se en­te­ró de que yo te­nía cán­cer me lla­mó y me di­jo que te­nía­mos que gra­bar ese ál­bum. Yo le res­pon­dí que en­can­ta­do, pe­ro que ten­dría que ser rá­pi­do, que no dis­po­nía de de­ma­sia­do tiem­po, que no que­ría mo­rir­me de­ján­do­lo a me­dias. Nos me­ti­mos en el es­tu­dio y es­ta­ba quedando tan bien que me dio una pe­na ho­rri­ble te­ner que mo­rir­me. ¡Yo que­ría ha­cer más co­sas así! Se su­po­ne que iba a ser la úl­ti­ma co­sa que iba a ha­cer en mi vi­da, y es­ta­ba bien, era un dis­co magnífico. —¿Po­dría lle­gar a re­pe­tir­se es­ta co­la­bo­ra­ción?

—Es­ta­ría bien, pe­ro por aho­ra so­lo me plan­teo sa­lir y to­car lo má­xi­mo po­si­ble. Ten­go 68 años y, aunque pa­rez­ca men­ti­ra, no creo que va­ya a du­rar pa­ra siem­pre. No sé si vol­ve­rán a re­pe­tir­se las cir­cuns­tan­cias que pro­pi­cia­ron es­te dis­co. Ni tam­po­co si me ape­te­ce que se re­pi­tan. No ha­go pla­nes pa­ra el fu­tu­ro. Es­toy muy fe­liz de es­tar aquí y sim­ple­men­te me li­mi­to a es­pe­rar a ver qué pa­sa. —¿Qué hu­bie­ra pa­sa­do si no hu­bie­se aban­do­na­do Dr. Feel­good? —Es cier­to que te­nía­mos al­go que no to­do el mundo tie­ne, y es que trans­mi­tía­mos ilu­sión, un pun­to vio­len­to, pe­ro era una vio­len­cia fe­liz. Lo dis­fru­tá­ba­mos mu­cho. Pe­ro no sé, sim­ple­men­te me li­mi­té a ha­cer lo que te­nía que ha­cer en ca­da mo­men­to. Lo úni­co que tu­ve cla­ro to­da la vi­da es que que­ría to­car, su­bir­me a un es­ce­na­rio. Y creo que tal y como han ido las co­sas es­tán bien, no hay que la­men­tar­se por na­da. —¿Qué le ha pa­re­ci­do el do­cu­men­tal que ha di­ri­gi­do Ju­lien Tem­ple so­bre us­ted? —Em­pe­zó a gra­bar­me cuan­do yo me es­ta­ba mu­rien­do, así que me re­sul­ta muy ex­tra­ño. Se su­po­ne que yo no de­be­ría ha­ber­lo vis­to. Me pa­re­ce que es otra per­so­na, no soy yo. La ver­dad es que nun­ca me gus­tó ver­me, siem­pre me pa­re­cí al­go es­tú­pi­do. Pe­ro a la gen­te le es­tá gus­tan­do.

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