«Las ma­dre­ñas y el li­gue­ro com­bi­nan ma­ra­vi­llo­sa­men­te»

EL LU­NES RE­VEN­TÓ LA PLA­ZA MA­YOR DE GI­JÓN EN PLE­NA SE­MA­NA GRAN­DE, PRO­TA­GO­NI­ZA CON LI­GUE­RO Y MA­DRE­ÑAS LA CAM­PA­ÑA PU­BLI­CI­TA­RIA DE SI­DRA DE AS­TU­RIAS, ES SU­YA TAM­BIÉN LA CAN­CIÓN DEL VE­RANO EN LA CO­MU­NI­DAD VE­CI­NA, DON­DE ES EL FE­NÓ­MENO DE LA TEM­PO­RA­DA. PE­RO RESU

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - [ AGENDA ] - A CO­RU­ÑA. No Im­por­ta. Jue­ves 18. 20.30 ho­ras. 10 eu­ros

CAR­LOS CRESPO | En las dos úl­ti­mas se­ma­nas po­si­ble­men­te de na­die se ha­ya ha­bla­do más en As­tu­rias que de Ro­dri­go Cue­vas. Su ví­deo Rit­mu de Ver

di­ciu se con­vir­tió en vi­ral y lo lle­vó al des­fi­le del Or­gu­llo Gay en Madrid, a los pla­tós de te­le­vi­sión y a abrir la Se­ma­na Gran­de de Gi­jón. Y en esas es­tá­ba­mos cuan­do en to­dos los me­dios as­tu­ria­nos apa­re­ce la nue­va cam­pa­ña pu­bli­ci­ta­ria de la de­no­mi­na­ción de ori­gen Si­dra de As­tu­rias, con el bueno de Ro­dri­go ata­via­do de tra­je re­gio­nal, con li­gue­ro y ma­dre­ñas. Evi­den­te­men­te, y es­ta vez no es un tó­pi­co, no de­jó a na­die in­di­fe­ren­te. Pe­ro Ro­dri­go Cue­vas no es un fri­qui de esos que por for­tu­na un día asal­tan la fa­ma. De­trás de su es­té­ti­ca y de su mú­si­ca, a ca­ba­llo en­tre la ve­det­te, el elec­tro­pop, la co­pla y el agro­glam, hay un dis­cur­so com­pro­me­ti­do en de­fen­sa de la esen­cia tra­di­cio­nal de la tie­rra, de sus raí­ces y de su pro­gre­so.

Lo cu­rio­so es que el per­so­na­je de mo­da en As­tu­rias re­si­da des­de ha­ce años en una pe­que­ña al­dea de A La­ma (Pon­te­ve­dra), con su bu­rro, sus ga­tos y sus ga­lli­nas. Al­dea que, de mo­men­to, y a pe­sar del éxi­to, se re­sis­te a aban­do­nar. —¿Qué le pa­só en Ga­li­cia, por qué no triun­fó?

—Aún no lo sé y pre­fie­ro no es­pe­cu­lar de­ma­sia­do. Cuan­do fi­na­li­zó el pro­yec­to de La Do­lo­ro­sa Com­pa­ñía me que­de en

mu­te. No me sa­lía tra­ba­jo. Y me sa­lió en As­tu­rias. Así que emi­gré a mi tie­rra. —En­tre sus in­fluen­cias ci­ta a Fred­die Mer­cury, Li­na Mor­gan y Lo­la Flo­res

—Lo de Fred­die Mer­cury su­pon­go que me lo po­nen más por el pa­re­ci­do fí­si­co. En cuan­to a la es­té­ti­ca y a la mú­si­ca sí que ma­mo de mu­chas fuen­tes. De Li­na Mor­gan, de Con­cha Pi­quer, de Tino Ca­sal... Pe­ro lo que más me gus­ta es em­pa­par­me de los pai­sa­nos y pai­sa­nas ma­yo­res del pue­blo. —En su ca­so de­trás de las len­te­jue­las hay un dis­cur­so ideo­ló­gi­co de com­pro­mi­so con el me­dio ru­ral. —Por su­pues­to, yo ha­blo de co­sas muy se­rias y muy im­por­tan­tes, aun­que pue­dan pa­re­cer muy bá­si­cas. Me preo­cu­pa que la so­cie­dad se des­pis­te tan­to con el pro­gre­so mal ven­di­do y no se dé cuen­ta de que es­ta­mos ha­cien­do el ri­dícu­lo ade­más de amar­gar­nos la vi­da. —¿Por eso eli­gió vi­vir en una al­dea? —Sí, con mi bu­rra, las ga­lli­nas y mis 15 ve­ci­nos es don­de en­cuen­tro la fe­li­ci­dad. De la fa­rán­du­la pa­so bas­tan­te. Qui­zá por eso no me fue bien has­ta aho­ra. —¿Ya ha aban­do­na­do el un­der­ground?

—No, y es­pe­ro no ha­cer­lo nun­ca. Por lo me­nos tal y co­mo yo lo en­tien­do. Pa­ra mí el un­der­ground es to­do aque­llo que no es­tá en las agen­das de los gran­des po­lí­ti­cos. Eso es lo que me in­tere­sa. —Si ha­ce un año le di­cen que iba a ser la ima­gen ins­ti­tu­cio­nal de la de­no­mi­na­ción de ori­gen Si­dra de As­tu­rias... —No me lo cree­ría, cla­ro. Pe­ro es­toy en­can­ta­do por­que el la­gar es al­go muy arrai­ga­do a nues­tras tra­di­cio­nes. —¿Qué tal com­bi­nan las ma­dre­ñas con el li­gue­ro? —Pues ma­ra­vi­llo­sa­men­te, ya se ve. Pa­re­ce que es­tán he­chas las unas pa­ra el otro.

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