Jor­di Mo­llà va­le por dos

¿POR QUÉ HA­WÁI ES UN PA­RAÍ­SO PA­RA LAS SE­RIES DE TE­LE­VI­SIÓN? EN­TRE­VIS­TA A HA­RRI­SON FORD, QUE PRO­TA­GO­NI­ZA «BLA­DE RUN­NER 2049»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - PORTADA - TEX­TO: ANA ABELENDA

Aquí lo tie­nen. Jor­di Mo­llà is back. Es­te hi­jo del 68 que iba pa­ra ad­mi­nis­tra­ti­vo y se dio al Ja­món, ja­món asal­ta la ta­qui­lla con Ope­ra­ción Con­cha. ¿No sa­bían dón­de es­ta­ba? Él ad­vier­te que nun­ca lo de­jó, por más que lle­ga­se a te­ner «dos no­vias: una real y la otra la crea­ti­vi­dad». Él no ha pa­ra­do de ha­cer ci­ne desde que em­pe­zó, en aquel ju­gón 92. «Yo he que­ri­do te­ner siem­pre una par­te de mis­te­rio. Si es­tás has­ta en la so­pa, la gen­te se aca­ba can­san­do de ti. En­ton­ces de­jas de ge­ne­rar de­seo», ase­gu­ra Jor­di Mo­llà. El que fue cón­sul de So­do­ma (Un Gil de Bied­ma por Bim­ba Bo­sé) vuel­ve en una pe­lí­cu­la que com­bi­na di­ne­ro, mentiras y amor, y se pre­sen­ta co­mo una de­cla­ra­ción de amor al ci­ne. «No sé si una de­cla­ra­ción de amor al ci­ne —ma­ti­za— pe­ro sí es una pe­lí­cu­la que ha­bla del ci­ne en cla­ve có­mi­ca. Ope­ra­ción Con­cha es una co­me­dia li­ge­ra so­bre las co­sas que pue­den pa­sar en el mun­do del ci­ne». —La pe­lí­cu­la lle­va una se­ma­na en car­tel. ¿Cuen­ta lo que ocu­rre, y no se sue­le ver, en el «backstage»? —Sí, ¿no? En to­das par­tes cue­cen ha­bas. En Ope­ra­ción Con­cha hay ven­gan­za, hay ajus­tes de cuen­tas; pe­ro al fi­nal to­dos son ami­gos, to­dos se per­do­nan la vi­da. Es­to es un «A ver quién es más lis­to», un «A ver quién se la pe­ga a quién». —Le ha to­ca­do pa­pe­lón. In­ter­pre­ta dos per­so­na­jes, un cu­bano y un an­da­luz. Dos re­gis­tros, dos acen­tos. ¿Có­mo lo hi­zo sin vol­ver­se lo­co? —Es­to era lo que me atraía, ¿sa­bes?, in­ter­pre­tar a dos tíos, uno de su ma­dre y otro de su pa­dre, uno que tie­ne que su­plan­tar al otro pa­ra con­se­guir fi­nan­cia­ción pa­ra una pe­lí­cu­la... Pe­ro los dos es­tán sien­do usa­dos y no se en­te­ran. Uno es una es­tre­lla del ci­ne ame­ri­cano y el otro un tío an­da­luz que tra­ba­ja en un bar... Me pu­se a tra­ba­jar con dos coaches, uno de Moguer (la zo­na de don­de es el per­so­na­je), y fui­mos po­co a po­co. El tra­ba­jo de la voz me da al per­so­na­je. Si vas pa­sa­do en la voz, no fun­cio­na. —La pe­li es un ho­me­na­je al Fes­ti­val de San Se­bas­tián, don­de coin­ci­dió el año pa­sa­do con Bar­dem, en la pre­sen­ta­ción de «Bi­gas por Bi­gas». ¿Qué su­pu­so Bi­gas pa­ra us­ted? —Sí, bueno... con Bar­dem nos ha­bía­mos vis­to va­rias ve­ces an­tes. Bi­gas su­pu­so mu­chas co­sas. Es­tar cer­ca de un se­ñor con una ca­be­za tan bri­llan­te es un lu­jo. Él era lu­mi­no­so, sen­sual, di­ver­ti­do. Con Bi­gas lo pa­sa­bas bien, y apren­días de la vi­da. Era un gus­ta­zo. Pa­re­cía que íba­mos a co­mer y ha­cía­mos una pe­lí­cu­la, en vez de ha­cer una pe­lí­cu­la e ir a co­mer. Era un ma­rat­hon

man, pe­ro ha­cía co­mo que no pe­sa­ra. —Bo­ni­ta «Son de mar», don­de fue Uli­ses. ¿Está en­tre sus pre­fe­ri­das?

-Sí, sí. El pa­pel no me da­ba po­si­bi­li­dad de ex­plo­tar mu­cho, pe­ro es una pe­lí­cu­la que so­bre to­do a las mu­je­res les gus­tó... —Igual un hom­bre lo ve dis­tin­to. —Sí. Un hom­bre pien­sa dis­tin­to.

—¿«Se­gun­da piel» y «La bue­na es­tre­lla» si­guen es­tan­do aún hoy en­tre las fa­vo­ri­tas de su ca­rre­ra? —Yo aga­rro ca­da pe­lí­cu­la con el mis­mo in­te­rés, con es­ta sen­sa­ción de com­pro­mi­so que ten­go. Pe­ro hay pa­pe­les que te per­mi­ten más. A ve­ces eres el vio­lín prin­ci­pal en una or­ques­ta y otras ve­ces to­cas el cla­ri­ne­te y no se te ve tan­to. Yo siem­pre in­ten­to to­car la mú­si­ca lo me­jor que pue­do.

—En el 2001 vo­ló a Holly­wood. ¿Ha­cer ci­ne allí es muy di­fe­ren­te? —Lo que se ha­ce al fi­nal es lo mis­mo. «Mo­tor, ac­ción, cor­ta». Pe­ro de­pen­de de la pe­lí­cu­la. Si es de es­tu­dio, gran­do­ta, es un ejér­ci­to de gen­te que se po­ne en mar­cha... en­ton­ces, pier­des ese sen­ti­do fa­mi­liar de una pe­lí­cu­la don­de co­no­ces a to­do el mun­do. En las gran­des to­do está más com­par­ti­men­ta­do, más se­pa­ra­do, pe­ro el ma­qui­lla­dor siem­pre es el ma­qui­lla­dor, el pe­lu­que­ro el pe­lu­que­ro... Hay unos có­di­gos que son los

mis­mos en cual­quier si­tio al que va­yas. —¿Es más frío el ci­ne en Holly­wood?

—Si es un mons­truo de pe­lí­cu­la, pue­des con­ver­tir­te en al­guien in­vi­si­ble...

—Com­pa­ra Los Án­ge­les con un he­la­do que no se de­rri­te al sol. ¿Por qué?

—Es una ciu­dad co­mo un he­la­do, y di­ces: «¿De qué co­ño está he­cho el he­la­do es­te, que ha­ce un ca­lor in­creí­ble y no se de­rri­te?». Un he­la­do que chu­pa­mos, una co­sa así co­mo naíf, que no se de­rri­te nun­ca. En Los Án­ge­les pa­sa to­do y no pa­sa na­da. Es la ciu­dad don­de

to­do es po­si­ble y to­do es im­po­si­ble. Es co­mo un ca­sino, si te to­ca la pe­lo­ti­ta en la ru­le­ta ¡pum! Y si no, na­da. Pue­de ser una aven­tu­ra con cer­te­zas o a la de­ri­va. —¿Man­da el azar o hay que ver la opor­tu­ni­dad, ca­zar­la y pe­lear­la?

—Bueno... hay que tra­ba­jar, y bien lo de­bes ha­cer, por­que, si no, no fun­cio­na. En mi ca­so el azar y el sa­cri­fi­cio es­tán equi­li­bra­dos. A ve­ces ha­ces pe­lí­cu­las que no ha­ces por ti, sino por el pú­bli­co, por­que las tie­nes que ha­cer. Si ha­ces so­lo las pe­lí­cu­las que te gus­tan te es­tás

per­dien­do una par­te im­por­tan­te, el pú­bli­co. Yo he te­ni­do suer­te y he tra­ba­ja­do pa­ra que la suer­te si­ga dan­do fru­tos. —Ha cum­pli­do 49. «Al ha­cer­se ma­yor uno va en­con­tran­do lu­ga­res de paz», di­jo una vez. —Bueno... uno cree, uno cree...

—¿Qué da la edad y qué qui­ta?

—Da una pers­pec­ti­va, pe­ro no siem­pre esa pers­pec­ti­va te da más paz. Te co­no­ces más. La ex­pe­rien­cia ha­ce que te to­mes las co­sas con más fi­lo­so­fía, pe­ro a mí me gus­ta es­tar con la an­te­na pues­ta,

y el que está siem­pre con la an­te­na pues­ta no está re­la­ja­do nun­ca, ¿no? —Tras el es­treno de «His­to­rias del Kro­nen», en el 95, in­ten­tó pro­te­ger­se pa­ra no ser usa­do «y tirado a la ba­su­ra». ¿Sien­te que es el pre­cio de ex­po­ner­se en los me­dios? —Fue cuando es­ta­ba por lle­gar mi boom en Es­pa­ña y lo que que­ría era que no me usa­ran y ti­ra­ran... no so­lo los me­dios, sino la in­dus­tria en ge­ne­ral. He que­ri­do te­ner siem­pre una par­te de mis­te­rio y un po­co de mar­cha atrás. Si apa­re­ces to­das las se­ma­nas en te­le­vi­sión, la gen­te se aca­ba can­san­do de ti. «Es que fu­la­ni­to está en la so­pa», di­cen, y en­ton­ces de­jas de pro­vo­car de­seo. Yo que­ría que la gen­te di­je­se: «¡Co­ño, a ver cuán­do le vol­ve­mos a ver!». Lue­go mi ca­rre­ra co­gió otros de­rro­te­ros y he tra­ba­ja­do mu­cho en pe­lí­cu­las que no se han vis­to en Es­pa­ña. A no ser que sea una pe­li gran­do­ta ame­ri­ca­na, no me veis, pe­ro no he des­apa­re­ci­do. Yo no he pa­ra­do nun­ca. Pe­ro hi­ce Ope­ra­ción Con­cha un po­co por eso... era al­go que sien­to que le de­bía al pú­bli­co de aquí. —Se im­po­ne la co­me­dia ta­qui­lle­ra. ¿Echa de me­nos más ries­go en la apues­ta el ci­ne es­pa­ñol? —En ci­ne se está ha­cien­do (y me pa­re­ce bien), lo que el pú­bli­co quie­re, lo que ne­ce­si­ta. La gen­te se quie­re reír, no so­lo aquí, tam­bién en Fran­cia... Y hay es­te in­te­rés en los pro­duc­to­res: «A ver si ha­ce­mos otro

Ocho ape­lli­dos vas­cos y nos fo­rra­mos». Hay que adap­tar­se al pú­bli­co. —No es fá­cil te­ner dos no­vias, di­jo una vez re­fi­rién­do­se a la im­po­si­bi­li­dad de com­pa­gi­nar el ci­ne con una re­la­ción de pa­re­ja. —No se pue­de te­ner to­do, ¿no? An­tes cuando tra­ba­ja­ba so­lo en Es­pa­ña las co­sas eran más fá­ci­les. No es lo mis­mo ro­dar en Se­vi­lla, desde don­de pue­des co­ger un avión ca­da dos por tres, ro­dar en tu ca­sa con tu no­via, que te man­den de aquí pa­ra allá. Tie­nes que es­tar con al­guien que se­pa que es­te ofi­cio es así, que no pue­des te­ner a tu no­vio o ma­ri­do to­dos los días en ca­sa. Pe­ro es­to es ca­da vez más así: ca­da vez via­ja­mos más, ac­to­res y no ac­to­res. Vi­vi­mos en un mun­do co­mo muy de ma­le­ta. Y eso com­pli­ca las co­sas. —Escritor y pin­tor, ade­más de ac­tor y di­rec­tor de ci­ne.

—Bueno... Soy un ac­tor que es­cri­be, pin­ta y di­ri­ge co­sas co­mo pe­lí­cu­las.

—Y eso que iba pa­ra ad­mi­nis­tra­ti­vo, ¿no?

—Yo no que­ría. Pe­ro era jo­ven pa­ra me­ter­me en es­to, y po­dían ser pa­ja­ri­tos en la ca­be­za con 16 años. Mi pa­dre que­ría que fue­se ad­mi­nis­tra­ti­vo. —Pe­ro us­ted no le hi­zo ca­so...

—Sí, sí le hi­ce ca­so. Es­tu­dié ad­mi­nis­tra­ti­vo, ter­mi­né y le di­je: «Pa­pá, si­go te­nien­do el gu­sa­ni­llo de ser ac­tor».

Y me di­jo: «¿Quie­res ser ac­tor? De­mués­tra­me­lo», lo cual es ló­gi­co que un pa­dre le di­ga a su hi­jo, so­bre to­do uno co­mo el mío, que ven­día pa­ta­tas y ce­bo­llas. —¿El ro­da­je más du­ro?

—El Ála­mo. Un re­ma­ke. Una pe­lí­cu­la que hi­ce en Es­ta­dos Uni­dos con Den­nis Quaid y Billy Bob Thorn­ton. Fue en Te­xas, que está bien pa­ra es­tar una se­ma­na pe­ro seis me­ses es du­ro. Es una de esas pe­lí­cu­las que sa­bes que no va a fun­cio­nar, y al fi­nal pa­sa. —Le dio ca­la­ba­zas a Geor­ge Lu­cas y, aun­que le «tra­tó» en «Blow», tam­bién a Pa­blo Es­co­bar. ¿Re­cha­zó «Nar­cos»? —Bueno, a ver, no fue a Geor­ge Lu­cas, era creo la gen­te de Fox, que so­lo me que­rían ver. Lo de Nar­cos lle­gó en un mo­men­to per­so­nal en que no po­día es­tar tan­to tiem­po le­jos de mi fa­mi­lia. —Tam­bién tu­vo su mo­men­to Al­mo­dó­var. Ha tra­ba­ja­do con él...

—Un po­qui­to so­lo...

—¿Es tan di­fí­cil tra­tar con Al­mo­dó­var co­mo lo cuen­ta Lluís Ho­mar en sus me­mo­rias? —Mi ex­pe­rien­cia con Al­mo­dó­var fue cor­ta. Tu­ve un pa­pel pe­que­ño en La flor de mi se­cre­to, pe­ro don­de real­men­te co­no­cí a Pe­dro fue ha­cien­do las prue­bas de

La ma­la edu­ca­ción, cuando yo te­nía 28 años y es­tu­ve dos me­ses tra­ba­jan­do con él. Al fi­nal cuando hi­zo La ma­la edu­ca­ción yo ya le que­da­ba un po­co ma­yor pa­ra el per­so­na­je que lue­go hi­zo Ga­briel Gar­cía Ber­nal. Es un di­rec­tor que quie­re te­ner to­do ba­jo con­trol. Tie­nes que to­car el ins­tru­men­to co­mo quie­re él; si no, pue­de ser una tor­tu­ra. Me gus­ta con­ten­tar a los di­rec­to­res, pe­ro re­co­noz­co que Al­mo­dó­var mar­ca mu­cho al ac­tor. Có­mo tie­ne que de­cir la fra­se, has­ta el pun­to de: «Có­pia­me, di­lo co­mo lo di­go yo». Un di­rec­tor con un ci­ne tan su­yo, fra­ses tan su­yas, y esos en­cua­dres tan su­yos, y esa mú­si­ca tan su­ya... En esa bur­bu­ja don­de su vi­da son sus pe­lí­cu­las y sus pe­lí­cu­las su vi­da, Al­mo­dó­var quie­re que seas su in­tér­pre­te. Co­mo Mas­troian­ni pa­ra Fe­lli­ni. Mas­troian­ni se de­ja­ba ha­cer. Fe­lli­ni bus­ca­ba un ac­tor así, con una na­tu­ra­li­dad bru­tal y que no hi­cie­ra pre­gun­tas. Al­guien que no hi­cie­ra ni una so­la pre­gun­ta.

JA­VIER ETXEZARRETA/EFE

BE­NI­TO OR­DÓ­ÑEZ

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.