Es­tre­lla por en­ci­ma de la ad­ver­si­dad

La can­tan­te ca­na­dien­se que arra­só en los no­ven­ta vuel­ve a gra­bar 15 años des­pués. Con­ti­núa ape­lan­do al op­ti­mis­mo, aun­que su vi­da a ve­ces fue­se una pu­ra des­gra­cia SHANIA TWAIN COUNTRY-POP

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - EL PERSONAJE . MÚSICA - TEX­TO: JA­VIER BECERRA

De ni­ña fue muy po­bre, pe­ro nun­ca se de­rrum­bó por ello”

Ha­gan me­mo­ria. Re­cuer­den cuando en la se­gun­da mi­tad de los no­ven­ta pa­sea­ban sus ojos en las sec­cio­nes de dis­cos de los hi­per­mer­ca­dos. Siem­pre apa­re­cía aquel dis­co. En por­ta­da, una mu­jer gua­pí­si­ma. Mi­ra­da di­rec­ta. Bo­ca en­tre­abier­ta. Pe­lo es­tu­dia­da­men­te al­bo­ro­ta­do. Mu­chos co­gie­ron ese ce­dé. ¿Quién era? La ar­tis­ta, pro­ce­den­te de Ca­na­dá, se lla­ma­ba Shania Twain. El dis­co, el ter­ce­ro de su ca­rre­ra, se ti­tu­la­ba Co­me On Over. Y se tra­ta­ba de to­do un fe­nó­meno en el mer­ca­do nor­te­ame­ri­cano. En cuan­to se in­da­ga­ba al­go más y so­na­ba Man! I Feel Li­ke a

Wo­man to­do en­ca­ja­ba. «¡Ah, es la de esa can­ción!».

Sí, aquel te­ma so­na­ba sin pa­rar en to­das par­tes. Mos­tra­ba una suer­te de mú­si­ca country sin­te­ti­za­da y con aro­mas a Ka­tri­na & The Wa­ves. Aún hoy, des­pués de va­rias re­vo­lu­cio­nes in­dus­tria­les, es su can­ción más es­cu­cha­da en Spo­tify. Con ella se con­vir­tió en un as­tro mun­dial: una ar­tis­ta que se es­ca­pa de esas lis­tas country que tan le­ja­nas re­sul­tan al pú­bli­co eu­ro­peo y en­tran en las ge­ne­ra­les co­mo una es­tre­lla ful­gu­ran­te. Ofre­cía me­lo­días fá­cil­men­te asi­mi­la­bles, di­ver­sión, un to­que pre­me­di­ta­da­men­te se­xi y can­cio­nes pa­ra to­dos los pú­bli­cos.

That Don’t Im­press Me Much y Don’t Be Stu­pid la acom­pa­ña­ban en aquel ál­bum su­per­ven­tas.

Ha pa­sa­do mu­cho tiem­po. Hu­bo más dis­cos mi­llo­na­rios, cin­co pre­mios Grammy, un di­vor­cio que pre­ci­pi­tó su ca­rre­ra, la au­to­bio­gra­fía en la que re­ve­la­ba su du­rí­si­ma vi­da y, fi­nal­men­te, la en­fer­me­dad de Ly­me que la tu­vo fue­ra de jue­go du­ran­te ocho años. To­do eso no la iba a ame­dren­tar. Te­nien­do en cuen­ta sus orí­ge­nes, los se­gui­do­res de la ca­na­dien­se sa­bían que si ella lo desea­ba vol­ve­ría a es­tar so­bre un es­ce­na­rio.

Ocu­rrió ha­ce dos años. En­ton­ces re­gre­só a es­ce­na con la gi­ra Rock This Mu­sic. Pe­ro aho­ra apun­ta­la esa se­gun­da vuel­ta con la edi­ción de Shania Now, su pri­mer dis­co de es­tu­dio en 15 años. En el sen­ci­llo de ade­lan­to,

Li­fe’s About to Get Good, po­ne las car­tas bo­ca arri­ba: «Oh, la vi­da se tra­ta de dis­fru­tar / La vi­da se tra­ta de do­lor / To­do se tra­ta de per­do­nar y de la vo­lun­tad de ale­jar­se / Es­toy lis­ta pa­ra ser ama­da / y amar de la for­ma que de­bo». Se tra­ta de una in­yec­ción de op­ti­mis­mo y ga­nas de vi­vir a los 52 años. La ar­tis­ta de­man­da un su­ma y si­gue en su ca­rre­ra.

¿Qué ofre­ce en ese pa­so? Pues pie­zas con ra­ma­la­zos reg­gae co­mo Swingin’ With My Eyes Clo­sed, re­in­ter­pre­ta­cio­nes del folk desde el mains­tream co­mo Home Now, ba­la­das de épi­ca a me­dia voz co­mo Light Of My Li­fe y un ro­sa­rio de te­mas que jue­gan con ese pop con to­ques country con el que se hi­zo cé­le­bre. To­do ello con una voz que ha cam­bia­do con el tiem­po, de to­nos co­bri­zos y tacto mu­cho más ás­pe­ro. Di­fí­cil­men­te vol­ve­rá con ello a re­va­li­dar éxi­tos del pa­sa­do. Pe­ro se­gu­ra­men­te le pro­por­cio­ne ai­re pa­ra es­ti­rar su ca­rre­ra co­mo un clá­si­co en vi­da.

HAM­BRE Y ABAN­DONO

Shania Twain lo te­nía cla­ro. «No iba a ser po­bre nun­ca más», ex­pli­ca­ba en un do­cu­men­tal so­bre su vi­da pe­dre­go­sa. Des­pués de que sus pa­dres se di­vor­cia­sen cuando ape­nas te­nía dos años, se fue a vi­vir a Tim­muins, en On­ta­rio. Di­ce en su au­to­bio­gra­fía que lle­gó a pa­sar ham­bre, a ni­ve­les de no po­der al­mor­zar en el co­le­gio. Una po­bre­za que, sin em­bar­go, nun­ca la de­rrum­bó. Tam­po­co ver có­mo su pa­dras­tro mal­tra­ta­ba a su ma­dre. De to­do ello sa­lía a tra­vés de la mú­si­ca, can­tan­do en ba­res y apun­tán­do­se a to­do ti­po de con­cur­sos. Pe­ro sus pa­dres mu­rie­ron en un ac­ci­den­te, por lo que a los 21 años se tu­vo que po­ner a tra­ba­jar y criar a sus tres her­ma­nos.

Pe­se a to­do, en 1993 lo­gró gra­bar su pri­mer dis­co, Shania Twain. En 1995 lle­gó The Wo­man In Me. Y lue­go, el ci­ta­do Co­me On Over. A par­tir de ahí se con­vir­tió en la ni­ña po­bre que ha­bía lle­ga­do a lo más al­to. Y su vi­da de te­le­fil­me en un ejem­plo de una su­pera­ción per­so­nal que, co­mo se ve, la si­gue guian­do. Shania Now pi­de so­nar. Y lo pi­de con ale­gría. Co­mo siem­pre.

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